Una serie de eventos históricos dieron lugar a la célebre tesis de Fukuyama. El famoso Fin de la Historia, deducido de los seminarios de Kojeve y de últimas del gran Hegel, no proclamaba que no se producirían sucesos políticos y bélicos de distinto tipo; esta fue una interpretación apresurada del ensayista.
El Fin, en un aspecto semejante al saber absoluto hegeliano, pretendía afirmar que el capitalismo y la democracia liberal eran insuperables. Era el “absoluto” al que todas las civilizaciones iban a llegar de un modo u otro.
Un cambio radical en los dispositivos del capitalismo ha dejado atrás este planteo.
Actualmente, las mega corporaciones se proponen nuevos proyectos en marcha.
En primer lugar, separar el capitalismo de la democracia y diseñar un nuevo tipo de estado de excepción bajo el simulacro de un estado parlamentario.
En segundo, y este es el más estratégico, es el que proyecta desde las nuevas mega corporaciones, cambiar al ser humano histórico y reemplazarlo por un nuevo híbrido donde se conecten la subjetividad, el cerebro y las prácticas de lenguaje. Lo que los teóricos de los Mega designan con la curiosa designación de Singularidad y lo que los intelectuales de la denominada “ilustración oscura” permita pensar en la superación del ser humano por un transhumanismo que producirá una nueva hibridación entre sujeto, máquinas y decisiones, que formarán parte de una nueva mutación antropológica.
Después de todo, no es tan sorprendente que el nuevo poder del capitalismo anhele extinguir la política y los deseos con el que los seres humanos pueden a veces querer finalizar con la dominación.
Por ahora existen razones suficientes como para pensar que esto es improbable y que los intelectuales trumpistas se equivocarán como Fukuyama.
Por ahora (Tomado de Telesurtv).
Imagen de portada: Foto de Stable Diffusion.

