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La inquebrantable voluntad de Cuba frente al asedio imperialista   

A principios del siglo XIX, cuando la revolución haitiana liderada por Toussaint L’Ouverture abolió la esclavitud, el gobierno de Estados Unidos –en alianza con Francia e Inglaterra– intentó impedir la independencia de la primera nación en lograrla en América Latina, y con ello la victoria de los esclavos rebeldes.

Haití se estableció como el primer Estado independiente creado por esclavos. Cambió la geopolítica al desafiar al colonialismo europeo y su sistema esclavista, algo que los intereses imperialistas no podían permitir. Envió a todo el hemisferio un mensaje poderoso: la esclavitud es contraria al progreso, y el lema revolucionario francés que exalta la libertad, fraternidad e igualdad, era falaz mientras existieran personas esclavizadas.

Después de la revolución haitiana, Estados Unidos puso su mirada sobre la isla de Cuba como territorio propicio para ser puerto de entrada de esclavos y dar viabilidad a la “Economía del Misisipi” fundamentada en la agricultura de plantación, por lo que dependía de la mano de obra esclavizada que cultivaba algodón y producía una inmensa riqueza para los plantadores que explotaban a la población negra. Antes de la guerra civil, Misisipi era el epicentro de la esclavitud en el Sur Profundo.

En 1898, tras la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, Cuba inició su lucha por la independencia de España con la colaboración estadunidense. En 1902 se constituyó en una república bajo la tutela estadunidense. Para entonces, la “Economía del Misisipi” había desaparecido, pero Cuba continuaba siendo de enorme interés para Estados Unidos.

El imperio buscó y logró proteger sus inversiones en las plantaciones de azúcar, por lo que en 1903 se firmó una Convención Comercial Recíproca que redujo los aranceles para el azúcar cubano y facilitó al capital estadunidense controlar la economía de la isla. A partir de entonces y hasta la revolución, Cuba se convirtió en un paraíso para la mafia y en un destino para el turismo, el juego y el lavado de dinero. En un garito gringo, pues.

En 1958, la revolución cubana afectó profundamente a Estados Unidos al romper su hegemonía en Latinoamérica. Bajo el mando del comandante Fidel Castro, las empresas estadunidenses fueron nacionalizadas y los activos “yanquis” –valorados en millones– expropiados. Cuba estableció un Estado socialista en alianza con la Unión Soviética, esto a tan sólo 150 kilómetros de las costas del epicentro del capitalismo.

La soberanía cubana era inaceptable para los intereses estadunidenses debido, además, a un falso sentimiento de derecho sobre la isla, percepción arraigada y vigente no sólo en la clase política republicana, también en la óptica demócrata.

Foto: José Manuel Correa / Periódico Granma.

Washington intentó asesinar a Fidel Castro en más de 600 ocasiones. Fracasó en su intento de invadir la isla no sólo en Bahía de Cochinos sino en otros lugares. Impuso un bloqueo criminal para causar carencias alimentaria, médica y energética, algo que afecta directamente la vida cotidiana de la población cubana, y claramente atenta contra los principios de la Carta de Naciones Unidas que defienden la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de otros países.

El 29 de enero, Donald Trump firmó un decreto con el que declara a Cuba una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos, y amenazó con aranceles a toda nación que envíe petróleo a la isla, a pesar de que Cuba jamás ha tomado una posición beligerante hacia ellos.

México encabeza la lucha contra el aislamiento a Cuba. La presidenta Claudia Sheinbaum rechaza el bloqueo al que ha calificado de medida que contraviene los principios de cooperación y respeto entre naciones. Advirtió que esas medidas podrían desencadenar una crisis humanitaria, y reafirmó que México mantendrá su política histórica de solidaridad y apoyo.

El pueblo de Cuba se mantiene fuerte y resistente, ¿la razón?, sabe que si Estados Unidos interviene, la isla regresaría a lo mismo que sucedía en la época anterior a la revolución de diciembre de 1958: alto analfabetismo, cerca de 45 por ciento de los niños de 6 a 14 años no asistían a la escuela; falta de acceso a servicios médicos, menos de 8 por ciento de la población recibía atención médica gratuita; desempleo, la constante amenaza del despojo de sus tierras, y una profunda brecha socioeconómica con la que la riqueza estaba en las manos del muy pequeño porcentaje de la población que explotaba al resto.

El pueblo cubano no quiere volver a ello, y lucha para evitarlo (Tomado de La Jornada).

Imagen de portada: Foto de Ricardo López Hevia / Periódico Granma.

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