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Un día como hoy… recordamos a Félix

Conocí a Félix hace diez años atrás. Era domingo. Mi mejor amigo me invitó a verlo jugar softbol, y para ser sincera, como no tenía algo mejor que hacer, fui. El juego era en la Ciudad Deportiva, un poco lejos de donde vivía en ese momento, pero ¿qué importaba? yo iba a pasar un rato con mi amigo y eso acortaba cualquier distancia.

En mi mente de novata en los andares softbolísticos de la prensa, yo iba a ver a un grupo de periodistas pasar el rato y entre charla y charla, tirarse par de pelotas, coger un bate, ponerse un guante… pero me equivoqué.

A la primera persona que vimos cuando llegamos al terreno fue a Félix Cuadra Veitía . Nos saludó con mucha cordialidad, me sonrió y me dijo que se alegraba de ver a una mujer en el juego, que fuera más a menudo a ver si otras se embullaban. A mi amigo solo le dijo: “Negro, estás tarde”.

Félix llevaba un pulover negro, y se ponía en la cintura ese forro que usan para echar las pelotas durante el juego. “Parece un árbitro de verdad”, pensé. Luego entendí que todo era de verdad.

Después de un tiempo, ir al softbol los fines de semana ya era parte de mi rutina, Dayan García, mi mejor amigo, me había enseñado otro mundo, otra forma de pasar un domingo, de desconectar del diarismo, otra forma de vivir.

En todos esos días estaba Félix. Y si yo no iba preguntaba por mí, y luego cuando nos veíamos me decía: ” China no faltes más”.
Félix no discutía. Si ocurría algún incidente en el juego él pedía la bola y esperaba a que la marea se calmara. Pero si la falta había sido grave, con una sonrisa en la cara y con la mano en el hombro del jugador lo invitaba a seguir el partido desde las gradas.

Hablaba despacio para que se entendiera bien. Antes de cada juego buscaba su libreta para anotar. Creo que tenía mi misma manía de coleccionar bolígrafos, porque todas las semanas me pedía uno y no lo devolvía.

Un día mi amigo dejó de ir conmigo al softbol, se mudó de terreno simplemente, pero yo ya estaba enganchada y me quedé. Cuando le conté a Félix que Dayan no jugaría más en el equipo, me abrazó, me dijo que le mandara saludos, y que le contara que se esposa había fallecido.
Un tiempo después Félix también murió, creo que no resistió la partida de su esposa.

Cuando le conté a Dayan me dijo: “Félix no era un árbitro de softbol para mí, simplemente era un amigo. Félix era el mejor árbitro de softbol del mundo, así nos decía siempre, pero sus ocurrencias no tenían límites. Es increíble como alguien con esas frases tan jocosas en el terreno es capaz de recibir tanto respeto de los jugadores, quienes podían estar de acuerdo o no con su apreciación, pero jamás cruzar la línea del respeto. Félix enseñaba a ser justos, te cantaba un strike dudoso para poncharte y no tenía ningún problema con decirte luego, apreté un poquito… o al revés si se equivocaba y no te cantaba un strike y luego le decía al pitcher que lo perdonó y hasta al bateador. Félix era amigo de los periodistas softbolistas, parte de la familia. Desde que falta, el softbol de la prensa no es igual… estoy seguro de que desde algún lugar sigue gritando antes del primer lanzamiento: “Apréndelo… Hoy 6 de febrero, hace 50 años…..”

Este año en la XXI edición del Campeonato Nacional de Softbol de la Prensa, se le rendirá merecido tributo a Félix, el árbitro que todos recuerdan con cariño y respeto.

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