CON DOS DEDOS

Baturrillo para Fray Candil (II y final)

Emilio Bobadilla Lunar nació en Cárdenas, Matanzas, el 24 de julio de 1862, hijo de un distinguido abogado y profesor universitario, propietario de uno de los mejores bufetes en La Habana de su tiempo. Ganado desde muy joven por el periodismo y las letras -prosa y verso- fue un estudiante poco aprovechado. Aun así, quizás para complacer a su  progenitor,  se diplomó en Derecho en la Universidad de Madrid, pero fue un abogado que nunca abogó y que aludía con desdén a su título universitario, que “daba barato si alguien quería comprarlo”. El periodismo fue siempre la razón de su existencia y al periodismo debió la formación de su relevante personalidad intelectual. Explicó el por qué de su seudónimo: “Me firmo Fray porque los frailes gozan de cierta inmunidad para decir cuanto les venga al hábito, y Candil porque gusto de hacer luz donde imperan las sombras”.

Para el profesor Raimundo Lazo, Fray Candil fue un escritor que malgastó su indudable talento verbal en la más agresiva e irresponsable censura burlesca y que pese a eso ejerció cierta función rectificadora, inhibitoria, en la eliminación de lo vulgarmente fácil y efectista, por el temor y la cautela que infundían los ataques de tan terrible censor.

Para el dominicano Max Henríquez Ureña, cuando Bobadilla abandonaba la crítica zumbona y estudiaba seriamente un autor o una obra era capaz de producir un ensayo digno de tal nombre, aunque nunca perdió el hábito de buscar afanosamente el gazapo, que a veces creía encontrar donde no lo había, ni de enjuiciar en forma desenfrenada y caprichosa obras y autores que no eran de su gusto.

Escribió artículos inflamados de pasión o candentes de sarcasmo sin traicionar nunca su actitud ante la vida y sin que la doblez empañara la rectitud de su pensamiento.

Sus crónicas de viaje se leen todavía con placer. Sus estancias en Holanda, Bélgica, Alemania le ofrecen excelentes materiales para su quehacer periodístico que los lectores siguen con avidez. Su paso por Suecia y Noruega,  su visión de Escandinavia queda en sus Notas en el puño de la camisa, que dio a conocer en la revista habanera El Fígaro, y recoge sus estampas españolas en Viajando por España (Evocaciones y paisajes) que aparece con prólogo de Benito Pérez Galdós, que afirma que Bobadilla es “un viajero delicioso”. Apunta el novelista canario: “A la exactitud descriptiva une la riqueza de imaginación y la gracia y pureza del lenguaje, y estos primores van engarzados en el hilo áureo de una sinceridad que tanto nos encanta como nos desconcierta”.

Se impone decir, siquiera de paso, que pese a su larga permanencia en Europa, Emilio Bobadilla jamás se olvidó de su patria ni los problemas que la aquejaban. Fue un fervoroso defensor de la causa cubana en los días de la Guerra de Independencia. Sale entonces de España porque “mi dignidad de cubano me prohíbe permanecer en un país donde a diario se injuria a mis compatriotas”. En Nueva York rechaza la propuesta del vicecónsul español de que, a cambio de muy jugosos honorarios, escriba a favor de la autonomía. Responde: “Estoy en contra de los que matan a mis hermanos. Es cuestión de decoro más que de patriotismo”. Se va a Colombia y allí su prédica periodística a favor de la independencia cubana hace que el elemento español logre que se le tache de anarquista y que se le prohíba viajar por el interior del país. Instaurada la República, sigue hasta donde puede la política nacional. Dice en una imagen insuperable que le parece “una rumba bailada alrededor de un jamón”.

Palpitaciones europeas

Imposible por lo extensa y dispersa seguir paso a paso  la obra periodística de Emilio Bobadilla (Fray Candil).

Muy leída fue la columna que bajo el título de Palpitaciones europeas daba a conocer en el periódico El Mundo, de La Habana, y que diarios españoles como El Sol, El imparcial y El Liberal, entre otros, recogían con fruición. En esas páginas desfila, como una oleada deslumbradora, la Europa que conoció el cubano, con interesantes reflexiones además sobre el humorismo y juicios sobre las obras de escritores españoles como Lope de Vega, Fernando de Rojas y Alarcón. Con agilidad sorprendente puede en una misma crónica aludir al epistolario de Nietzsche y a la muerte del torero Joselito, famoso y rico, que luego de matar  tres mil toros, va a morir a una plaza pobre de Talavera de Reina.

Otra columna suya, también leidísima, en El Mundo, fue Baturrillo, que define como un género de crítica ligera, satírica, personal que “ha contribuido al poco o mucho nombre literario de que gozo”. Debe defender su paternidad pues en Diario de la Marina aparece una columna bajo el mismo título. Pregunta con qué derecho se le usurpa pues “aunque dicha palabra aparece en el diccionario de la lengua castellana, el hallazgo me pertenece”.  Baturrillo significa amasijo, confusión, coctel, desorden, ensalada, popurrí, revoltillo…

Desde las páginas de Baturrillo, polemizó con el Diario de la Marina, al que llama Diario de la Marimba. Expresa, el 13 de marzo de 1910, que no cree en la marina que representa ese periódico. “¿Dónde está? Como no sea en el fondo del mar Caribe”. Y más adelante: “Al Diario de la Marimba le sorprende que El Mundo publique mis crónicas. Más me sorprende a mí que en plena República siga publicándose un periódico que encarna épocas de dolor y esclavitud y que ningún cubano puede evocar sin tristeza y sonrojo…”.

Hay en Baturrillo valoraciones sobre la filosofía de Bergson; comenta Hampa afrocubana, de Fernando Ortiz. Apunta: “La esclavitud es un factor disolvente de la vida social digna y progresiva…”. De Menéndez Pelayo dice que es “asombro de erudición entre los que no leen, y en España nadie lee”. Ha muerto el autor de Los heterodoxos españoles y Fray Candil lo elogia. Fue su amigo. De Echegaray, a quien describe de mano maestra, dice que “en verano como en invierno, usaba un gabán de pieles que daba calor solo de verle”.  Vuelve sobre Varona y aquel que calificó antes de “abstruso y revesado”, es ahora un cerebro vigoroso y original cuya sabiduría filosófica no ha tenido eco en la Cuba de  su tiempo.

Muerte

En 1909 el presidente José Miguel Gómez lo designa cónsul en Bayona. Pasa después, con igual cargo, a Biarritz. Allí, cerca del mar y en una residencia de cuatro plantas, apartado de todo, pasa Emilio Bobadilla sus años finales. Sobreviene la I Guerra Mundial y se derrumba lo que ha sido su mundo; pasa su época. Todavía escribe, pero declina. Fallece a las seis de la mañana del primero de enero de 1921. Muere asfixiado. Tenía destrozados los pulmones.

Una mujer, Petra López Viscay,  lo acompaña en esta etapa, y se ocupa, un año después del suceso, del traslado de los restos hacia un nuevo panteón. Todavía  siete años después de la muerte del escritor, Petra cada dos viajaba de San Sebastián a Biarritz, cruzando la frontera entre España y Francia para poner flores en su tumba.

Desconoce el cronista en qué lugar del camino quedó Piedad Zenea.

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Ciro Bianchi Ross
Es un intelectual, periodista y ensayista cubano. Su ejecutoria profesional durante más de 55 años le ha permitido aparecer entre principales artífices del periodismo literario en la Isla. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual. Premio Nacional de Periodismo "José Martí" en 2017.

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