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A propósito del 14 de junio : De héroes y plazas

Las legen­darias e inmortales figuras del Titán de Bronce y el Guerrillero Heroico nos acompañan

Para rendir homenaje a nuestra historia y a nuestros héroes, e inspirado en las ya existentes Plazas de la Revolución de Bayamo y La Habana, surgió a finales de la década del setenta del pasado siglo el proyecto de construir en cada provincia uno de estos espacios destinados a desfiles y concentraciones masivas. No todas las provincias del país, a causa de las limitaciones económicas que enfrentamos, han podido construir su plaza; un ejemplo de ello, es la Juan Gual­berto Gómez, de Matanzas, que, por ahora, ha quedado en el proyecto, o la de Pinar del Río, un espacio provisional. Por el contrario, un municipio —el de Manzanillo— pudo edificar la suya, la Celia Sánchez Manduley. Algún día cada territorio podrá mostrar en una construcción de este tipo un pedacito de su his­toria, que es la historia de todos. El proyecto, aunque inacabado, reúne importantes valores patrimoniales y, lo más importante, en cada una de estas plazas, una y otra vez, se canta y defiende una Revolución que comenzó el 10 de Octubre de 1868 y continúa…

Dos de nuestras más hermosas plazas, la de Santiago y la de Santa Clara, rinden homenaje a dos de nuestros héroes relevantes y queridos: Antonio Maceo y Ernesto Che Guevara, a quienes la casualidad reúne cada 14 de junio, cuando celebramos sus natalicios.

Situada a la entrada de la ciudad, la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales fue concebida no solo para perpetuar la memoria del héroe, también un hecho trascendental de la historia de Cuba: la Protesta de Baraguá. Fue inaugurada el 14 de octubre de 1991, cuando nuestro Co­mandante en Jefe, Fidel Castro, encendió la llama eterna.

Tiene una configura­ción trapezoidal y consta de dos espacios fundamenta­les: el conjunto monumental y el área de concentración: un total de 53 000 m2. Se considera que, in­cluida la avenida de los Des­files, tiene capacidad para más de ciento cincuenta y ocho mil personas.

El conjunto monumental está conformado por la esca­linata-tribuna, el área superior, la escultura ecuestre del Titán de Bronce, el conjunto de 23 machetes, el recinto de la llama eterna y un edificio soterrado.

La escalinata-tribuna está construida en mármoles verde serrano —con los cuales se enchaparon los muros y se construyeron las jardineras— y rojo campiña. En la parte superior, con piso de mármol rojo, se halla, a un lado, la escultura ecuestre del mayor gene­ral Antonio Maceo Grajales, concebida por el artista de la plástica Alberto Lescay Merencio y fundida en bronce por un equipo dirigido por Ramón de la Paz; la escultura tiene una altura de 16 m, aunque alcanza un total de 22 por estar situada sobre una colina. El propio Lescay la ha definido como “un viaje de la abstracción al rea­lismo” y así puede verse cómo la figura del Titán y su cabalgadura se difuminan en formas abstractas.

El conjunto de 23 formas metálicas que sugieren machetes y quizás hasta una carga mambisa, fue proyectado por el escul­tor Guarionex Ferrer Estiú y el ingeniero Esteban Ferrer, con la cooperación de los también ingenieros Mario Rodríguez y Katia Reyes.

Los machetes están inspirados en la gesta mambisa, la Pro­testa de Baraguá y la fecha en que se reiniciarían las hostilidades (“¡El 23 se rompe el corojo!”), de esa forma, se convierten en un canto a la dignidad e intransigencia del pueblo cubano.

Junto a las estrellas del mayor general se halla situada la llama eterna. Y en la pared, se leen dos frases, una de Antonio Maceo: “Quien intente apropiarse de Cuba re­cogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha” y otra de Martí: “Tengo ante los ojos la protesta de Bara­guá, que es de lo más glorioso de nuestra historia”.

El salón de protocolo cuenta con un vitral, que sirve como lucernario y tiene  27 m de largo por 3,5 de ancho. Fue creado por los artistas de la plástica Julia Valdés, Omar Puente y Pedro Arrate. Entre sus diferentes salones sobresale el de exposición permanente, donde se aprecian holografías, objetos personales de Maceo, mapas, diagramas, documentos y fotos, así como una maqueta electrónica que muestra el accionar combativo del Titán de Bronce y las 26 heridas de bala recibidas por él. La madre, Mariana Grajales Cuello, ni la esposa, María Magdalena Cabra­les Fernández, están presentes en el homenaje al Titán.

 

El Complejo Escultórico Ernesto Che Guevara fue inaugurado el 28 de diciembre de 1988, en el treinta aniversario de la batalla de Santa Clara; es un conjunto que se compone de la plaza propiamente dicha, la tribuna, y, al fondo, el museo, el memorial y el Mausoleo Frente Las Villas. La plaza se ubica en la Avenida de los Desfiles. Fue proyectado por el escultor José de Lázaro Bencomo, Delarra, y los arquitectos Jorge Cao Campos y Blanca de las Mercedes Hernández Gi­bernau.

La plaza es un anfiteatro natural, con superficies escalo­nadas de césped, que posibilitan una gran concentración de hasta ochenta mil personas, las cuales pueden disfrutar de una adecuada visibilidad del objeto central. Su piso presenta un diseño geométrico que se asemeja a numerosas personas tomadas de la mano, como símbolo de la unidad del pueblo.

Los límites están dados por 14 palmas reales a cada lado, en total 28, en doble alusión al 14 de junio de 1928, fecha del na­talicio de Ernesto Guevara, en Rosario, Argentina. En la parte posterior, dos fuentes que semejan estrellas —en clara referencia al grado de comandante que ostentaba el Che y a la estrella que llevaba en su boina negra— cierran el con­junto.

La tribuna, con capacidad para 900 personas, está compues­ta por cinco volúmenes: un mural, el pedestal con la estatua del Che, un objeto menor y dos jardineras. El motivo central es la estatua del Che, colocada sobre un pedestal de 16 m, de los cuales son visibles solo diez. La estatua, de 6,8 m de altura y 20 toneladas de peso, es de bronce y fue forjada con el metal procedente de numerosos objetos donados por los cubanos para ese fin.

La figura parece estar en movimiento, representa al Che de la épica batalla de Santa Clara. En su brazo derecho porta un fusil M-2, mien­tras que el izquierdo está enyesado; lleva la mítica boina y el uniforme de soldado rebelde puede verse ajado. La mirada se dirige al sur.

En el mural están tallados Fidel y Celia, Camilo y Che; también algunos guerrilleros rebeldes que cayeron en la guerrilla boliviana, como el capitán Eliseo Reyes Rodríguez (Rolando o San Luis) y Orlando Pantoja Tamayo (Olo). Se reflejan, además, la campaña de Invasión llevada a cabo por las columnas no. 2 y no. 8, la Campaña de Las Villas y la batalla de Santa Clara, con la toma del cuartel y el descarrilamiento del tren blindado. En su parte trasera, se muestra el camino recorrido por las dos columnas invaso­ras, que partieron de la Sierra Maestra, comandadas por Camilo y Che, en el mes de agosto de 1958.

En el volumen de piedra de la derecha, aparece grabada en letras de bronce la carta de despedida del Che a Fidel, escrita el 31 de marzo de 1965 y leída públicamente —en momentos en que el Che se hallaba en misión internacionalista en el Congo— el 3 de octubre de ese mismo año, con motivo de la fundación del Partido Comunista de Cuba.

En uno de los lados puede verse en altorrelieve una es­cena, en la cual el Che participa en el trabajo voluntario, del cual fue el máximo impulsor. El texto dice: “El trabajo voluntario es una escuela creadora de conciencias”. En el otro, está representada la juventud y una de sus tareas más significativas: la Campaña de Alfabetización; allí se ven el farol, brigadistas y pioneros, y puede leerse en bronce “… la arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud”. Los dos volúmenes menores, de dos metros de alto, son jar­dineras, en perenne ofrenda floral al Che y sus compañeros de la guerrilla.

Al fondo de la tribuna, está el acceso al museo (a la derecha) y al memorial (a la izquierda).

En el museo, por medio de imágenes, fotos, objetos y do­cumentos, se muestran las diferentes etapas de la vida del Che desde su niñez.

Para recibir los restos heroicos del Che y sus compañeros de guerrilla, se rea­lizó la remodelación que incluyó el memorial. Lajas de piedra, vigas de madera y mármoles de diversos colores confieren al lugar un carácter rústico alejado de toda ostentación y acorde con la personalidad del héroe. La concepción de la entrada de luz natural, a través de la vegetación, confiere al sitio la apariencia de un refugio guerrillero. Junto a la llama eterna, que flamea en honor a los heroicos combatientes, se en­cuentra otra área de vegetación, que recuerda la selva boliviana.

Fidel en­cendió la llama eterna en octubre de 1997, en el trigésimo aniversario de la muerte de Ernesto Guevara, en ocasión de la llegada de los restos del Che, Orlando Pantoja Tamayo, Antonio; René Martínez Tamayo, Arturo; Alberto Fernández Mon­tes de Oca, Pachungo; Carlos Coello, Tuma; Simeón Cuba Sanabria, Willy; y Juan Pablo Chang Navarro-Lévano, el Chino. En cuatro ocasiones más han sido in­corporados al memorial restos mortales de otros combatientes de la guerrilla.

En la pared se hallan los nichos de los 38 guerrilleros; aunque algunos permanecen aún vacíos. El corres­pondiente al Che muestra el protagonismo que procede de su posición de comandante; pero excepto en la ubicación, es idéntico a los demás. El Memorial Ernesto Guevara constituye un sitio de perenne recordación al Che, justo en la ciudad donde sus acciones guerrilleras cobraron singular relevancia y contribuyeron de manera notable a la derrota de la tiranía.

El Mausoleo Frente Las Villas, se inauguró con posterioridad, el 8 de octubre del 2009 como póstumo homenaje a los com­batientes que formaron dicho frente, constituido con la integración de las fuerzas de la columna no. 8 Ciro Redondo, las del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y las del Movimiento 26 de Julio, que operaban en la antigua provincia de Las Villas. Allí, junto al escudo nacional aparece una frase del Pacto del Pedrero, mediante el cual se selló la unidad de las tres fuerzas combatientes: “Unir es la palabra de orden. Juntos estamos dispuestos a vencer o morir”.

Como escribió nuestro Poeta Nacio­nal Nicolás Guillén:

Los grandes muertos son inmorta­les: no mueren nunca. Parece que se marchan; parece que se los lle­van, que se pudren, que se desha­cen. Pensamos que la última tierra que les llena la boca va a enmude­cerlos para siempre. Pero la lengua […] expulsa un árbol gigantesco, un árbol duro, cargado de plumas y de nidos.*

Por eso, desde Santiago y Santa Clara, las legen­darias e inmortales figuras del Titán de Bronce y el Guerrillero Heroico nos acompañan.

 

Nota

* Nicolás Guillén: Elegía a Jesús Me­néndez, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982, p. 33.

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