La bandera de la hoz y el martillo, en una fachada frente al Malecón habanero (Foto: José Dos Santos)

En lo alto de uno de los viejos y remozados edificios que enfrentan al mar, casi a la entrada de la bahía y con el Morro de testigo, la bandera de la hoz y el martillo parece saludar a los que transitan por la importante vía capitalina.

Algunos le dicen “el último rincón soviético de La Habana”, aunque no es cierto porque muchos de los miles de cubanos que estudiaron en lo que fue un estado multinacional tienen el suyo propio. La diferencia es que ¡Nazdarovie! (“A su salud”) es un restaurante y bar públicos. En todos los casos prevalece un espíritu que no sólo es de añoranza baladí y gusto por la cocina y la bebida soviéticas. Tras cada recuerdo, símbolo y pancarta hay historias de profundo valor, humano en primer lugar.

Hace unos días conocí a dos hermanas que estudiaron en el vasto territorio que cubría la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y han sido de las que aprovecharon ofertas especiales para personas como ellas y saborearon platos típicos y atmósfera agradable en un entorno inusual hoy en cualquier establecimiento, no sólo en Cuba, máxime si en las paredes pueden apreciarse fotos de visitas a la URSS del Comandante en Jefe, Fidel Castro, en diferentes momentos y circunstancias.

Me narraron que ¡Nazdarovie! es frecuentado hoy por visitantes curiosos de todo el mundo pero su público predilecto lo integran quienes estuvieron becados o vivieron en el territorio soviético, incluyendo ciudadanos rusos hoy asentados en Cuba, e incluso personal de esa nacionalidad de misión en La Habana.

Ellas dejaron fotos de aquellos años de estudiante para engrosar las muestras que hoy reciben a los visitantes en el umbral del acogedor salón inicial. Como sus gestores expresan, la esencia de ¡Nazdarovie!, más allá de el filete Stroganoff, las sardelki (salchichas), el pan negro, el caviar, las sopas “borsch” y “solianka”, la smetana (nata agria) y otras delicias de la cocina rusa y ucraniana, animadas por vodka, estriba en una “mezcla de historia, de culturas, y de calor humano”, presidida por una bandera e iconografía hoy inusual, no sólo en La Habana.

Fotos de aquellos años de estudiante en la antigua URSS reciben a los visitantes (Fotos: José Dos Santos)

 

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