A veces aún me sorprendo con la larga relación de participantes en alguna telenovela  que se adiciona al final de cada capítulo, cual si fuera el de un largometraje de alto costo. Debe ser gratificante para todos los que intervinieron en esa producción ver sus nombres, aunque sea fugazmente, en la pequeña pantalla, que ya a veces no es tan pequeña.

También aún me sorprendo, como me sucedió en el más reciente noticiero estelar de la televisión cubana, como mis colegas periodistas omiten el crédito del camarógrafo (no conozco a ninguna dama en esa misión) en cuyas tomas se apoyan para exponer el tema que trataron.

Esa no es una actividad rutinaria, aunque la asuman a diario, y requiere de buenas dosis de conocimiento, experiencia e intencionalidad para lograr los planos, iluminación y otros detalles, que llevan al televidente a asimilar mucho mejor lo que la voz del reportero le dice.

He sido hombre de agencia desde que me inicié en estas labores y trabajé desde muy temprano con los maestros del fotoperiodismo, a los que nunca había que decirles qué hacer y, por el contrario, a veces colaboraban con detalles que al “escribidor” (como dice un buen amigo) podría escapársele o no estuvieron a su alcance.

Desde entonces, no hubo material con apoyo gráfico en el que el crédito del autor de las imágenes estuviera ausente. También adquirí el hábito de fijarme en todo lo que se publica –en cualquier lugar- para conocer quien estuvo detrás del visor de la cámara y aplaudirle o criticarle, según el caso, aunque no le conozca.

Por eso me molesta cuando en la prensa plana el fotógrafo más abundantemente citado es “archivo”, cuando no se utiliza “autor desconocido” pero hay obstáculos a veces insalvables con materiales históricos.

Lo que no le encuentro justificación es a la omisión reiterada de aquel que comparte, colabora y enriquece la tarea reporteril con su labor.

Recuerdo siempre a Santiago Alvarez, con cuyos camarógrafos Derbis Pastor e Iván Nápoles compartí muchas veces, y la alta estima que les tenía para llevar a cabo sus ejemplares proyectos fílmico-noticiosos.

En lo cotidiano, los muchos que conozco –y los que no— alguno incluso Premio Nacional de Periodismo José Martí, se merecen ser mencionados. Son suficientemente anónimos ya porque su rostro los tapa la cámara que filma.

 

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