Nuestro pueblo tiene el inmenso orgullo de contar -entre toda una pléyade de figuras extraordinarias- con dos hombres excepcionales que han marcado las etapas esenciales de su devenir histórico: José Martí Pérez y Fidel Castro Ruz. Entre ambos, a pesar del tiempo que los separa, hay coincidencias en el modo de pensar que no pueden ser soslayadas y, aunque este trabajo no pretende ser un estudio de esas identidades, no queremos dejar pasar el cumpleaños de nuestro Comandante en Jefe para, desde esta sección martiana, recordar algunos puntos claves de su pensamiento y su extraordinaria similitud con el pensamiento martiano.

Uno de esos puntos es el respeto a los fundadores, cuyo ejemplo y prédica fueron para ambos fuente nutricia. Así Martí, en su trascendente discurso en conmemoración del 10 de Octubre, en 1887, en Masonic Temple -el primero de los varios discursos que pronunció en homenaje a la fecha en que nuestro pueblo se anunció al mundo como tal-, expresó:

“[…] yo siento en este instante sobre todos nosotros la presencia de los que en un día como este abandonaron el bienestar para obedecer al honor -de los que cayeron sobre la tierra dando luz, como caen siempre los héroes […] Los misterios más puros del alma se cumplieron en aquella mañana de la Demajagua, cuando los ricos, desembarazándose de su fortuna, salieron a pelear, sin odio a nadie, por el decoro, que vale más que ella: cuando los dueños de hombres, al ir naciendo el día, dijeron a sus esclavos: ‘¡Ya sois libres!’”1

Por su parte, Fidel también ha expresado -de modo constante, pero en especial en la velada conmemorativa de los cien años de lucha, efectuada en la Demajagua, el 10 de octubre de 1968- su respeto, su veneración por aquellos hombres que dieron el primer paso y por la grandeza y trascendencia de su acción:

“¿Qué significa para nuestro pueblo el 10 de Octubre de 1868? ¿Qué significa para los revolucionarios de nuestra patria esta gloriosa fecha? Sencillamente el comienzo de cien años de lucha, el inicio de la revolución en Cuba, porque en Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868, que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes.

”No hay, desde luego, la menor duda de que Céspedes simbolizó el espíritu de los cubanos de aquella época, simbolizó la dignidad y la rebeldía de un pueblo -heterogéneo todavía- que comenzaba a nacer en la historia”.2

Entre ambos hay de igual modo identidad en lo que se refiere a cómo armar a los hombres que combatirían por la libertad. El general de Ejército Raúl Castro, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, ha reiterado la anécdota de que luego del desastre de Alegría de Pío, el 18 de diciembre, cuando se unieron los dos pequeños grupos de sobrevivientes, Fidel le preguntó: “¿Cuántos fusiles traes?” Y al contestarle Raúl que cinco, su hermano afirmó: “Y dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!”3

El propio Fidel relató acerca de la llegada de Martí y Gómez a tierra cubana el 11 de abril de 1895: “Cuando al iniciarse la lucha de 1895 […] Martí, con Máximo Gómez, desembarca en un lugar de la costa sur de Oriente, áspero y duro, en una noche oscura y tormentosa, venía también acompañado de un exiguo grupo de combatientes. No llevaba un ejército detrás. El ejército estaba aquí, en el pueblo; y las armas estaban aquí, en manos de los dominadores”.4 Y esta idea es esencial en el pensamiento militar de ambos: las armas hay que arrebatárselas al enemigo. Por eso, nuestro máximo líder definió en 1968:

“Estos hechos nos brindaron un ejemplo extraordinario y nos enseñaron en días también difíciles. Cuando no había recursos, cuando no había armas, pero sí un pueblo en el cual se confiaba, estas circunstancias no fueron tampoco un obstáculo para iniciar la lucha.

Y este es un ejemplo no solo para los revolucionarios cubanos, es un ejemplo formidable para los revolucionarios en cualquier parte del mundo”.5

Ambos también comprendieron muy pronto que la Revolución Cubana ha sido una sola desde aquel luminoso 10 de Octubre. Fidel lo resumió con meridiana claridad en la primera cita de su discurso que aparece en este texto. También cuando afirmó: “Nuestra Revolución, con su estilo, con sus características esenciales, tiene raíces muy profundas en la historia de nuestra patria […] nuestra Revolución […] comenzó el 10 de Octubre de 1868”.6 Y cuando dijo: “Esas banderas que ondearon en Yara, en la Demajagua, en Baire, en Baraguá, en Guáimaro; esas banderas que presidieron el acto sublime de libertar la esclavitud; esas banderas que han presidido la historia revolucionaria de nuestro país, no serán jamás arriadas. Esas banderas y lo que ellas representan serán defendidas por nuestro pueblo hasta la última gota de su sangre”.7

Con bellísimas palabras expresó Martí esa continuidad de la revolución y el compromiso con los héroes y mártires del pasado:

“Un himno siento en mi alma, tan bello […] que me anuncia, con hermosura inefable y deleitosa, que ya vuelven los tiempos de sacrificio grato y de dolor fecundo en que al pie de las palmas que renacen, para dar sombra a los héroes, batallen, luzcan, asombren, expiren, los que creen, por la verdad del cielo descendida sobre sus cabezas, que en el ser continuo que puebla en formas varias el universo, y en la serie de existencias y de edades, asciende antes a la cúspide de la luz, donde el alma plena se embriaga de dicha, el que da su vida en beneficio de los hombres. Muramos los unos, y prepárense los que no tengan el derecho de morir, a poner el arma al brazo de los soldados nuevos de nuestra libertad. De pie, como en el borde de una tumba, renovemos el juramento de los héroes”.8

Otra idea clave en el pensamiento de ambos es la relacionada con la clara concepción de que la unidad del pueblo conduce a la victoria y la división, a la derrota. Así lo dijo Fidel en aquel discurso memorable: “No es esta la oportunidad de analizar el papel de cada hombre en aquella lucha, interesa analizar el proceso y dejar constancia de que la discordia, el regionalismo, el localismo y el caudillismo dieron al traste con aquel heroico esfuerzo de diez años”.9

Por su parte en Nuestra América, ensayo de especial significación y vigencia, Martí afirmó: “[…] si la república no abre los brazos a todos, y adelanta con todos, muere la república”.10

Con esa clara concepción, Martí creó el Partido Revolucionario Cubano con el cual recorrería una y otra vez las emigraciones en su labor de preparación de la guerra —otra coincidencia, pues Fidel también peregrinó entre los grupos de emigrados en Estados Unidos en busca de apoyo y recursos para las acciones que desarrollaría—. Por su parte, Fidel desarrollaría la concepción del partido único. Y es que ambos supieron que la garantía de supervivencia de una nación se sustenta en la unidad de los elementos disímiles que la componen. Por ello, este es un punto un punto crucial para la supervivencia de la Revolución Cubana, sobre todo en este momento en que se trabaja para la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y que la confrontación se avisora, más que nuna, de ideas.

Y por último -aunque quedarían muchas aristas por desarrollar-, ambos expresaron de modo coincidente la idea de que la revolución no puede ser destruida desde el exterior. En referencia al Pacto del Zanjón que puso fin a la Guerra de los Diez Años sin haber conseguido ni independencia ni abolición, dijo nuestro Héroe Nacional: “Nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos”.11

En la misma dirección nos alertó Fidel cuando expresó: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.12

Como el Apóstol se declaró hijo y discípulo de Bolívar, Fidel siempre se reconoció continuador de la obra martiana. Así, el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953 fue colocado bajo la égida del Maestro, y los hombres y mujeres que lo protagonizaron son conocidos como la Generación del Centenario, sin más aclaración, ¿a qué otro centenario podía referirse?

Notas
1 José Martí: Discurso en conmemoración del 10 de Octubre de 1868, en Masonic
Temple, 10 de octudre de 1887, en Obras completas, t. 4, Centro de Estudios Martianos, Colección digital, La Habana, 2007, p. 215.
2 Fidel Castro: Discurso en la velada conmemorativa de los cien años de lucha, efectuada en la Demajagua, el 10 de octubre de 1968.
3 Raúl Castro: Discurso pronunciado en la Cumbre extraordinaria del Grupo de Río, 16 de diciembre del 2008.
4 Fidel Castro: Ob. cit.
5 Ibídem.
6 Ibídem.
7 Ibídem.
8 José Martí: Discurso en conmemoración del 10 de Octubre de 1868, pronunciado en la misma fecha de 1889, en Hardman Hall, en Ob. cit., t. 4, p. 244.
9 Ob. cit.
10 José Martí: Nuestra América, en ob. cit., t. 6, p. 24.
11 ____________: Discurso en conmemoración del 10 de Octubre de 1868, , pronunciado en la misma fecha de 1890, en Hardman Hall, en Ob. cit., t. 4, p. 248.
12 Fidel Castro: Discurso del 17 de noviembre del 2005 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

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