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COLUMNISTAS

Lo que nunca quisiéramos los cubanos

Que el mercado pugna siempre por imponer y mantener su jerarquía no es noticia. Una mirada a los barrios pobres en la periferia de las grandes ciudades de nuestra región, el acceso diferenciado a los servicios de salud y educación, el lujo y la miseria, los privilegios y las desventajas y un sinfín de diferencias sociales, lo recuerdan a diario.

Tampoco resultan noticia los estratos sociales. En no pocos países del mundo, con la finalidad de definir las políticas de subsidio, la clasificación de las capas toma en cuenta las condiciones de las viviendas y la zona en la que están ubicadas. De últimas, es expresión de la estandarización que impone la jerarquía del mercado sobre la sociedad en lugar de eliminar diferencias.

Lo que sí resulta noticia es cuando un político los denuncia y se propone eliminarlos al llegar a la presidencia del país. Eso fue precisamente lo que proclamó Gustavo Petro, líder de Colombia Humana y candidato en las elecciones de mayo del presente año.

El Estado colombiano reconoce hoy seis estratos sociales:

  • El estrato 1 significa Bajo-bajo.
  • El estrato 2 significa Bajo.
  • El estrato 3 significa Medio-bajo.
  • El estrato 4 significa Medio.
  • El estrato 5 significa Medio – Alto.
  • El estrato 6 significa Alto

Más allá del dilema ético que supone, para los que están en la peor ubicación, el hecho de sentirse definido, estandarizado debido al lugar y condiciones de su vivienda, existen  otras consideraciones socioeconómicas.

Según suele leerse en los análisis, los estratos superiores financian con sus contribuciones a los inferiores; pero la realidad es que esos superiores disponen de lo que tienen gracias a la pobreza de los otros. Además de que los subsidios a los servicios los completa el Estado con las contribuciones de todos y no solo de los que están arriba en la pirámide social del capitalismo colombiano. Igualmente, en una zona donde predominan sectores pudientes, existe asimismo la llamada “pobreza oculta”.

Asimismo se supone, por ejemplo, que hay movilidad social entre eso niveles; sin embargo, no solo “hacia arriba” como suele afirmarse con una visión en extremo optimista, sino también “hacia abajo”, lo cual ensancha la base de la pirámide social en la segunda nación más desigual de América Latina, de acuerdo al Banco Mundial.

El candidato Petro considera necesarios y útiles los subsidios, aunque denuncie la estratificación y tenga el objetivo eliminarla por inexacta al establecer los estratos pues el lugar donde viven los colombianos y el tipo de vivienda que poseen no informa acerca de las importantes variables que configuran la eventual necesidad de una diferenciación en los subsidios: el número de familiares, si tienen o no trabajo, si hay personas con discapacidades o enfermedades, etcétera. En cambio, va más allá al denunciar los estratos con calificativos que no se quedan solo en los criterios para definir los subsidios, también los califica de sistema de castas, antidemocrático, antirrepublicano y antihumano.

Lo que nunca quisiéramos los cubanos

Ciertamente, los cubanos necesitamos con urgencia despegar la economía, precisamos reconocer sin ambages el papel de las relaciones mercantiles, la diferenciación en los aportes a la sociedad; requerimos mayores flexibilidades en la planificación y hacer las cosas que el mundo de hoy —que no es el del siglo pasado—- demanda, pero nunca al precio de terminar estandarizados en estratos sociales.

Toda la sociedad —y en primer lugar el Estado socialista y el Partido—- tiene la elemental responsabilidad de aprovechar el lado constructivo del mercado y de mantenerlo subordinado a la sociedad.

Cuba enfrenta, al igual que América Latina y el Caribe, los desafíos del mercado. La diferencia consiste en que en la isla —donde conquistamos grandes cotas de igualdad social— hoy se lucha por evitar que el mercado imponga su jerarquía. En nuestra región los pueblos luchan contra el neoliberalismo y procuran ganarle terreno al mercado capitalista predominante, ya sea en la educación, la atención médica, el empleo o los servicios como la electricidad, el gas y el agua, los recursos naturales, el medio ambiente… Esa batalla nos identifica.

Tenemos que aprender de los errores. No obstante, rectificarlos hoy no significa simplemente no hacer lo que se hizo mal en el pasado. La situación ha cambiado en el mundo El contexto actual es diferente a aquel cuando se cometieron. Toca, por ende estar al tanto de la realidad y hacerlo bien y mejor, siempre en clave socialista, y con agilidad, imaginación y creatividad.

En estos momentos, más que nunca, las nuevas acciones que debemos emprender deben partir siempre del pueblo, ese gran maestro de todos los revolucionarios al decir de Fidel. Consultar con él constantemente, como hace el presidente Miguel Díaz-Canel en el barrio, la comunidad, el municipio, la empresa, los sectores económicos, las asociaciones, los gremios profesionales, las instituciones docentes y científicas, nos preservará de derrotas y pondrá sin dudas los mejores límites a la jerarquía del mercado.

Los cubanos no podemos imaginarnos divididos en estratos sociales, no sería martiano ni fidelista, tampoco —por supuesto— revolucionario ni socialista.

Dario Machado
Dario Machado
Licenciado en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

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