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COLUMNISTAS

Escribir demasiado no significa expresar mucho

Hay quienes creen que por presentar grandes trabajos a página completa y hasta más, o al caerle encima constantemente a un tema, se la están comiendo como se dice en “cubano”. Lo que están consumiendo no les hace buena digestión, claro está, y la asimilación del público ante esos textos, o tanto tiempo en la pantalla o en el programa de radio, también deja que desear. Y si se “crea” cual barroco del subdesarrollo o imitando al periodista que encarnó Germán Pinelli en San Nicolás del Peladero, se va de lo “picúo” a la estupidez.

En cuanto a la repercusión, hemos cometido errores al juzgarla en la propia salsa de un medio sin confrontar su comportamiento en la vida. En Tribuna de La Habana me aplaudieron un trabajo referido a los cazadores y vendedores de pájaros en el Parque de la Herradura de San Miguel del Padrón. Resido en ese municipio y fue fácil ser testigo de que aquel texto concebido a partir de un revolucionario excarcelado abriendo la puerta de las jaulas a sus aves,  no había repercutido.

En realidad solo “logré” el cambio de lugar del citado comercio. Es difícil contrarrestar lo que se paga por alguno de esos animalitos,  si el beneficiado está lejos de la sensibilidad despertada por Corazón, Platero y Yo, El Principito…  Y hay que encontrar la manera de convencer. Hablando de sensibilidad, siendo el jefe de redacción de Somos Jóvenes no valoré la fuerza de una breve crónica publicada a Paquita Armas Fonseca,  sobre su sentir en su adolescencia durante la primera guardia cederista. Supo darle un sabor de aventura, de dramatismo. Tenía más pegada que reportajes y entrevistas muy desplegadas en esa misma edición; era más creíble.

Recuerdo entonces un documental donde Silvio Rodríguez expresa la función forjadora de su participación en la alfabetización, y cómo la sintió una aventura maravillosa que le abrió los ojos del alma y de la faz, sin desdeñar la importancia política de la Campaña, No se queda ahí: señala la importancia de ofrecer misiones como estas a los jóvenes con ese gusto aventurero. Opino igual: así se le abre camino al rigor con aroma y claridad superiores.

Al reportar  los Centroamericanos de La Habana 1930, Pablo de la Torriente Brau no se ató a las lides del músculo; jamás lo hizo. Aprovechó coincidencias, hechos, proezas para lanzar su ofensiva contra lo mal hecho; más allá: contra la maldad. El racismo lacerador del certamen sintió su ataque, del que resalto lo siguiente porque se relaciona con el planteamiento esencial de Escribir demasiado no significa…

El internacionalista cubano puertorriqueño, caído en Majadahonda por la República Española,  al referirse a la protesta  por la negación de la entrada a una instalación atlética a unos visitantes por el color de la piel, citó parte del editorial del periódico habanero La semana sobre el asunto, comunica la ubicación en el rotativo de la foto de dos boricuas mestizos discriminados, y “…reproduce un gran retrato de Antonio Maceo y debajo dice: Si este ciudadano estuviera vivo y hubiera querido asistir a los Juegos Olímpicos, hubiera sido rechazado a la puerta del Habana Yacht Club”. Esa breve  realización resulta el latigazo contundente.

Solíamos publicar en el semanario Mella un espacio donde el dibujante -casi siempre era Blanquito- se encargaba de la caricatura de un deportista,  y se situaban varias frases sobre el escogido. En una ocasión lo dedicamos al corredor Lázaro Betancourt. Sabíamos que algunos lo tenían descartado para los certámenes múltiples. En un pequeño espacio de las páginas deportivas de la revista, colocamos par de dibujos realizados al seleccionado,  junto a las siguientes líneas: “La mejor figura cubana en los 110 con vallas es Lázaro Betancourt, poseedor del récord cubano en esta especialidad con 14.1 segundos… En las últimas presentaciones sus tiempos han estado por los 14.6. Pero por su ardiente entrenamiento y sus ansias de triunfo, hay fe en que Lázaro mejore sus actuales marcas…”.

Días después nos informó que los de la negatividad  le anunciaron que aquella breve confesión, los había convencido, y lo enviarían a los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. El campeón centrocaribe de Kingston 1962  (14,2)  y bronce panamericano en Sao Paulo 1963(14.3), se batió en la XVIII magna cita. En su eliminatoria terminó segundo con 14.6 y resultó eliminado en la semifinal con 14.2.

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