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PERIODISMO DEPORTIVO

La lucha deportiva tuya y mía tiene nombres

Cuando nuestros greguistas se impusieron en Tokio 2020,  estremecieron mi mente Pedro Val, José, Pini, Yánez, y Gustavo Rollé. Ellos tres son la lucha en Cuba, sin soslayar la magnífica labor actual del excelente Trujillo, de Filiberto Ascuy,  as olímpico por dos ocasiones convertido en instructor, y de Mendieta, el guía principal en la libre. Pero sin aquellos forjadores no existiría la labor exitosa de los profesores de hoy que bebieron en las aguas del manantial establecido.

De esa realidad he escrito antes, ahora se hace indispensable divulgarlo. Y no solo por mi voz. El periodismo deportivo de mi patria, vibrante, magnífico al reflejar e interpretar el certamen escenificado en la capital japonesa – trompada a la mandíbula de los embriagados criticones- debe seguir profundizando sin olvidar la historia. Necesita continuar yendo hacia las raíces, lo científico, lo humano.

Pedro Val falleció pocos días antes de que nuestro seleccionado arrasara en Barranquilla 2018,  certamen del que no salimos airoso en general, pero los gladiadores demostraron calidad y coraje en cada presentación. Apasionado del arte de las llaves y los agarres, al principio quiso ser un campeón. Por suerte, el amor prefirió otra ruta donde se convirtió en maestro de decenas de jóvenes. Supo capacitarse: la querencia y el saber crecidos los conjugó con la dedicación plena. Y campeonó gracias a sus muchachos en las lides olímpicas, mundiales, centrocaribeños y panamericanas. Se batió también por hacerlos ciudadanos a la altura del país. ¡Mucho de él en Mijaín!

Las autoridades internacionales de la disciplina lo declararon su más destacado entrenador en el mundo durante 2010. Llegó más allá: incluido entre los mejores de todos los tiempos y todas las especialidades en Cuba. De la estirpe de Eugenio George y Alcides Sagarra, pilar en el desarrollo de nuestra Escuela de Lucha Grecorromana. Subió, pues, al colchón en los XXXII Juegos. ¡Y de qué manera…!

José, Pini, Yánez, realizó lo mismo en la citada justa. Como atleta, participó dignamente en los combates del estilo libre. Primero derrotó la miseria, material y espiritual, de la etapa que takleaba muy duro. Plata en los 68 kilogramos de los VII Centrocaribes y bronce en la categoría pluma (63) en los Segundos Panamericanos, efectuados en 1954 y 1955  respectivamente en la capital de México. Nuestro abanderado en los Juegos Olímpicos de Roma 1960, allá se batió sin coronar anhelos en los 67 kilos.

Fundador del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder), amén de formar el relevo, logró ser un destacado científico del ámbito. Permítanme incluir algo personal: lo conocí hace 60 años mientras daba mis primeros pasos en el periodismo, y tuve en Pini un generoso apoyo que ha pesado en mi carrera. Su muerte resultó una gran pérdida para la familia del músculo. En la actualidad, los Premios Nacionales Científicos que entrega el Inder anualmente se nombran José, Pini, Yánez.

No podía faltar Gustavo Rollé, nombrado el Padre de la Lucha en la Mayor de las Antillas. Retirado, miembro muy activo de la sección deportiva de la Unión de Historiadores de Cuba, nos llenó de alegría su exaltación al Salón de la Fama de la Lucha. Se unía a otros dos compatriotas con la misma distinción: los titulares olímpicos Héctor Milián y Filiberto Azcuy. Al recibir el galardón declaró: “Lo único que he hecho es cumplir con mi deber, y esta distinción me impulsa a trabajar mejor por nuestro deporte y por mi patria hasta el final de mi vida”.

No cayó desde las nubes, partió de la base. Estudioso y entregado a su labor, ascendió por su constancia. Cosechó avances en sus 20 años como entrenador principal de las selecciones nacionales; formó atletas de la altura de Raúl Cascaret, Bárbaro Morgan y Luis Ocaña. Profesor verdadero, no se limitaba al avance en la fortaleza o la agilidad. Dio el ejemplo: peleó contra los alzados y contra los mercenarios pro yanquis en Girón.

Funcionario que funcionaba, asumió con éxito sus cargos de dirigente nacional de la Federación y la comisión nacionales, en  el alto rendimiento y en el Buró de lo que se llamó Federación Internacional de Lucha. En 2019 la citada dicha se convirtió en tristeza cuando sorpresivamente dejó de existir. Por sus méritos, lo sentimos en la lidia nipona, los historiadores de la rama del músculo lo mantenemos también entre nosotros.

(Foto de portada: Pedro Val junto a Mijaín López)

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