JORNADA POR EL DÍA DE LA PRENSA LEY DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL

La verdad y la vocación de servicio, herramienta del periodismo cubano 

¿Cómo hacer hoy periodismo en los multiplicados y diversos medios existentes en el mundo? ¿Cómo lograr la repercusión esperada en la mayoría de las personas y la multiplicación de tus expresiones? ¿Cómo dejar, al menos, una huella en tus semejantes?

¿Nos hemos habituado a realizar sueños, ambicionados por muchos, miles en otros países, mientras en Cuba hablamos de ellos como hechos cotidianos?

Sí, estas interrogantes tienen respuestas. Incluso, no basta solo decirlo. Vivimos en un país sin analfabetos, con derecho a beneficios que millones ni sueñan. Pero, ¿cómo expresarlo? ¿De qué manera cautivar al lector cuando contamos cómo las hábiles manos de un cirujano, cual artista exitoso, hace un implante coclear a un niño, libera a un adulto de una perjudicial catarata o trasplanta un corazón sin que medie pago alguno, condición social o política?

Sobre el ejercicio de la medicina cubana podrían citarse muchas otras bondades. También, en el terreno de la educación gratuita hasta la Universidad. O en el ámbito de la investigación científica, que muestra resultados de la talla de los candidatos vacunales que presenta contra el nuevo coronavirus.

En el caso de Cuba, como si fuera poco, se hace imprescindible privilegiar aún más la vocación de servicio público de la prensa, por la avalancha informativa lanzada siempre, en primer término, por parte de Estados Unidos y la mafia cubano-americana, sus compinches y mercenarios.

Primero, la humanidad se asombró con los periódicos, las poderosas agencias de noticias, la radio; luego la televisión y los satélites, fundamentalmente en manos de empresas norteamericanas y a partir de la Segunda Guerra Mundial.

En el siglo XXI cambiaron las cosas. La situación ha llegado a un punto tal que, las posibilidades de las nuevas tecnologías se usan como arma para la tergiversación de los resultados de la obra revolucionaria, entre las tareas del programa de la guerra sucia contra Cuba, como lo hicieron antes otros medios de comunicación. Hoy tienen su expresión en los medios y organismos financiados por Estados Unidos, la conocida CIA y la USAID durante más de 60 años.

Me permito insistir en esta idea. Aunque a veces —como diría el poeta español Antonio Machado— con una sola mirada basta. Pero, no ocurre así cuando se habla de Cuba tanto en la jerga política norteamericana como en sus medios de prensa y en los que le son afines.

¿Es que son incapaces de reconocer la verdad de la obra humanista y solidaria de la Revolución cubana, y su capacidad de resistencia a un férreo e ilegal bloqueo económico, comercial y financiero? Asimismo, dirigen contra la prensa cubana el bien trazado plan ideológico de la guerra psicológica, ahora con las potencialidades de las nuevas tecnologías.

En estas circunstancias, la batalla por la verdad, es un reto insoslayable para el periodismo cubano.

A nuevas realidades mejores respuestas  

Mucho se ha hablado de la vocación de servicio público necesaria para todas las esferas de la vida. Cierta y beneficiosa esa inclinación de ayudar a otro, la disposición permanente para una oportuna atención a los requerimientos, trabajos y tareas por hacer.

En el periodismo ese “algo” impulsa hasta a poner en riesgo la vida, a la familia; todo por dar a conocer las consecuencias de una hecatombe de la naturaleza, la crueldad de la guerra o la injusticia.

Hablamos de un ambiente permanente de intercambio y polémica que debe andar por los pasillos de los edificios de todos los medios de prensa, como un ojo avizor que alerta y llama, y te dice bajito al oído ideas que incluso pagarías por lograrlas; ambicionadas, pero difíciles.

Ese hálito, como el buen perfume, debe ser una endemia, el primer plato de todo encuentro entre colegas, reuniones, pautas a seguir, talleres de actualización y otros tantos, sin olvidar los documentos rectores de quienes somos y lo que queremos hacer con las mismas armas de los que nos atacan.

Parecería muy fácil, pero no lo es. Hablamos de lo general y no de las excepciones. Hay muchos frentes de acción, pero uno es vital. En nuestra prensa existe determinada tendencia a la realización de temas muy similares, reflejados de igual manera, con la pobreza de un lenguaje repetitivo y poco atractivo, que hace de lo más significativo del mundo un asunto rutinario y poco atrayente.

Fuera la rutina, la mediocridad y las falsas noticias

Las nuevas tecnologías son maravillosas y las aceptamos. Sin ellas ya no podremos vivir. Hablo de apropiarse de su lado bueno, aunque ha servido para vulgarizar un tanto la profesión periodística y transmitir la negación de los valores, la falta de respeto, superficialidades y el egoísmo.

Hoy más que nunca la verdad debe ir acompañada del prestigio de las fuentes de información. Es muy importante tener en cuenta el origen de las fuentes, muchas veces utilizadas por burdos intereses políticos.

Quien no sea capaz de discernir este fenómeno no podrá conocer de qué lado está la verdad y será solo un retransmisor de una falsa noticia y de su intencionalidad. No se trata solo del medio donde se hace una verdadera labor de información y orientación social, cultural, económica o política. Si tu arma deja de ser la credibilidad y logras llegar a nuestros públicos, se pone en juego la vida y la verdad de las personas.

Nadie podrá saber bien cuantas horas utilizó un periodista consciente de su función en una investigación, qué libros leyó, cuantas llamadas telefónicas hizo, cuantas cartas escribió o tazas de café tomó durante el proceso de llegar a conocer un hecho o situación de una fuente segura. Ah, y las antesalas infinitas a la espera de alguien que a lo mejor sabía menos que tú o no llegaba nunca…Sin olvidar las diversas invitaciones al o la periodista para conocerle personalmente y entonces obrar en consecuencia.

En fin, las experiencias pudieran ser infinitas, en dependencia de los años transcurridos y las vivencias. Cuando llegas a la actualidad, podemos decir que las condiciones propician mayores posibilidades. La cita puede tener lugar en alguna de las conocidas redes digitales y participar incluso desde tu casa, en piyama a causa del uso horario, si es muy tarde en la noche para ti o muy temprano para el otro.

En un sencillo teléfono puede tenerse un audio perfecto e imagen aceptable para una transmisión de televisión o de la radio; un texto acompañado para la página web y un tuit, donde en breve síntesis promueves tu trabajo y sugieres a donde buscar más.

Otro asunto no menos importante, es la verdadera plaga de opiniones, de desvalorización de la profesión periodística que abunda hoy día. Crecen las tergiversaciones sobre el uso de las nuevas tecnologías y las posibilidades de que todos pueden hacer periodismo con un celular. Interpretaciones de los hechos, comparaciones y sentencias de una amplia gama de problemas sin respaldo alguno de cultura, conocimiento y decencia. La famosa falacia acuñada de, eso salió en Facebook, YouTube y lo dice el mundo entero.

Los ciudadanos hablan de problemas que pueden afectar a la Patagonia, los salarios de los taxistas en Canadá, la cosecha de papas en Timor del Este, las pláticas callejeras en Madrid sobre la monarquía española o la incertidumbre por la prolongación de la pandemia cuando todos ansían ser vacunados en breve tiempo.

Sin embargo, no circula igual la realidad sobre Cuba, que cuenta con cinco candidatos de vacunas contra la actual pandemia del nuevo coronavirus, (Soberana 01, Soberana 02, Soberana plus, Abdala y Mambisa) y la posibilidad de ser atendidos todos, que no se dice, se tergiversa y se utiliza para tratar de sembrar la incertidumbre.

Más que nunca mucho dinero corre también hacia determinados grupos sociales, olvidadizos de su cultura, las relaciones laborales y profesionales y el criterio de servicio público real en interés y con el objetivo de que sea ignorada la verdad con falsas noticias.

¿Y qué decir de la inmediatez? Ahora puedes salir con tu verdad, crítica y denuncia en las redes sociales, también son nuestros medios de prensa en la guerra psicológica, impuesta con falsas noticias y en la conquista de ese receptor implacable de los diferentes públicos.

Nuestro público -el cubano- es diverso, claro, pero con una base de instrucción cultural, amante de su historia, apegado a sus tradiciones de libertad e independencia. No podemos ser engañados con un lenguaje premeditado para embotarte los sentidos. No obstante, existen algunos creyentes del sueño americano.

Las ideas promovidas por los centros de poder del capitalismo reinventadas con el neoliberalismo siguen siendo las mismas desde el siglo pasado. En los años transcurridos de este siglo están vivas las imágenes y la palabra de dos hombres de una voluntad e impacto innegable. Ambos entendieron muy bien y convirtieron a los periodistas en hacedores de esta batalla. Hablamos de Fidel Castro y Hugo Chávez, temidos aun por el imperio norteño.

Y tenemos más. En los colegas cubanos, herederos de periodistas como José Martí, Juan Gualberto Gómez y Fidel, solo podrá crecer aún más la vocación de servicio público, una herramienta infalible en un mundo unipolar y hegemónico.

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