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Nuestro deber es informar, por muy duras que sean las circunstancias

Este 6 de octubre se cumplen 44 años de la voladura, en pleno vuelo, de un avión de Cubana de Aviación con 73 personas a bordo, próximo a las costas de Barbados. Uno de los atentados terroristas más atroces cometidos en la historia de la aeronáutica civil.

Como corresponsal de Prensa Latina en Jamaica, me tocó cubrir el hecho y unas semanas después las sesiones de la comisión internacional investigadora, en la cual se comprobó el sabotaje premeditado contra una aeronave comercial mientras cubría una ruta regular.

Como he explicado en otras ocasiones, al conocer la noticia sobre el desastre, poco después de ocurrido, ese miamo día me trasladé a Barbados con la primera delegación cubana que viajó a ese país, encabezada por el compañero Abdo Soto, consejero comercial de nuestra embajada en Jamaica, y el único diplomático cubano acreditado ante las autoridades barbadenses.

Integró también el grupo el compañero Raúl Pérez Miyares, jefe de la oficina de Cubana de Aviación en Kingston, quien cumplía además funciones de coordinación respecto al resto de las estaciones de la aerolínea en el Caribe anglófono, incluyendo Barbados, donde se incorporó a la comitiva el compañero Eliseo Matos, representante de Cubana allí.

Aunque todas las coberturas de situaciones excepcionales en las cuales fue frecuente la pérdida de vidas humanas dejaron una huella en mi memoria, ninguna superó por su crueldad y salvajismo el derribo del avión de Cubana, lo cual no impidió cumplir con la misión de informar.

En situaciones como aquella, en la cual sangraba la patria herida, adquiere más significado el concepto de “objetivos, pero no imparciales” proclamado por el fundador y primer director de Prensa Latina, Jorge Ricardo Masetti, como principio del periodismo revolucionario.

En el plano personal fueron muchas las enseñanzas extraídas de aquel acontecimiento, en el cual reafirmé mis convicciones revolucionarias frente a enemigos sin escrúpulos, dispuestos a cometer los crímenes más horrendos.

En lo profesional, y específicamente como corresponsal, aquella, como otras coberturas posteriores, contribuyó a reforzar la conciencia sobre la necesidad de estar preparados, como periodistas, para cumplir con nuestro deber profesional en cualquier circunstancia, por dramática y compleja que sea.

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