ENTREVISTA

María del Carmen Monteagudo: La radio habla a mis oídos

Por Arelys García Acosta

Todavía la acompañan el hábito de pulir las palabras, el querer hacerlas “brillantes como el oro, ligeras como el ala, sólidas como el mármol”, como sugería Martí. No puede ser de otro modo para la filóloga María del Carmen Monteagudo Pérez, a quien la radio espirituana le debe valiosas investigaciones sobre el medio y el magisterio de más de 40 años como asesora, directora de programa y escritora, en fin, como radialista apasionada de cuerpo entero.

Aunque ya no repasa el alma visible y también escondida de un guion radiofónico, ni da lecciones de Gramática, Redacción, Locución o Musicalización en las aulas, todavía gravita en ella el andar por la CMGL Radio Sancti Spíritus.

Para esta maestra, merecedora de la medalla Raúl Gómez García y del Micrófono de la Radio Cubana, la creación radial es un ejercicio permanente, donde convergen razón y corazón.

¿A quiénes debe usted haber escuchado aquellos primeros latidos de vida a través del éter?

A mis padres; desde muy niña, ellos me regalaron un libro y un pequeño equipo receptor de radio, para que escuchara los programas infantiles, las aventuras y novelas que transmitía por entonces Radio Progreso. También me pedían que yo les leyera las noticias del periódico Granma, al que ellos se suscribieron desde sus inicios.

Sentía una atracción especial por la lectura de cualquier texto y me deleitaba con la radio cuando me hablaba al oído. Como toda niña, disfrutaba los muñequitos en la televisión y me gustaba ver las películas “viejas” de Cantinflas y Charles Chaplin, Sarita Montiel, Libertad Lamarque y María Félix, que también eran las preferidas de mi madre y mis tías.

Al graduarme como filóloga, en Lengua Española, en 1979, egresada de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, me propusieron dejarme como profesora de Lingüística y Latín en la propia universidad; pero ante mi solicitud de venir para Sancti Spíritus para estar junto a mi hijo, pequeño aún, y mi familia, unido a mi interés de trabajar en algún medio de comunicación, me ubicaron en Radio Sancti Spíritus.

En la Escuela de Letras y Artes de la Universidad de La Habana cursé dos años de Filología Francesa. Me siento dichosa de haber tenido entre mis profesores a José Antonio Portuondo, Roberto Fernández Retamar, Elena Calduch, Luisa Campuzano, Mirta Aguirre, Vicentina Antuña y al lingüista Max Figueroa; todos considerados glorias de la cultura cubana.

También en la Universidad Central recibí la sabiduría de excelentes profesores, entre ellos Aimée González Bolaño, Ordenel Heredia, Francisco Rodríguez (Paquito), Gema Mestre, Nancy Porrego, José Gracias, Yaqui, y otros, como el doctor Manuel Costa, quien fuera el tutor de mi tesis de grado en Fonética Española.

Con los conocimientos recibidos de las Letras, las Artes, la Filosofía, Historia y Lingüística, unido a mi interés investigativo y artístico y mi afinidad hacia las comunicaciones, entré a la Radio, con la necesidad de conocerla por dentro.

En trabajo de mesa, junto al colectivo del programa Como lo oyes, integrado por los locutores María Josefa Jiménez, Julio Antonio Pérez y el director, Jorge Farías. Año 1995. (Foto: Archivo)

¿Cuánta osadía exigió este inicio en el medio?

Comencé mi trabajo artístico en Radio Sancti Spíritus al crear, por primera vez en su historia, el Departamento de Redacción Central, el cual organicé y dirigí por dos años. Heredé una programación radial conformada por un elevado porciento musical, a la que se le incluían notas variadas sacadas de revistas y periódicos, alguna propaganda y dos noticiarios al día, de 10, o 15 minutos cada uno.

Por entonces, el locutor leía unas breves notas, y anunciaba la música que colocaba el operador del máster. La programación era, mayoritariamente, en vivo.

A partir de mi entrada en la emisora se conformó un sistema de dirección para la programación con una Redacción Infanto-juvenil, y otra Musical, que incluía música variada y campesina. El Departamento de Redacción Central se separó del Informativo, que se dedicó a noticiarios, boletines y propaganda.

Se evaluaron directores de programas y locutores, y poco a poco se fue estableciendo una programación más definida y enriquecida. Aparecieron programas dirigidos a la mujer como Compañeras y otros juveniles como ¡Hola! y Con nuestra juventud.

Igualmente, los infantiles con breves dramatizaciones y narraciones de cuentos, el de facilitación social Como lo oyes y Guateque en la agricultura, enriquecido con la entrada de más intérpretes.

Además, como parte del Departamento de Programación se creó el Buró de Información para garantizar que los realizadores tanto artísticos como periodísticos pudieran consultar, organizadamente, diccionarios, periódicos y revistas, y algunos libros que íbamos adquiriendo.

Como directora de programa, locutora y asesora usted también se hizo al gran encargo dado a la radio: hacer ver a través del oído.

Por fortuna, además de asumir las funciones administrativas, pude realizar dirección de programas para lo cual fui evaluada, conjuntamente, como locutora por un tribunal nacional, que estuvo presidido por Antonio Pera; aunque en la práctica solo utilicé la voz cuando escribía y dirigía los programas relacionados con el lenguaje, que estuvieron muchos años en el aire.

Para la programación dramática escribí el primer policíaco transmitido por Radio Sancti SpíritusHombres del silencio. La mayor parte de los programas dramatizados los trabajé mucho más en la asesoría, entre ellos infantiles, aventuras, cuentos, novelas y otros policíacos, tanto originales como adaptación.

Fui asesora, también, durante muchos años de programas musicales, culturales, variados, de facilitación social, humorísticos, juveniles, entre ellos: Sancti Spíritus ayer y hoyCon nuestra juventudCuarta dimensiónComo lo oyesCompañerasConversando y La fuente viva, este último dedicado a la labor de los miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en la provincia.

Satisface haber obtenido premios provinciales y nacionales en la labor de asesoría, por ejemplo, del programa Como lo oyes —varios años con el premio de la popularidad—, y a través de la producción de Radio Arte con las novelas Candelaria y Los triángulos del amor, del espirituano Tomás Álvarez de los Ríos.

Considero una suerte el haber asumido por varios años la presidencia de la Filial de Cine, Radio y Televisión, de la Uneac, en Sancti Spíritus, y la creación del premio Pensamiento, una propuesta que ha promovido el reconocimiento oportuno a creadores de los tres medios.

Al empeño de hacer ciencia desde la radio debe el parto de importantes investigaciones. ¿Quién le ofreció las primeras luces de esos estudios?

Descubrí, desde los inicios, a Pedro Andrés Nápoles, quien por entonces llevaba el control económico en Radio Sancti Spíritus, unido a la redacción de los noticiarios, y encontré en él a un excelente realizador y periodista con una perfecta redacción.

Nápoles fue un verdadero profesional de la palabra escrita y hablada, con una esmerada dicción y un amplio caudal lingüístico; un ser humano íntegro, que representaba la historia viva de la radiodifusión espirituana.

Quizás por esta razón y por su extrema modestia duró años poder lograr recopilar todos los datos sobre la historia de la radiodifusión en el territorio hasta llegar a la sencilla publicación del libro Onda y sonido espirituanos.

Pedro Andrés Nápoles dominaba las técnicas radiales propias para el Periodismo y la programación general de la radio. Nápoles fue un estudioso constante que sirvió a su tiempo y su gran pasado, lo dejaría vivo también para el futuro.

A Nápoles debí investigarlo y consultarlo, constantemente. Siempre supe que no podría hacer radio, verdaderamente profesional, si no sabía apreciar y entender a un artista y periodista de su altura.

Por otra parte, mi tesis de grado sobre fonética: El consonantismo en el habla popular de Sancti Spíritus, que defendí para graduarme como filóloga, me entrenó para realizar investigaciones sobre el habla de locutores y periodistas, que deben colocarse dentro de la norma culta.

Antes de comenzar a dedicarme a la asesoría de programas variados y dramatizados, investigué mucho la programación noticiosa e informativa, en general, como analista de programas Informativos de Radio Sancti Spíritus. Paralelamente, investigaba para escribir, dirigir y realizar la locución de los espacios Diccionario y Hablemos correctamente, que más tarde convergieron en un solo programa: Reflexiones acerca del lenguaje.

Recuerdo que debía estudiar día a día la lengua española hablada en Cuba, y esto me sirvió, además, para impartir cursos de Lingüística Aplicada a la Locución de los que egresaron una nueva generación de locutores, comentaristas deportivos, directores de programas y algunos periodistas, quienes adquirieron una base científica para llevar la lengua española a los medios de difusión.

Profesionalmente significó mucho el haber representado a Cuba en un curso único para estudiar Investigación lingüística y literaria, en el Instituto de Cooperación Iberoamericano, y Musicalización para la televisión en el Instituto Oficial de Radio y Televisión de Madrid, España. Igualmente, la oportunidad de asistir al Bradcast’ 88 de desarrollo tecnológico de la televisión, en Madrid, España, al cual seguí asistiendo en calidad de invitada cada dos años, hasta el año 1999.

En los estudios de FM de Radio Sancti Spíritus. Año 2005. (Foto: Archivo)

Expertos aseguran que el asesor es un maestro y guarda de la calidad artística de la producción radial. ¿Cuánta razón hay en ello?

Ante todo, el asesor es un investigador y más aún de la lengua; en nuestro país, por supuesto, de la lengua española, aunque muchas veces debe introducirse en otras lenguas y sistemas de señales.

El asesor es también un creador que desarrolla sus ideas a partir de una palabra, un nombre, o una oración hasta llegar a un silogismo, y junto a un equipo, contribuye a realizar una obra artística para enviarla al éter, y sea captada por miles y miles de personas.

Además de investigar para crear, el asesor de radio y televisión es un artista que busca recrear con la palabra, un crítico constante de su propia obra y de la de los demás, incluida la sociedad donde se desarrolla y, en ocasiones, la de otros. Es maestro de miles de personas, porque educa con su mensaje.

El asesor debe ser un experto del lenguaje radial y televisivo, y puede transitar por el cine. Es imprescindible que domine muy bien la lengua oral, escrita y visual, hacia donde dirige su obra artística, creada junto a un equipo.

El asesor necesita entender técnicas de todo tipo, en especial la de Dramaturgia y Lingüística Aplicada a los medios, ser un estudioso constante y actualizado de todos los temas, en cualquier medio y soporte comunicativo. Al asesor no se le puede escapar ningún detalle.

En esta era de convergencias tecnológicas, ¿cuál es el mayor desafío de la Radio?

Desde su surgimiento, los medios de comunicación aparecieron mediante descubrimientos en la ciencia y la tecnología. No se puede hablar de los medios de comunicación, sin el desarrollo científico y tecnológico.

Cuando Marconi, Popov y los científicos de aquella época idearon los primeros recursos rudimentarios para transmitir señales eléctricas a distancia, ya se estaba haciendo arte para enviar al éter la palabra modulada mediante la entonación y el timbre, recursos solo propios de la voz única e irrepetible de cada hombre.

Los descubrimientos científicos y artísticos nunca se han detenido. Unos han sido utilizados para el bien de toda la humanidad, y otros se han querido adquirir para dominarlos, y emplearlos para el bien de unos pocos y en el peor de los casos, para hacer mal.

La eterna contradicción antagónica entre el bien y el mal, que desgraciadamente aún existe entre los hombres; sin embargo, con el surgimiento de la computación, la electrónica y la Internet es indiscutible que la humanidad ha dado un gran salto en la integralidad necesaria para estos tiempos, en especial para las comunicaciones.

Por eso, es incuestionable la utilidad práctica de las actuales plataformas de señales, para hacer un mundo cada vez más inteligente, y solo profundizando en ellas será posible ponerlas al servicio de todos y del desarrollo actual y futuro.

El mayor desafío de la radio está en reinventarse de modo constante.

María del Carmen ha dejado una obra creativa donde todavía están los latidos de Radio Sancti Spíritus.

Sin dudas, no soy fundadora de la Radio en la provincia, porque reitero, llegué al medio en 1979, y Radio Sancti Spíritus comenzó en 1945, sin contar el tiempo que antes transmitió en Trinidad; pero me siento continuidad de aquellos que hicieron los primeros intentos radiales al inicio de 1920, cuando en nuestro territorio se escucharon por primera vez las transmisiones de la CUCU la 6 KW, el 9 de marzo de 1923, casi al unísono del inicio de la expansión de las ondas radiales en América.

Hoy siento la sana emoción de ser parte de la hoy CMGL porque es el resultado de aquellos realizadores que en distintas generaciones hicieron radio con inteligencia, entusiasmo, creatividad, amor hacia los demás y hacia otras obras, los que quisieron recrear e informar con sabiduría al expandir sus ideas, sus buenos sentimientos, en la mayoría de los casos con educación y desarrollo cultural, para compartirlos con otros, a través de los descubrimientos técnicos y los desafíos que la vida les iba imponiendo tanto a ellos, como al arte y a la ciencia.

Entre mis preferencias en este único mundo he tenido siempre a mi familia, las amistades, las buenas personas que me rodean, la naturaleza y su belleza estética, sus animales, plantas y flores, junto a los libros, con las artes, las lenguas y sus historias, los medios de comunicación, en especial la radio, la televisión y el cine, porque por encima de todo me acompañan.

Me siento una comunicadora, creadora en cualquier medio, y en Radio Sancti Spíritus he tenido la suerte de realizarme con libertad. A ella debo la oportunidad del agradecimiento y de haber recibido esa misma bondad de muchos, en especial de los mejores.

¿El más grato sabor que me ha dejado? Escudriñar en aquellos que supieron realizarse en sus tiempos, para acercarlo a mi presente, con la perspectiva ilusión de trasladarlo a las futuras generaciones, convencida de que esta es una obra colectiva.

(Tomado de Escambray)

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