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Inolvidable Celia

Celia se convirtió en la primera mujer con rango de dirección en el naciente movimiento 26 de julio.

El movimiento fue de extracción social popular, aseguraba Celia refiriéndose al 26 de julio y contando los preparativos para el desembarco del Granma. Obreros, campesinos, lo que fue toda esa parte de aquí. “Después se organizó la Resistencia cívica, que fue de otra clase social y de la pequeña burguesía que nos ayudaba. Yo penetré a sacar plata porque tenía relación con esa gente, pero no conocían del Movimiento, ni en los centrales azucareros tampoco. Era de base trabajadora y campesina”.

Félix León anduvo alzado desde 1933, bajo las órdenes de Crescencio Pérez, en la lucha contra el dictador Machado. Cuando la sublevación popular derrotó al dictador, Fulgencio Batista dio su primer cuartelazo y siguieron luchando en las lomas del Oriente, pero no encontraron apoyo. Ya era 1955 cuando Crescencio, se le apareció y le habló de Fidel, que se estaba preparando para venir. Pero Félix León contestó escéptico: Eso lo creo, cuando llegue. Es hijo de ricos.

“Después supe que la hija del Doctor Sánchez estaba organizando la lucha contra Batista y fui pa lla y me puse a sus órdenes. Me enteré que el asunto era que ella estaba creando una red clandestina para ayudar a los expedicionarios. Pero yo estaba jíbaro con eso de la política y la lucha. Un día me preguntó si yo no quería seguir colaborando y le hablé con sinceridad:

Celia, mija, porque ella podía ser mi hija, estoy escamao. El Papá de ese abogado es terrateniente. A él no le hace falta el dinero.

No, León, esta vez será distinto. Fidel no es hombre al que le interese el dinero, él busca la dignidad, fue la respuesta de ella.

Bueno, pues “Celia me dice, hazme una lista de gente de tu confianza, que puedan ayudar y yo pego a escribir. En Mota Pepe Guevara, en el mulato Eutimio Guerra, ese cabrón me hizo quedar mal, porque después cogió plata de los batistianos y denunció por dónde andaba Fidel, pero lo descubrieron y lo ajusticiaron a tiempo. Pero Celia y Fidel no me quitaron la confianza y yo seguí con ellos y bajé de la Sierra y trabajé directamente con ella hasta que me entro la majomía de regresar para las lomas y ella me dijo: bueno, esté bien, en todas partes hacen falta gente de confianza. Y nunca me sentí solo, porque ella me hacía saber, desde lejos, que estaba al tanto de mí. A esa criatura siempre le gustó hacer el bien”.

¿Cómo fue llegando Celia a esas convicciones? Sin dudas, hay una gran influencia de su padre, pero ella tomó sus propias decisiones, tal como lo explicó después: Yo nunca fui a votar, ni saqué cedula, ni nada porque no me dio la gana. No conté con nadie. Las ideas mías eran mucho más allá de todo, eran muy profundas, discutía mucho también, y me creían una loca en las ideas, como que era idealista en liberarnos del imperialismo. Yo veía la liberación de Cuba, liberarnos.

Es cierto que el prestigio del padre de Celia, las relaciones de la familia con los miembros más adinerados de la comunidad, su encanto y simpatía y el ser miembro de la clase privilegiada, serán aprovechados por ella para obtener fondos para la lucha, pero según sus propias declaraciones, sabía que aquellos no eran apoyos desinteresados:

“Yo siempre sabía que con esas mentalidades no llegábamos a nada, aclaró rotunda. Desde los primeros días, cuando ya se sabía del desembarco y todo, que como un problema de humanidad, de salvar aquella juventud loca y en lo que nos habíamos metido nosotros, darle dinero para que se fueran, que se fueran y que se fueran. Salvarles nada más. Salvarles la vida y que se fueran y a costa de esto yo cogía dinero. Decían que Fidel estaba disfrazado de carbonero y que iba a salir de la Sierra. Yo haciéndome la que sabía y que no podía decir, pero para que dieran. Los asesinatos de los expedicionarios del Granma, los conmovieron un poco, los motivó a que se acabara todo eso.

“Cuando iba a venir el avión de Costa Rica, nosotros recibimos en la Sierra un papelito, que nos decían que necesitaban diez mil pesos para el avión, que era lo único que necesitaban ya para llevar las armas a la Sierra y yo mandé a Aguilerita, que fuera a ver a Pedrito Álvarez, mi cuñado y a Arcos de parte mía y que dieran eso. Los dio Pedrito. Ya la gente tenía confianza en nosotros, lo que sí tuvieron una confianza equivocada. Ellos primero pensaron que nosotros podíamos invadir sus industrias, empezar los problemas personales, las venganzas, todas esas cosas y pensaron como un respaldo si eso pasaba, estaban bien con Dios y con el diablo, vaya, daban dinero por aquello. Y yo siempre me valí mucho de La historia me absolverá, que se la di a todo el mundo para que se la leyeran, pensando siempre que el día que triunfáramos o algo, me iban a sacar todo eso y yo dije: yo no engañé a nadie. Y a mí Manolo Arcos, aquí, me quiso ver antes de irse y que me quería ver y Fidel, pero velo. Mira yo no quiero enfrentarme con él, porque yo arrastro muchas cosas que después le hice y que lo embarqué muchas veces. Y entonces vi a Manolo Arcos y me dice: Celia, me voy, pero te quería ver para decirte que me engañaste. Dígole: no, se engañó usted, yo nunca lo engañé, yo a usted le di La historia me absolverá a leer y no se está cumpliendo más que lo que Fidel dijo en La historia me absolverá. Yo nunca lo engañé, usted si se va es porque quiere, pero este es el mismo programa que yo le di a usted”.

No fue fácil para ella decidir renunciar a la maternidad, mantenerse libre de ataduras emocionales a pesar de sus atractivos y los muchos enamorados que tuvo, aunque la muerte inesperada, en más de una ocasión, anduvo interrumpiendo amores. Todo fue quedando a un lado para poder entregarse plenamente a su ideal. Aunque sus amistades y familiares luego confesarían la convicción de todos de que no había hombre para Celia. Tan peculiar y fuera de las normas femeninas de la época la consideraban. La familia la apoyó por el gran respeto y cariño que ella se había ganado, pero no siempre hubo coincidencias plenas en formas de pensar, en criterios y ella tuvo que sacrificar, en más de una ocasión, la tranquilidad de su padre para ser consecuente con el camino emprendido. Únicamente su fe en que ahora sí se podía hacer algo definitivo explica su abandono del padre que había cuidado con desvelos maternales. Un verdadero acto de clarividencia inspirado seguro en el respeto que le inspiraba la actitud de Fidel con el asalto al Moncada y su persistencia en la lucha.

(Fragmento del libro Los amores de Celia, de la autora)

Soledad Cruz Guerra
Soledad Cruz Guerra
Periodista, ensayista y escritora cubana. Trabajó en Juventud Rebelde como una de sus más sobresalientes articulistas. Fue la representante Cuba en la UNESCO.

3 thoughts on “Inolvidable Celia

  1. Estimada Soledad Cruz,
    Agradezco me diga si Crecencio Perez q se menciona en su articulo, era el hermano de Mongo Perez, quien protegio a Fidel y otros compañeros despues del desembarco del Granma.
    Me interesa mucho poder intercambisr con usted sobre esa familia d Crecencio y Mongo.
    En una entrevista q se le hace a Celia, ella menciona a Mongo Perez, quien tambien era de la zona d Media Luna.
    Me puede escribir a:
    vivian.menendez63@gmail.com
    Cel 53 54125684

    Celia siempre presente!!!!!!
    Muchas gracias,
    Vivian

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