COVID-19

La lengua en tiempos de coronavirus

Una nueva pandemia —“enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”— amenaza a la humanidad: en su aún corta existencia ha cobrado, sin embargo, un significativo número de vidas. Los coronavirus, virus de la familia Coronaviridae, provocan enfermedades en mamíferos y aves; en los seres humanos provocan infecciones respiratorias normalmente poco graves como los resfriados; aunque han sido causa de otras más graves como el SARS, el MERS y ahora la COVID-19, que pueden ser mortales. Deben su nombre al parecido con la corona solar. El término se usa en el lenguaje científico desde 1968.

La Organización Mundial de la Salud ha propuesto para la identificación de este virus, de rápida propagación, el acrónimo COVID-19, formado coronavirus + disease, “enfermedad” + [20]19; comoquiera que por su reciente creación, aún no se ha lexicalizado, se recomienda su escritura en mayúsculas; aunque, si con el tiempo se convirtiera en el nombre común de la enfermedad, pasaría a escribirse en minúsculas: covid-19.

Su plural es invariable: los coronavirus. Comoquiera que COVID-19 se traduce literalmente como “enfermedad del coronavirus”, su género es femenino; aunque resulta frecuente el empleo del artículo masculino. Por supuesto, ni coronavirus ni COVID-19 han entrado al diccionario académico; pero sí han sido recogidas en el prestigioso Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico, de la Universidad de Salamanca, España (dicciomed.es).

Teniendo en cuenta que, de acuerdo con la Ortografía de la lengua española (2010), los prefijos van unidos a la palabra que afectan, se escribe, en este caso, anticoronavirus, sin guion; pero anti-COVID-19, pues se usa este signo cuando el prefijo va seguido de una sigla.

Entre las principales recomendaciones para prevenir la enfermedad está el uso del nasobuco, de naso, del latín nasus, “nariz” + buco, del latín bucca, “boca”, que, aunque tampoco aparece aún en el Diccionario de la lengua española (DLE, 2014), resulta más exacto que el cubanismo tapabocas, “mascarilla para proteger de agentes patógenos o tóxicos” y “mascarilla del médico”.

La Fundación del español urgente (Fundéu) recomienda el empleo del verbo cuarentenar, derivado del sustantivo cuarentena + el sufijo -ar —procedimiento habitual en nuestra lengua para la formación de verbos a partir de sustantivos— con las acepciones de “llevar a cabo una cuarentena” o “poner a alguien en cuarentena”.

Deben distinguirse, además, medicar —del latín medicāre, con el significado de “administrar o prescribir medicinas”— de medicalizar, “dotar algo —por ejemplo, un medio de transporte o local— de lo necesario para ofrecer asistencia médica” y “dar carácter médico a algo”.

De igual modo, deben diferenciarse tasa de mortalidad —“proporción entre el número de fallecidos en una población durante un determinado lapso de tiempo y la población total en ese mismo período”— y tasa de letalidad o tasa de mortalidad específica —“cociente entre el número de fallecimientos a causa de una determinada enfermedad en un periodo de tiempo y el número de afectados por esa misma enfermedad en ese mismo periodo”.

También se emplean cotidianamente sintomático y asintomático en referencia a los casos que presentan o no síntomas de la enfermedad.

De modo que, el coronavirus —como otras enfermedades, epidemias y pandemias—, como fenómeno social, también deja su huella en la lengua, pues requiere del empleo de una serie de vocablos asentados en el uso y genera la aparición de otros.

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María Luisa García Moreno
Profesora de Español e Historia, Licenciada en Lengua y Literatura hispánicas. Periodista, editora y escritora.

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