FOTOCRÓNICAS

Los minuteros del Capitolio

¡Qué hermoso ha quedado el Capitolio de La Habana!  Su monumental frontispicio, la escalinata, estatuas, los jardines… todo resplandece igual que en 1929 cuando se inauguró.  Sin embargo no encontramos a los “minuteros”,  aquellos fotógrafos que con su cámara mágica formaban parte de este entorno y les daban a los guajiros una prueba fiel  de su andar por la Habana, o a los novios  jurándose  amor eterno delante del acrópolis capitalino o  a  los turistas junto a una edificación realmente  maravillosa. A todos ellos el minutero  brindaba un recuerdo ineludible.

Los minuteros sobrevivientes en este 2020 han sido desplazados al Parque Central  donde, para sorpresa y curiosidad de cuantas personas recorren el lugar,  mantienen en Cuba  el arte tradicional de la fotografía química en blanco y negro, realizando su trabajo de forma milagrosa casi sin recursos, ni  ayuda oficial. De ellos van quedando José del Toro Hernández, el Pepe, su hermano Yomar, y José Abudio. Utilizan viejos equipos de fuelle y cajón, construidos y mantenidos por ellos,  los cuales son al mismo tiempo cámara y pequeño laboratorio fotográfico artesanal. Así captan imágenes que venden a los visitantes y transeúntes, antes por 25 centavos o cinco pesos, y actualmente por tres pesos convertibles.

La cámara de fotógrafo minutero tiene en su interior unas pequeñas cubetas donde se realiza el revelado y fijado de las instantáneas.   (Dibujo  de  J. A. del Giorgio Jardel en su obra Fotografia. Manuales Hobby  Buenos Aires. 1945)

Conversando con Pepe supimos que su familia empezó en este giro a finales de los años treinta del siglo pasado en la zona del Capitolio.  Su padre le dio la seña y la cámara, mas su joven hijo, ahora presente en nuestro encuentro vespertino, se muestra más motivado por su smartphone y su MP4 que por los añejos equipos y las técnicas fotográficas de su padre y de su abuelo.

Para atraer clientes, tiene un eslogan frecuente: “su foto romántica”, que refiere no sólo a un momento de idilio feliz en pareja o a un recuerdo de vivencia importante, sino también al romanticismo de una profesión que él ama profundamente y que se resiste a dejar morir. Una vez en una entrevista que le hicieran dijo que estaba allí  porque quería más a su cámara Speed Graph que a su propia mujer.

UNA ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCION

Desde los primeros años del siglo veinte fotógrafos minuteros poblaron la Plaza de la Fraternidad Americana, la zona de la Fuente de la India o de la Noble Habana y el Capitolio. Ahora quedan tres en la zona, quienes en los últimos años han tenido que dar batalla para no ser borrados del mapa, por extraños designios de arquitectos e inspectores. A Eusebio Leal y a los periodistas del equipo de Comunicación de la Asamblea Nacional, que ahora radica en el Capitolio, les agradecen las lanzas batidas por mantenerlos.

La cámara fotográfica de minutero que utiliza Pepe actualmente en áreas del Parque Central de La Habana (Foto: Jorge Oller)

Los minuteros hacen memorias y son ellos mismos una memoria urbana en La Habana. Aunque no todos se retraten, cada día decenas de transeúntes se interesan por las cámaras y su funcionamiento. A muchos les parecen objetos escenográficos o artefactos extravagantes en estos tiempos de teléfonos inteligentes, Facebook Live y cámaras fotográficas digitales capaces de conectarse en el instante a redes globales.

José trabaja con lo que encuentra. Prepara sus propios reveladores acorde al peso del papel fotográfico que consigue y los ingredientes disponibles: hiposulfito, bromuro, etc. Nos mostró una caja de papel ORWO, hecho en la antigua República Democrática Alemana, que está empleando ahora a modo de prueba.

Su cámara está formada por parte de una Speed Graphic  de fuelle de los años cuarenta, su lente y una tapa rústica que utiliza en lugar del obturador original. Su método es a puro cálculo, no sólo para las fórmulas de revelador-fijador, sino también para los tiempos de exposición que regula quitando y poniendo la tapa del lente. Un visor superior que funciona a modo de lámpara de seguridad le permite apreciar el proceso de revelado e impresión de la copia que él obtiene,  introduciendo las manos mediante unas mangas oscuras.  Así trabaja a cielo abierto  como si estuviera dentro del cuarto oscuro del laboratorio fotográfico.

Pepe ahora realiza fotos de “memoria escénica” clásica, gente de pie frente al Gran Teatro Alicia Alonso de La Habana y como fondo en lontananza el Capitolio. En los años noventa y ochenta, estos fotógrafos hacían fotomontajes a pedido de los clientes, quienes deseaban aparecer retratados junto a personajes célebres. Este fotógrafo callejero conserva recuerdos de muchos reportajes, documentales y entrevistas que le han hecho a su padre y a él mismo junto a su cámara.  Con particular énfasis habló de ¡Quietos… ya!, obra del documentalista cubano Guillermo Torres, que en 1987 revivió a los minuteros de La Habana, cuando solo quedaban nueve en activo. En fecha reciente, Pepe reapareció en un reportaje televisivo hecho por Julio Acanda y en varios trabajos a cargo de jóvenes periodistas capitalinos.

FOTOGRAFOS ARTISTAS Y ALQUIMISTAS

Desde que se introdujo el retrato al daguerrotipo en Cuba en enero de 1841 hasta aproximadamente 1878,  el arte fotográfico y la alquimia artesanal andaban de la mano. Momentos antes de hacer el retrato, los propios  fotógrafos tenían que preparar y sensibilizar sus placas, exponerlas en la cámara y revelarlas inmediatamente después, estando aun húmedas, porque de secarse perdían la sensibilidad. No obstante estas dificultades, en las 19 galerías existentes en La Habana, de ellas las diez más lujosas ubicadas en O’Reilly, conocida como la calle de los fotógrafos, se lograban excelentes imágenes, complaciendo los gustos mas exigentes de ricas familias ricas habaneras.

Entonces casi no existían fotógrafos de calle. Era toda una odisea retratar fuera de la galería pues además de la cámara tenían que llevar consigo el laboratorio que levantaban en una tienda de campaña para “fabricar”  sus planchas y desarrollar la fotografía. En ocasiones especiales, algunos se atrevieron a enfrentar tales retos y así nos legaron por ejemplo la primera panorámica de la ciudad de La Habana,  captada por  Osberto Burr Loomis. Esta fue titulada “Panorama fotográfico de la Habana y sus alrededores  tomada desde el asta de la bandera de la Cabaña con autorización suprema del gobierno, dedicada al Sr. Excmo. Francisco Serrano y Domínguez, Conde de Santa Clara”. (Gaceta de La Habana jueves 11 de abril de 1861). También la ceremonia del derribo de las murallas de La Habana, captada el sábado 8 de agosto de 1863 por  Narciso Mestre,  ayudado por su padre y su hermano Esteban. En esta foto se retrató por primera vez en público un Capitán General de la Isla (Domingo Dulce), según reseñó al día siguiente el Diario La Prensa.

En 1871 los científicos lograron una emulsión sensible seca que permitió la fabricación industrial de placas listas para usar en cualquier momento y una vez expuestas revelarlas en otro lugar. En Cuba se usó casi inmediatamente,  a juzgar por una crónica publicada en el Diario de la Marina en 1872, donde se menciona la presencia de un “fotógrafo de playa” que retrataba barato y en solo diez minutos en el balneario “El Progreso” y los baños de mar públicos del Vedado . Allí se reunían las familias para disfrutar del verano o de los fines de semana. Este fotógrafo, cuyo nombre desconocemos, iniciaría la llamada “popularización de la fotografía” y las diversas especialidades de los fotógrafos de calle.

El avance que la placa seca produjo en la fotografía fue extraordinario pues  se ganó en calidad, facilidad, baratura y el surgimiento de los fotógrafos de calle que sin necesidad de galerías, ni muchos recursos, ni conocimientos artísticos o fotográficos llegaban a las clases mas humildes sin necesidad de asistir a las suntuosas galerías de retratos.  De otra parte, las ganancias de estos estudios se vieron afectadas por la cantidad de competidores callejeros que retrataban en su ambiente, tanto a ricos como a los más humildes.

De los fotógrafos de calle surgieron nuevas especialidades, entre ellas los primeros reporteros gráficos,  Higinio Martínez, de La Caricatura; Juan Steegers,  de La Lucha, y  José Gómez de la Carrera,  de El Fígaro; los primeros minuteros que recorrerían playas y plazas con sus cámaras-laboratorios, y los llamados banqueteros que se dedicaban a inmortalizar los frecuentes banquetes que se efectuaban en La Habana.

El próximo mes de abril se cumplen  180 años del primer ensayo fotográfico realizado en Cuba por Pedro Téllez y Girón, hijo del entonces Capitán General de la Isla, quien captó por medio del  daguerrotipo una vista de la Plaza de Armas de La Habana (Noticioso y Lucero 5 de abril de 1840). Vaya con esta fotocrónica de hoy un modesto y sincero homenaje a los continuadores, los fotógrafos minuteros que con química y arte mantienen las técnicas que hicieron famosa y popular a nuestra fotografía.

Oller (d), junto a José del Toro Hernández, El Pepe, uno de los fotógrafos minuteros sobrevivientes,  en el Parque Central de  La Habana (Foto: J.A.Martín)

 

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Jorge Oller Oller
Fotógrafo, reportero gráfico. Fundador de la Unión de Periodistas de Cuba y del Periódico Granma. Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la Vida. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

One thought on “Los minuteros del Capitolio

  1. Excelente historia, de nino veía muchos fotógrafos con su caja alrededor del capitolio. Tengo una foto minutero de mi esposa y hija en la escalinata del capitolio. Historial muy instructiva e interesante.

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