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Delcy, no; los vuelos de la CIA, sí pudieron pisar suelo español y europeo

¿El zapato de la vicepresidenta Delcy Rodríguez pisó algún centímetro del suelo español al hacer escala con su avión privado en el aeropuerto de Madrid, camino a Qatar?

Desentrañar ese enigma de tan alto calado político se ha convertido al parecer en algo vital para el futuro de la españolas y españoles. Mucho más importante que el paro, la violencia de género, los desahucios, el cambio climático o la corrupción.

Y es que de confirmarse que sí lo ha pisado se probaría, una vez más, la complicidad criminal que tiene con la ultratiranía venezolana el peligroso gobierno español de coalición comunistabolivarianoseparatista que ilegítimamente usurpa el poder.

La supervivencia del ministro Ábalos y de todo el gobierno ilegítimo y felón está en juego. Se trata de una cruzada para salvar a España y a toda Europa.

Por ello se entiende que los líderes del PP, Vox y Cs, esos salvadores de los valores patrios y de la civilización occidental y cristiana, escudriñen con lupas y perros especializados cada partícula de la franja que discurre desde la pista de aterrizaje del avión de la terrorista venezolana y la zona internacional de tránsito del aeropuerto de Barajas.

Se trata de comprobar si en algún momento la peligrosa Delcy Rodríguez osó traspasar algún milímetro hacia suelo español, y por ende, a suelo europeo.

Y en esa tarea las fuerzas de la derecha salvadora han contado con su fiel infantería mediática y hasta con la inesperada colaboración de reconocidas y reconocidos periodistas que interrogaron (sí, no entrevistaron, interrogaron) al ministro Ábalos en programas de televisión exhaustivamente para desmontar su coartada.

La UE no deja pisar suelo europeo a la vicepresidenta Delcy Rodríguez y a otra veintena de funcionarios venezolanos por una resolución adoptada por el Consejo Europeo del 13 de noviembre de 2017 -complementada y prorrogada en 2019- que establece en su Capítulo II, Artículo 6:

1. Los Estados miembros adoptarán las medidas necesarias para impedir que entren en su territorio o transiten por él:
a) las personas físicas responsables de violaciones o abusos graves de los derechos humanos o de la represión de la sociedad civil y la oposición democrática en Venezuela;
b) las personas físicas cuya actuación, políticas o actividades menoscaben de otro modo la democracia o el Estado de Derecho en Venezuela”.

El Consejo consideró que la vicepresidenta Delcy Rodríguez entraba en esta segunda categoría por su carácter relevante en el Gobierno de Nicolás Maduro y la incluyó en la lista de 25 personas que no pueden entrar o transitar por territorio europeo.

Paralelamente, el ministro de Turismo venezolano, Félix Plasencia, quien viajó en el mismo avión que ella, sí pisó suelo español, asistió sin problemas a FITUR, e incluso posteriormente participó en la cena de gala que tuvo lugar en el Palacio de Cibeles en conmemoración del 40º aniversario de la feria.

Posteriormente hizo declaraciones en las que se mostró honrado de haber coincidido con Felipe VI.

Una cena, por cierto, organizada por el Ayuntamiento de Madrid y en la que también estaba presente el alcalde Martínez-Almeida y otras autoridades municipales, las mismas que pocas horas después rendían honores de jefe de Estado y le otorgaban la Llave de Oro al autoproclamado ‘presidente encargado’ Juan Guaidó.

¿Tal vez Casado, Abascal y Arrimadas tendrían que pedir también la cabeza de Martínez-Almeida?

Se ha convertido sin duda en un sospechoso.

La misma UE que permitió las escalas de 1.080 vuelos de la CIA  transportando personas secuestradas a prisiones secretas.

España y la Unión Europea en su conjunto siempre han sido muy escrupulosas con la defensa de los derechos humanos a la hora de determinar quién puede y quién no puede pisar su suelo.

Basta recordar la postura que tanto España como Europa mantuvieron al respecto durante la Guerra contra el Terror de George W.Bush después de los atentados del 11-S.

Ni España ni Europa podían estar al margen de una cruzada semejante con la que se iba a salvar a la humanidad cristiana y occidental.

Por ello, no tuvieron reparo alguno para permitir que en decenas y decenas de sus aeropuertos civiles y militares hicieran escala desde 2002 y hasta al menos fines de 2005 aviones camuflados de la CIA transportando prisioneros secuestrados con complicidades de autoridades locales en Suecia, Italia, Macedonia, países de Medio Oriente, África y Asia.

Su destino: la base naval estadounidense de Guantánamo o prisiones secretas en distintos países, bases militares o buques de guerra. Algunas de estas estaban en Europa, en Polonia y Rumanía.

A pesar de los grandes obstáculos que tanto España como Europa pusieron a las investigaciones parlamentarias y mediáticas sobre los vuelos de la CIA, finalmente pudieron llevarse a cabo dos amplias e importantes investigaciones europeas.

Una de ellas, la del Parlamento Europeo, presidida entonces por el eurodiputado socialista italiano Claudio Fava, y otra del Consejo de Europa, encabezada por el fiscal suizo Dick Marty.

La del Parlamento Europeo concluyó en su informe de 67 páginas presentado en 2006, que de las 1.080 escalas de los aviones de la CIA en territorio europeo, los aeropuertos de Alemania fueron los más utilizados, seguidos por los del Reino Unido, Portugal, Irlanda y en quinto lugar España.

En total fueron 125 las escalas realizadas por los aviones de la CIA en suelo español, en aeropuertos de las islas Canarias, islas Baleares, Ibiza, Madrid, Barcelona, Alicante, Valencia, Málaga, Sevilla y Vigo.

En cuanto a las conclusiones de la comisión de investigación del Consejo de Europa, el fiscal Marty encontró suficientes pruebas para acusar a al menos 14 países -entre ellos Polonia, Rumanía, Reino Unido, Suecia, Italia, Macedonia, Alemania, España, Turquía y Bosnia-Herzegovina- de complicidad activa o pasiva en las operaciones de la CIA.

La flota de aviones camuflados de la CIA  hizo 125 escalas en aeropuertos españoles.

El caso de los vuelos de la CIA que llenó portadas y debates parlamentarios en Europa en aquel momento, salpicó en el caso español no sólo (y muy principalmente) al Gobierno de José María Aznar, sino también a los dos primeros años del de José Luis Rodríguez Zapatero que heredó esa patata caliente. A pesar de las pruebas irrefutables, nadie ha pagado hasta ahora ni penal ni políticamente por ello, como en la mayoría del resto de países europeos implicados.

Muchas de esas escalas no eran sólo técnicas, servían en algunos casos como ‘reposo del guerrero’ de los estresados agentes de la CIA, después de dejar a sus presas en manos de los torturadores.

Gracias a la impunidad con la que actuaban en territorio español como en el resto de Europa, y a su despreocupación por dejar rastros, se pudo llegar a identificar a algunos de los que estuvieron en España -que utilizaban pasaportes diplomáticos- tras localizarse dónde se alojaban, en hoteles como el Gran Meliá Victoria, de Palma de Mallorca, o el Marriot’s Club Son Antem-Llucmajor.

Se pudo comprobar que cerca de 50 agentes de la CIA se hospedaron en esos hoteles después de hacer escala en el aeropuerto de Son Sant Joan, en Palma de Mallorca.

En el juicio que se siguió en España por el caso de los vuelos de la CIA la acusación popular aportó también al juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno la identidad de 13 agentes del Boeing-737 que hizo escala en ese aeropuerto el 22 de enero de 2004, el aparato que utilizaron para secuestrar poco después al alemán Jaled el Masri en Macedonia y trasladarlo posteriormente a una prisión clandestina en Bagdad.

Esos agentes eran John Decker, Héctor Lorenzo, James Fairing, Jason Franklin, Lyle Edgard Lumsden, Michael Grady, Eric Fair, Bryan Charles, Kirk James Bird, Walter Gressbore, Patricia Riloy, Jane Payne y James O’Hale.

Los cientos de agentes de la CIA que participaron en aquella amplia operación encubierta de la era Bush que contó con tanta complicidad española y europea sí pudieron hacer escala en suelo europeo.

Lo pisaron como lo han pisado y pueden seguir pisándolo sin correr peligro alguno -incluso muchas veces sobre alfombras rojas- los descuartizadores del periodista y opositor saudí Jamal Khashoggi; los responsables del genocidio en Yemen; los responsables del genocidio palestino; los que reprimen, violan y dejan ciegas o ciegos y matan a manifestantes en Chile; los que matan a sus enemigos sentados en sus butacas cómodamente a miles de kilómetros de distancia a través de sus drones; los responsables de las muertes de cientos de activistas sociales, políticos y defensores de la tierra en Colombia, Brasil, Honduras, y asesinos de tantos orígenes.

Todos ellos sí pueden entrar a España y al resto de Europa.

Es que no es comparable, ellos no son peligrosos, la vicepresidenta venezolana sí, y la derecha española hace bien en velar como siempre, como lo viene haciendo desde 1936, por los derechos humanos, la libertad y la igualdad.

(Publicado originalmente en Público, España)

Roberto Montoya
Roberto Montoya
Periodista argentina radicado en España. Es analista de política internacional y autor, entre otras obras, de los ensayos "El imperio global" y "La impunidad imperial".

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