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Los primeros anuncios lumínicos en Cuba

El pionero de los anuncios lumínicos en Cuba, sobre todo en su aplicación al cine, lo fue José García González, quien a finales del pasado siglo desarrolla sus actividades en el incipiente giro de los anuncios comerciales.

Tales anuncios los coloca inicialmente en parques y azoteas. Después, los introduce en los primeros cinematógrafos que se instalan en La Habana.

De su taller salen los primeros anuncios lumínicos hechos con bombillos, precursores del neón y de las vallas gigantes que hoy conocemos.

Ante el éxito de este sistema publicitario, García González decide llevarlo al cine. Fabrica entonces los llamados “artísticos cristales”, conocidos también como clisés o vistas fijas, principio en el que se basa para crear el Anunciador Comercial, especie de valla propagandística.

La historia de su Anunciador Comercial se inicia en la azotea del Hotel Telégrafo, pero la lejanía entre la pantalla transparente y el público, al tener este edificio dos plantas, hizo que las imágenes proyectadas se apreciaran con dificultad por ser muy pequeñas.

Esta situación provoca que el Anunciador fuera trasladado a los altos de la Manzana de Gómez, edificio de una sola planta en esa época, desde donde la visibilidad era perfecta.

El Anunciador Comercial, que acogen favorablemente los habaneros, tiene cinco telones: dos a cada lado para cristales o vistas fijas y un telón central para proyectar películas. En él, La Habana disfruta de películas como El viaje a la Luna, de George Melies, y El perro policía y otras comedias de Max Linder. Un reloj gigante en la parte superior de la estructura, mantiene informado al público de la hora exacta y una bandera con las iniciales AC (Anunciador Comercial) corona el conjunto. García González también edita un boletín que envía a los patrocinadores del Anunciador, dándoles a conocer su actividad.

Al mismo tiempo que se ocupa del Anunciador consigue la exclusiva de todos los quioscos de La Habana para situar sus anuncios, principalmente en el Parque Central y en el Paseo del Prado. Sus patrocinadores en este empeño son los empresarios de los cigarros Aguilitas, Cabañas y Susini, el agua mineral La Cotorra y el Agua Apollinaris.

Sobre uno de estos anuncios José García (hijo), dice: “A pesar de los años transcurridos, guardo fresca en mi memoria la impresión que causó un anuncio lumínico del Agua Apollinaris, colocado en la azotea del Teatro Tacón. Consistía en una botella, cuyo tapón, al saltar, hacía que el agua se derramara. El realismo conseguido con la combinación de los bombillos fue tal, que hasta el policía de servicio en la zona del Parque Central, se asustó”. En esta ocasión se emplearon por vez primera bombillos de 10 watts para producir la ilusión del movimiento. La prensa de la época comentó entusiasmada el hecho y lo consideró un paso de avance.

Al iniciarse la ampliación de la Manzana de Gómez, el propagandista traslada su centro de acción para el Teatro Tacón, donde permanece por varios años, hasta que se establece en la calle Neptuno. Entonces había obtenido que el Partido Conservador le confiara la responsabilidad de la campaña publicitaria a favor del aspirante presidencial Mario García Menocal. La fórmula de éxito que encuentra es ofrecer al público el resultado de los escrutinios al momento de producirse, objetivo que lograba mediante la comunicación directa con la redacción del periódico El Mundo.

Los anuncios de García González aparecen sucesivamente en las oficinas de la compañía de películas Universal, y en las vallas que rodean las obras de construcción del Centro Asturiano. Además se le conceden los telones de los teatros La Comedia y Molino Rojo, más tarde Radio Cine.

García González no tardó en advertir las grandes posibilidades del cine como medio informativo y se convirtió en camarógrafo.

En 1911, Estados Unidos contrata sus servicios para realizar un reportaje sobre la construcción de una ataguía, que pondría a flote el acorazado U. S. Maine, volado por ellos mismos en la Bahía de La Habana en 1897. En 1912, cuando se procede al remolque y hundimiento en aguas profundas del buque de guerra, García González, en compañía de Enrique Díaz Quesada, proclamado por la crítica como el “padre de la cinematografía cubana”, filmó todos los detalles de la operación en alta mar.

Entre 1925 y 1928, adapta el Cronofotógrafo a una maquinaria de relojería, con lo que consigue hacer ensayos de animación en pequeños anuncios.

Más tarde adquiere un equipo reproductor de sonidos, construido en Francia por Jorge Mendell, aplicable a películas y que se adelanta muchos años al procedimiento Vitaphone, de los hermanos Warner. Este aparato, llamado Sincrob o Cinematophon, funciona gracias al acoplamiento de un diafragma a una bomba de aire que permitía amplificar el sonido de forma que se escuchara a grandes distancias.

José García González también introdujo en Cuba el Disolventes, una especie de linterna doble para la proyección de vistas fijas en colores que eran fabricadas en Alemania y Francia.

El Anunciador Comercial dejó de existir poco tiempo después de la muerte de su creador, pues se vio limitado por la competencia, y perdió vigencia definitivamente a la llegada a nuestro país en 1950 de la televisión. Por Arturo Agramonte. (Publicado en revista Upec. año V, no. 20, 1973, pp. 62-63).

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