DE TODO EL PAÍS

Alfredo Carralero: El “olor” de la noticia

Foto: Juan Pablo Carreras

Por Jorge Suñol Robles

Puede que el“Carra” me juzque por este “desorden” gramatical. Me diga: “Este lead está enredao”. Y me edite párrafos, palabras, repeticiones, al estilo de un cable de agencia, y yo lo aceptaré, porque esta es su historia, su momento. Lo dejaré entrar, para que él mismo sea que la cuente, y usted sienta el olor de la noticia, el sabor de sus palabras, el compromiso con el periodismo.

Alguien le llamó romántico, pero yo prefiero tildarlo de apasionado, sincero, entregado en cada unos de sus textos. Dice Alfredo Carralero Hernández que la aventura de ser periodista se trata de motivaciones y mucho amor, de pensar siempre en el público que te lee, te ve, te escucha, te reconoce por lo que haces. Nada más cierto.

En una cercana tarde, recorremos, apresuradamente, parte de su labor en los medios de comunicación, hablamos de sus sueños, sus miedos, sobre Cuba y este constante desvelo de informar.

Nuestro diálogo tiene de fondo muchas razones. Una es el Premio por la Obra de la Vida, que le entregó la Agencia Cubana de Noticias recientemente, donde lleva trabajando alrededor de 37 años. La otra es el 45 aniversario de este medio de prensa, que se celebra este 21 de mayo. Pero nada de esto sobrepasa el objetivo mayor del pacto: quién es Alfredo, de dónde le vino este “bicho” periodístico, qué ha sido lo más difícil en su camino, cómo llegó a donde está hoy.

Marcamos las pautas. Entonces, el fotógrafo graba sus gestos, su mirada puesta en nuestros ojos, mis ojos, y comenzamos a “revolver” su pasado. Cuenta este hombre que el periodismo no lo heredó de familia. Tenía alrededor de 13 años y veía a su padre devorar periódicos y revistas: “En ese momento comencé a tener aquella motivación, sin nada que me dijera, estás cerca, estás lejos. Por aquel tiempo no había becas para las letras, lo que aparecía era becas de materia agrícola, mecánica, electricidad, para la gente de campo”. Alfredo nació en Antillita, poblado de la actual Antilla. Allí, comenzó este sueño.

Fue en 1969 cuando ejerció por vez primera el periodismo, después de terminar un curso de adiestramiento para Corresponsales del periódico Juventud Rebelde (JR).“Entre aquel local del Vedado que era de JR. Allí comencé a oír hablar a quienes más dominaban esta materia, incluyendo a Guillermo Lagarde, un viejo periodista que a los tres meses nos cogió y nos dijo ´tienen que ir hacer algo a la calle´”.

“Y así me fui un día hasta la Empresa Antillana de Acero, tomé los datos y regresé. Aquel profesor me dice: ´tú sabes que tienes buenas inclinaciones, pero tienes que aprender a limpiar, vamos a buscar un lenguaje de origen para interpretar, esto que tú has hecho aquí se puede llevar a noticia, pero mira cuántas cosas tienes que quitar´”. Nunca olvidó esta lección.

“Hay que saber que uno escribe para quien quiera leer, para quien quiera escucharte o verte, por eso hay que escribir con lenguaje interpretativo para eso tres sectores consumidores.

En cada periodista, el empeño tiene que empezar a consolidarse, tienen que ser autocrítico, y mirar con ojo que lo que estoy diciendo es lo real, guste o no guste, pero que esté el realismo por encima de todo, y nunca sentirse conforme, siempre hacerlo mejor”, confiesa.

Luego pasaron las décadas, los medios, llegaron con su firma las páginas de Sierra Maestra, el semanario banense Antorcha. Vino su tiempo en ¡ahora! y se asentó, después, en la ACN. Para Carra el reto mayor radica en “dar con lo que la gente quiere, en el hecho como tal, interpretarlo. Creo que es todos los días, es saber de lo que vas a escribir, el sentido que le vas a dar, a partir de los valores.

“Lo más reconfortante es conocer que tengo que hacer noticia. Nada ha sido difícil, nada puede verse como un acto de imposibilidad, sino más bien de posibilidad.

A partir de ahí es que realmente uno comienza a ver los valores de este oficio. Sentir siempre inconformidad con lo que escribiste, si fueron 10 líneas, 20 o 30, pasar, repasarlo, y entonces convertirse en el propio lector de lo que escribes”, sostiene convencido.

Hay anécdotas que recuerda y llegan a esta conversación. Alfredo estaba en Sagua de Tánamo, corrían los años 90, el río se había desbordado. Desde allí hizo su reportaje Las travesuras de un río, que “inventó” en 20 minutos por teléfono y mandó, contra cierre, a la revista Bohemia.

Un reto, dictar esas cuartillas en tan poco tiempo. “Fue uno de los trabajos que más me motivó, y que más tuve que asumir con esa responsabilidad, porque era una publicación con la cual la agencia tenía convenio”.

Antes de dirigir la ACN en Holguín, Carralero dejó su impronta en las corresponsalías de Sancti Spíritus y Ciego de Ávila. “La agencia es un competencia, tú siempre estás frente a alguien, que si no está apurado, está lejos, pero que va mirar todo lo que estás haciendo”.

Contrario a los que muchos creen, en este medio no existen limitaciones: “Mucho llegan y realmente piensan que es la noticita del día, por decirle un nombre, y entonces no se percatan o no logran incursionar en otras cadenas informativas que tenemos.

Hay servicios especiales, secciones para todas las esferas de la sociedad. Todo eso parte de las motivaciones y la credibilidad de cada periodista. No hay puertas cerradas”.

¿Y el periodismo en Cuba?: “Creo que le hace falta creatividad, romper esquemas. Hay que lograr hacer un buen periodismo a partir incluso de dos niños que pasan por la acera, de las madres cuando buscan a sus hijos los círculos infantiles, aplicarle un sabor literario, que no sea aburrido.

Algo muy importante es el intercambio, que alguien que está al lado, te oiga, te lea lo que tú escribiste. Más nexos, más acercamiento entre unos y otros, y no vernos siempre con rasgos de individualismo”.

“A veces se corren ciertos riesgos con llenar los espacios con textos, sobre todo crónicas. Y cuando tú lo interpretas, te percatas que son oraciones vacías, y realmente las sustancias que usted quiere como lector no se las encuentra.

Se limita solamente un entorno de una actuación personal y no va al contexto general que puede impactar a la sociedad.

Tenemos que responder a una agenda, que es un 75 %, pero te dejamos ese otro por ciento para tú logres presentar un trabajo que vaya más allá de las cosas tradicionales o convencionales.

La Agencia cumple 45 años, un camino donde se han tenido tropiezos, pero seguimos siendo una cadena, un eslabón formador”, comenta.

Este hombre me habla de los que pocos revelan: “El temor es realmente es no hacer la cosas bien y mejor. Para eso uno busca una herramienta, que es interpretar el contenido de eso que yo le llamo ´miedo´ y desecharlo, desecharlo en todo los sentidos.

Defectos tengo bastante. Quizás el mayor ha sido la desconfianza que he tenido muchas veces conmigo mismo y no haber sabido desaparecerla cuándo me enfoco en un trabajo periodístico”.

Estos años dan fe de que hay una generación que está preparada para asumir un periodismo con mucho más rigor, más confianza para expresar con claridad lo que hace la sociedad en sentido general.

Uno tiene que romper ciertas barreras. No pensar que mañana ya mi oficio, se me va interrumpir. La barreras se las ponemos nosotros mismos, que comenzamos a titubear, a buscar razones y justificaciones”, pero la voluntad y la fuerza por esta profesión no se acaban en Carralero, puedo sentirlo.

“No hay ningún sueño como para llegar a terminar una obra, sencillamente que todo lo que he hecho en este tiempo, es preservarlo, cultivarlo, con más amor. Sabes, cultivo más amor por estos días…”.

(Tomado del periódico Ahora)

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