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ENTREVISTA

Pequeña entrevista marxiana a Néstor Kohan

El término “marxiano” para algunas personas podría sonar a extraterrestre; sin embargo, nada más alejado del planeta Martes. Derivado del apellido de Karl Marx, se usa para distinguir y separar de sus concepciones críticas sobre la realidad social, las interpretaciones de sus ideas que vinieron después de su muerte.

Este 5 de mayo “el gran aguafiestas”, como lo definiera la periodista cubana Paquita Armas Fonseca, vuelve a nacer —208 años después de aquel 1818–. Hoy ese alumbramiento sucede en un contexto en el que el capitalismo parecería ser muy diferente al del tiempo de Marx. Aun así, pensadores clave de nuestra época y región como Néstor Kohan siguen apostando y defendiendo la centralidad de sus ideas.

Dialogando con Néstor sobre los problemas y urgencias de nuestro tiempo nació esta “pequeña entrevista marxiana” que ponemos a disposición de los lectores de Cubadebate.

¿Marxista o marxiano? ¿Cuál de los dos términos escogería Néstor Kohan para identificarse? ¿Qué diferencias o contradicciones se han articulado históricamente entre ambos?

Indudablemente marxista. “Marxiano” remite exclusivamente a Marx. “Marxista” a todo el mundo posterior. El vínculo entre ambos resulta polémico. Por varias razones.

A mi modesto entender se ha ido sedimentando toda una “marxología” (que tiene bastante poco de marxista y que ha pretendido convertir a Marx en una momia de museo y una mercancía de consumo exclusivamente universitario).

Sumamente alejada de la erudición sobre Marx que poseían intelectuales militantes como David Riazanov, Franz Mehring, György Lukács, Enrique Dussel y varios más, el elenco principal de la marxología actual se encuentra mucho más cerca de la farándula y el estrellato mediático que de la tradición revolucionaria.

Detrás de la preocupación por los detalles, anécdotas y aspectos menos conocidos de Marx, esta farándula está mucho más preocupada por “el prestigio personal”, “el cartel”, “la marca”, la falsa pretensión de “absoluta originalidad”, despojando a Marx de cualquier peligrosidad para el capitalismo imperialista. Por eso, me parece, habría que distinguir tres términos, no dos.

“Marxiano”, “marxista” y “marxólogo”. Este último posee, a mi entender, un contenido negativo. Pretendiendo convertir al autor de El Capital en una mercancía exótica e inofensiva, es la antítesis misma de Marx y del marxismo.

En segundo lugar, el vínculo que tú señalas es problemático, porque desde la guerra fría instituciones como la CIA y magnates como Rockefeller, impulsaron una estrategia a la que tuvieron la arrogancia de denominar “Proyecto Marxismo-Leninismo”. ¿En qué consistía?  En financiar con abultado dinero, prebendas materiales, cátedras, promoción editorial, etc. a un conjunto de intelectuales para que intentaran demostrar que “el Marx auténtico” es la antítesis del movimiento revolucionario internacional, el comunismo y cualquier ensayo que pretenda llevar a la práctica las ideas de Marx.

Una estrategia contrainsurgente que se acercó a Marx para atacar a todo marxista. El reciente libro de Gabriel Rockhill, a quien tú has entrevistado y que yo recomiendo: ¿Quién pagó a los músicos del marxismo occidental?, aporta abundantes pruebas documentales de ese proyecto de la CIA y el imperialismo.

En tercer lugar, es innegable que en cierta época de difusión del marxismo, algunos manuales resultaron esquemáticos, rudimentarios, simplificadores al extremo y cuestionables. Aun haciendo un balance de inventario crítico hacia aquellos antiguos textos, creo que tenía razón Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel cuando los cuestionó, pero tratando de comprender por qué habían surgido.

Según Gramsci, esos manuales “marxistas”, demasiado alejados del espíritu revolucionario de Marx, conformaban una fase ineludible que toda nueva cultura debe atravesar, si pretende volverse popular y masiva. Gramsci hizo un paralelo con el cristianismo. Los catecismos cristianos son esquemáticos y simplificadores, pero hacían falta para expandir la filosofía cristiana.

Al marxismo le sucedió algo similar. Para no encapsularse en una secta inofensiva y volverse una cultura de masas, el marxismo no tuvo más remedio que apelar a ciertas simplificaciones. Una vez popularizado, habría que dejarlas atrás.

¿Es pertinente para nosotros la crítica de Marx al capitalismo de su tiempo? ¿En qué sentidos esa filosofía de la praxis puede sernos efectiva para interpretar y transformar este mundo?

¡Absolutamente pertinente! Como no hay espacio, te lo resumo brutalmente. Si el grueso de las nuevas derechas contemporáneas (híbrido de neofascismo, neoliberalismo salvaje y extremismo ultraderechista), continúa batallando contra Marx es, precisamente, por la inocultable actualidad de su obra y su pensamiento. El presidente argentino, figurita que llevan de aquí para allá para hablar con Vox en España, en Israel, en Estados Unidos… no deja de atacar a Marx en cada discurso.

En uno declaró a los gritos: “¡Marx es un hijo de p…!” (sic) [el insulto es del personaje]. En otro se animó a afirmar que “Marx era satánico” (sic). ¡En el año 2026! Si están tan obsesionados… es porque El Capital (su concepción materialista multilineal de la historia y su filosofía de la praxis) sigue siendo una obra con enormes sugerencias e hipótesis para comprender la crisis capitalista actual, multidimensional.

La Revolución, una vez más, es amenazada de muerte por el “imperio del mal”: ¿cómo reactivar a la dictadura del proletariado cubana para que prevalezca el socialismo sobre la barbarie y sobre el exterminio? ¿Qué crees que nos diría Marx?

Marx se enorgullecía de haber descubierto tres cosas: (1) el plusvalor bajo su forma general (que engloba ganancia industrial, interés bancario y diversas rentas); (2) el doble carácter del trabajo (“trabajo abstracto” que permite entender el valor, el dinero y la sociedad mercantil capitalista); (3) la necesidad de una fase de transición entre el capitalismo y el comunismo que él denominó “dictadura del proletariado”. Yo creo que después de tantas dictaduras genocidas del siglo XX, Marx hubiera reformulado aquella carta, manteniendo el concepto, pero cambiando el término. A la “dictadura del proletariado”, sospecho, hoy la denominaría “un poder muy fuerte de las clases populares sobre sus enemigos históricos, la burguesía local y el imperialismo”.

No tengo la bola de cristal ni la lámpara de Aladino, pero sospecho que la Revolución Cubana y cualquier sociedad que intente dejar atrás la prehistoria de la humanidad, deberían ampliar todo lo posible los poderes populares, la intervención del pueblo en la toma de decisiones estratégicas y reforzar sus mecanismos de defensa frente al imperialismo. No hay recetas ni formulitas mágicas, pero imagino que ese es el camino (Tomado de Cubadebate).

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Marxlenin Pérez Valdés
Doctora en Ciencias Filosóficas y Profesora Titular de Marxismo por la Universidad de La Habana. Guionista y conductora del programa de televisión Cuadrando la Caja. Actualmente Coordinadora de Planificación Editorial de IDEAS Multimedios.

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