El recientemente otorgado Premio Nacional de Artes Plásticas a Roberto Salas, no solo reconoce los extraordinarios valores estéticos de su obra: también se confirma la feliz confluencia que alumbró ese auténtico movimiento que fue la fotografía de la épica cubana. Era documento, era periodismo… y era arte. Épica y época.
Salas fue uno de los exponentes de ese conjunto emblemático de la cultura, consolidando sus credenciales desde que siendo muy joven sacara a la luz imágenes icónicas.
Como corresponsal en disímiles escenarios, su trabajo trascendió siempre el registro histórico para instalarse en un territorio en el que la sugerencia y el poderoso caudal simbólico convertían cada instantánea en una metáfora visual de la nación toda.
Esa maestría se manifiesta con especial fuerza en su capacidad para recrear matices y captar esencias de los retratados. El retrato, de hecho, es uno de los ámbitos de su realización más plena. Por su objetivo pasaron figuras fundamentales de la historia cubana, despojadas de la rigidez del mito, para revelar una humanidad muy profunda.
Ahí están, por si fuera menester comprobarlo, sus imágenes de Fidel y el Che. No hay allí demostraciones de divismo estilístico. Hay una capacidad para estar y dejar testimonio.
Sin embargo, buena parte de la trascendencia de Salas radica en la amplitud de su mirada y la manera en que se diversifica su creación. Su obra no se detuvo en el fragor de una gesta; transitó hacia la exploración de nuevos horizontes que asumen también el erotismo y la estilización de los cuerpos, demostrando una versatilidad técnica y conceptual que desafía cualquier encasillamiento temático.
Todos los reconocimientos que ha cosechado, y esta medalla que recibe hoy, han sido actos de justicia hacia una trayectoria que ha sabido dialogar con el tiempo y sus transformaciones.
Roberto Salas reafirma, como lo han hecho tantos otros en esta tradición tan sólida del fotoperiodismo cubano, que la fotografía no es un pariente menor en la familia de las artes visuales, sino un lenguaje artístico total, capaz de contener la épica de un pueblo y la delicadeza de una forma pura.
Salas, insistimos, lo ha demostrado a lo largo de los años, y hoy lo celebra consagrado como un maestro que convirtió la luz en memoria.
(Palabras en la inauguración de la muestra fotográfica “Un salón para Salas”).
Imagen de portada: Foto de Omara García Mederos.

