Periodista al fin y al cabo, y de los buenos, Yuris Nórido sabe muy bien lo que dijo cuando afirmó en el recibidor de la UPEC, ante unos cuantos grandes de la comunicación, la fotografía y otras artes visuales, que Roberto Salas es un maestro que convirtió la luz en memoria. A tal punto lo es que difícilmente alguien olvide lo bien que al artista le queda su frase.
Antes, Salas había aclarado que el Premio Nacional de Artes Plásticas proclamado a su favor recientemente no era para él, sino para la fotografía, ese idioma universal en todos los países. “Es la mejor forma de decir las cosas”, dijo el homenajeado y se le entendió de maravillas, como si hablara con un lente entre los labios.
Figura anfibia entre el periodismo y el arte, el creador compartió la apertura de su exposición fotográfica “Un salón para Salas” con admiradores que van desde Martha Bonet, presidenta nacional de la UNEAC, hasta Ricardo Ronquillo, líder de la UPEC, así como muchos colegas que siguen su obra mientras levantan la propia.
“Roberto Salas reafirma, como lo han hecho tantos otros en esta tradición tan sólida del fotoperiodismo cubano, que la fotografía no es un pariente menor en la familia de las artes visuales, sino un lenguaje artístico total, capaz de contener la épica de un pueblo y la delicadeza de una forma pura”, leyó al cabo Yuris Nórido en respaldo a cuanto dicen las instantáneas valiosas de las que, en seguida, todos quedamos “colgados” más allá de la pared.
Tal vez por su talla enorme en periodismo y artes, los organizadores de la muestra previeron que el maestro tuviera “dos” discursos de apertura: el de Yuri -también vicepresidente de la UNEAC- y el del historiador, profesor, ensayista y crítico Rafael Acosta de Arriba, quien arrancó el suyo por el trillo más recto: “Salas merecía el Premio Nacional de Artes Plásticas desde hacía mucho rato”, de modo que es una alegría saber que su selección termina una ausencia de más de 25 años de fotógrafos en la lista: ¡hasta el mismísimo Korda se marchó de la vida sin él!
A juicio de Acosta de Arriba, Roberto Salas es el artista del lente que más se ha reinventado: de la gran épica de la Revolución al desnudo del cuerpo, de las ciudades anchas y las fortalezas coloniales al ensayo “Así son los cubanos”. ¡Así es salas!
El primer presentador de la muestra mencionó entre los hitos del homenajeado una foto emblemática: “La señora y la bandera”, hecha en la estatua de la Libertad. En ella, con apenas 16 años, puso a dialogar ese símbolo estadounidense con nuestra bandera del Movimiento 26 de Julio.
Acosta de Arriba también se detuvo en la foto a Fidel y el Che en el Palacio Presidencial, 1959, que explica la complicidad entre ambos líderes. “Fidel se sentía cómodo con la presencia de Salas, quien le hizo muchos retratos”, señala como otro argumento de la magia de estas fotos.
En la sesión de apertura de las 30 fotos de “Un salón para Salas”, muchas otras de sus series “Nostalgia”, “Tumba, bembé y batá” y “Vietnam”, corrían por una pantalla diciendo, más que mostrando, las mil vidas que ha mirado y ha tenido este creador.
En una de ellas, el jovencísimo Roberto Salas sostiene en tierras vietnamitas a una niña que poco después moriría en bombardeo yanqui. Es así, en silencio, como la anécdota atrapada en un encuadre se escapa y sigue creciendo, a veces dolorosamente. El maestro sabe cómo contar eso: “No hay que saber tantos idiomas; basta con poder mirar, poder ver…”.
Imagen de portada: Foto de José Manuel Correa.











