portadas de la revista Bohemia
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Bohemia, vista por Carlos Lechuga Hevia

Entre la importante papelería y documentos que con justificado celo atesora su hija Lillian, colega como Carlos Lechuga Hevia de este gremio, ella nos hace llegar estos apuntes de su padre que recogen las memorias del periodista y luego embajador de la Revolución durante sus años en la legendaria revista Bohemia, a la que dio importantes aportes en la década de 1940. Los escribió cuando la publicación arribó a su aniversario 80. Treinta y cinco años después, la labor de Carlos en la revista y la proyección de Bohemia entonces y en los años sucesivos siguen constituyendo un referente para los periodistas cubanos, y una etapa de nuestra prensa que vale la pena evocar.

Gracias al aguzado e intacto sentido periodístico de Lillian Lechuga, comentarista de asuntos internacionales también en Bohemia y en Juventud Rebelde, colaboradora en otras publicaciones y autora de la compilación Barcos de papel, que con edición de Vivian Lechuga recoge los trabajos de Carlos, Cubaperiodistas puede compartir con sus lectores este interesante texto.

En el 80 aniversario de la revista Bohemia

Empecé a colaborar en “Bohemia” con una serie de artículos encaminados a promover el fomento de una Marina Mercante cubana en una época en que prácticamente no existía ese transporte en la Isla.  Un número ínfimo de barquitos hacían la travesía a puertos cercanos norteamericanos en el Golfo de México y la costa Atlántica de la Florida sin que ese comercio tuviera peso alguno en la economía de Cuba.  En los barcos estadounidenses miembros de la llamada Conferencia Marítima los que se llevaban la mayor parte de los fletes y con las tarifas fijadas por ellos arbitrariamente.  “Bohemia” me brindó la oportunidad de expresar mis inquietudes en relación con lo que consideraba un absurdo por nuestro país, rodeado de mar por todas partes y con una economía abierta.  Puse de manifiesto cifras de los ingresos que se perdían y de los beneficios que pudiéramos obtener con barcos propios; recordé que se había perdido hacía muchos años un tradición de construcción nivel que había tenido auge en la época de la colonia y eché a volar la imaginación dibujando un panorama que en las condiciones de aquella República era imposible obtener, pero la campaña significó para mí, periodista que entonces me iniciaba en la profesión, un salto de importancia entre un labor rutinaria que hacía hasta entonces en otras publicaciones y la oportunidad de ponerme en contacto con un gran público defendiendo ideas que consideraba justas.

Aunque modesto, era un logro que había alcanzado en el orden profesional que me estimuló para abordar numerosos aspectos de la información en los años que siguieron.

“Bohemia” siempre tuvo esa característica de frescura, de sintonía con las necesidades del país, que permitía ensayar proyectos de distinta índole y le abría al trabajador de la letra impresa posibilidades que raramente encontraba en otra parte.  Por supuesto que había limitaciones derivadas de la propiedad privada de la revista pero inteligentemente se manejó la política informativa de tal modo que sus páginas abarcaban un ancho espectro de la actualidad nacional e internacional –sobre todo la primera—lo que le ganaba la adhesión de grandes sectores del público lector, no solamente en Cuba sino en muchos países de América Latina.

Mi trabajo en la revista, durante años, fue muy variado.  Profesionalmente me interesaba todo lo que pudiera despertar la atención del lector sin límite en el contenido o en la forma.  Hice artículos, crónicas, reportajes, entrevistas, sobre muchos temas.  Inicié la publicación de “Mesas Redondas” sobre problemas económicos, sociales, educacionales y políticos que celebraba en distintos lugares según fueron los tópicos y los participantes.  Esa fue un serie que me obligó  profundizar en situaciones que se afrontaban en el país para poder conducir los debates del modo más eficiente posible y que dejaba como saldo, por supuesto, una mayor preparación profesional y una satisfacción personal por participar directamente en discusiones para esclarecer problemas nacionales que afectaban  distintos sectores de la población.

Los reportajes me permitían adentrarme en múltiples caminos de la vida cotidiana  del pueblo. Imposible recordarlos todos, ni siquiera una mínima parte de ellos.  Me  viene a la  mente, por ejemplo, uno sobre las  horrendas condiciones que tenían los pacientes en el antiguo Hospital de Mazorra, el abandono de las escuelas, la tragedia de los empleados públicos, etc., mereciendo mención aparte porque era casi insólito entonces en el periodismo cubano salir de la isla en tareas informativas, la serie de reportajes que hice en la ciudad de New York, conjuntamente con el inolvidable caricaturista Juan David, donde centramos nuestro interés en la labor de las Naciones Unidas.

Los artículos de comentarios que escribí sobre distintos aspectos de la actualidad nacional era un modo de estar siempre con el oído puesto en las realidades del país y opinando sobre ellas lo que, como es lógico, consolidaba mi preparación profesional.

Tuve a mi cargo también un sección titulada “Recordando el Pasado”,  en la que entrevistaba a  figuras que habían tenido un actuación destacada en el mundo artístico y deportivo, principalmente, recreando el ambiente de los escenarios en que se habían movido.

Las entrevistas, sobre todo las políticas, en el ambiente turbulento de aquellos tiempos, constituían material de interés y, al final de cada año, tuve a  mi cargo el Resumen Gráfico Nacional cuando seleccionaba las fotos más interesantes y les adosaba los pies de grabado que creía adecuados.

Como puede apreciarse “Bohemia” fue una escuela que obligaba a  superarse en cada número, aunque, por supuesto, no siempre se conseguía.  No siempre uno estaba a  la altura de las circunstancias ni siempre podía complacer plenamente la curiosidad del lector, pero lo intentaba con entusiasmo.  Rendí una labor multifacética que satisfacía mis inquietudes.

Ese quehacer tuvo su culminación cuando con Enrique de la Osa fundamos  la Sección “En Cuba”, que fue un aporte inédito al periodismo cubano.  Lo que empezó con una página se convirtió pronto en el centro de la revista y en el motor que proyectó a  “Bohemia” hacia la posición de la publicación más leída en Cuba.

La Sección “En Cuba” tuvo modestos inicios.  Siempre la redactamos en la casa de Enrique de la Osa y los miércoles se  llevaba el material al Viejo edificio de “Bohemia” en la calle Trocadero hasta que se construyó el edificio que hoy la alberga.

“En Cuba” tuvo la característica de la primicia periodística a  pesar de que publicaba noticias sucedidas en la semana que ya habían sido tratadas por los diarios.  Fue un adelanto de lo que hoy es una especialidad muy importante en el periodismo, el llamado reportaje investigativo.  Pero fue mucho más que eso.  Fue un látigo, una denuncia semanal de la corrupción, de los atropellos, de la demagogia política, del robo, de los crímenes y del entreguismo.  Por eso siempre tuvo el favor del pueblo y por el estilo ameno y lleno de colorido de sus notas.

La Sección “En Cuba” completó de un modo pleno mi formación profesional y me situó en terreno firme para mis posteriores actividades periodísticas.

Hoy la prueba de la vitalidad de “Bohemia”, a la floreciente edad de los 80 años, es que sobrevivió el triunfo revolucionario, lo que demuestra fehacientemente su apego a las mejores tradiciones de la revista, su voluntad de servicio al pueblo, su actividad sin fronteras.  A los 80 años no puede decirse que está bien conservada.  Hay que decir que está más joven que nunca.

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