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Señales en la basura

No hace mucho que quien en Cuba dijera que aquí había clases sociales podía cuando menos recibir miradas suspicaces, de esas que se destinan a quienes no merecen confianza. Como si ya se hubiera construido el socialismo, se asumía el presunto axioma de que en él no existen clases, sino sectores y, por tanto, no cabe la lucha clasista. Más de una persona bromeaba: ¡Pero qué clases de sectores en lucha!

Aunque el asunto no es para celebrar, hoy las complicaciones parecen reclamar mayor luz, y la propician. En un encuentro donde se defienden los ideales socialistas se analiza la realidad para fortalecerlos, y se reconocen tensiones que vienen del replanteo de la estructura de clases. Quizás siga habiendo quienes prefieran ignorar la realidad; pero ella es terca, y para enfrentarla y conducirla acertadamente se necesita conocerla bien.

En el encuentro aludido se abordó, entre otros problemas acuciantes, la insuficiencia de recursos y mecanismos para recoger la basura, al menos en la capital, que no es poco. Se habló de las graves implicaciones de ese hecho para la higiene, menoscabada asimismo por salideros de residuos albañales y hasta de agua potable, donde también se reproducen agentes patógenos. Es sabido, además, lo que eso representa para la economía cuando el agua y la energía con que bombearla escasean, y en un planeta donde se prevén guerras por falta de agua, realidad que ya estará teniendo víctimas.

Pero por muy grave que todo lo apuntado sea —y lo es—, el análisis sobre la recogida de basura estará incompleto si no se incluye debidamente un hecho trágico, asociado a las deficiencias en ese frente, o que ellas mueven a ver con mayor claridad: la existencia de “buzos” que hurgan en los contenedores de basura buscando objetos y productos diversos. Quizás haya también “buzas”, pero el autor del artículo no las ha visto.

Un caso podría estimarse hasta positivo: la captura de materia prima. Aunque se haga para venderla, es de utilidad social, porque así se recupera alguna de la que se perdería al no funcionar los mecanismos institucionales establecidos para ello. Pero cuando se revuelven los contenedores de basura, gran parte de esta acaba regada fuera de ellos, y la mugre y sus consecuencias crecen, como crece la generalizada indisciplina social.

Sin entrar en otros costados del asunto, es también visible que hay quienes sacan de la basura artículos de uso personal. Quizás los tomen para sí, o para llevarlos a esos mercadillos callejeros donde se ven objetos que cuesta creer que alguien pueda comprar, aunque, si se ofrecen a la venta, vale suponer que por algo será.

Pero, sin duda, lo más doloroso estriba en quienes “bucean” buscando restos de alimentos. Podría pensarse que son personas enajenadas, pero —además de conocerse la relación que existe entre la sicología individual y los contextos sociales— las hay que no muestran apariencia de padecer trastornos mentales, y ni siquiera están mal vestidas. Lo especialmente desgarrador es algo impensable hace unos años: algunas de esas personas no solo recogen restos de comida que podrían suponerse para animales, sino que, mientras recogen y seleccionan, consumen parte de lo que reúnen.

No podemos dormir tranquilos mientras se vean entre nosotros señales de penurias que son frecuentes en otras sociedades, pero las creíamos y nos corresponde hacer que sigan siendo incompatibles con la nuestra, inaceptables. No tiene el articulista cómo calcular cuántos de esos “buzos” pueden ser enajenados, ni descarta que haya quienes estén cumpliendo instrucciones para que la imagen del país se deteriore cada vez más ante el mundo. Pero nada de eso sería lo más grave.

Bastaría que un solo ser humano necesite comer lo que halla en la basura para que sepamos que tenemos mucho por hacer para transformar la realidad. Y sería suicida, aparte de irresponsable, esperar a que el bloqueo desaparezca para tener nosotros libertad de acción. El bloqueo lo impuso precisamente el gobierno de los Estados Unidos hace más de sesenta años para provocar penurias que echaran por tierra el apoyo mayoritario del pueblo cubano a la Revolución y su gobierno.

Ese apoyo era, y debemos lograr que siga siéndolo, el principal elemento disuasorio con que la potencia imperialista topaba al planear una posible intervención militar directa en suelo cubano. Los ensayos de invasión o asociados con ella —los bandidos que la CIA mantuvo en distintos lares del país y, sobre todo, la invasión mercenaria por Playa Girón y sus inmediaciones— tuvieron por parte del pueblo una rotunda respuesta que movió al imperio a centrarse, sobre todo, pero sin renunciar a otros recursos, en el bloqueo, que le ha causado a Cuba enormes daños. No obstante, el encantador presidente Obama declaró que ese engendro no había conseguido todo lo que el imperio buscaba, y busca. Será destruirla, ¿no?

Si los estragos de ese crimen son más ostensibles hoy que nunca antes, también lo es la desfachatez de un imperio decadente y dispuesto a todo para sobrevivir. Y la atención del proyecto revolucionario cubano a la ciudadanía, y el cuidado que necesitan y merecen especialmente los más humildes, no son actos demagógicos en busca de apoyo popular. Pero el imperio que miente cínicamente para justificar acciones contra otros países, sigue fabricando infundios contra Cuba —como que ella patrocina el terrorismo y acoge ahora una base militar china en su territorio—, y puede calcular que el bloqueo la ha debilitado ya lo bastante para que una acción armada le dé la estocada final.

La atención del gobierno revolucionario a las necesidades del pueblo encarna la esencia de un proyecto que recibió un decisivo apoyo popular en el sepelio de las víctimas del ablandamiento pirata con que en abril de 1961 el gobierno de los Estados Unidos intentó allanarle el camino a la invasión mercenaria. Ese proyecto era, y ha de seguir siendo, lo que su líder —que sigue vivo no solamente en lo histórico— definió acertadamente como “la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes”. Solo cumpliendo su deber con ellos estará en condiciones de salvaguardar la patria y el bien de todos.

Las penurias causadas por el bloqueo, y favorecidas en algún grado por nuestras deficiencias, dañan especialmente a los más humildes. Habría que indagar el posible nexo entre la proliferación de “buzos” y la manquedad de pensiones jubilares que se calcularon sobre los salarios más bien simbólicos mantenidos hasta el proceso que se pensó como un Reordenamiento económico. ¿Cabía esperar que tales pensiones permitieran a jubilados y jubiladas encarar los precios de una inflación aguda y con actores económicos que a menudo capitalizan la pobreza ajena y las desigualdades?

Quienes empezaban su vida laboral a partir de dicho proceso, recibirían salarios mucho más altos que la magra pensión asignada en general a quienes se habían jubilado o se jubilaban luego de haber trabajado durante décadas para la patria. Si la inflación haría que los nuevos salarios fueran también insuficientes, no se necesitaba ser contador o economista, ni tener una inteligencia privilegiada, para prever cómo quedarían quienes tuvieran que arreglárselas con pensiones calculadas sobre la base de los salarios anteriores al Reordenamiento. Ajustes hechos luego en algunas de esas pensiones son más que insuficientes por su carácter puntual o sectorial.

Mucho hay que resolver en el país y, si de los desechos por recoger se trata, lo más grave o doloroso no es ya lo que atañe a la sanidad, aunque ella requiere gran atención, sino los casos de seres humanos que hurgan en los contenedores de basura en busca de alimentos. Si fuera una sola persona, ¡una sola!, ya la cifra sería excesiva.

Foto de portada: Tomada de Historimage

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Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y subdirector de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

5 thoughts on “Señales en la basura

  1. Una reflexión necesaria, que duele, pero a la vez nos reafirma en la defensa de virtudes esenciales que no podemos resignarnos a perder y males que en modo alguno permitiremos naturalizar.

  2. Historiador al fin, deja usted constancia de una lastimosa situación, presente en el país desde décadas atrás y agudizada en el presente por una crisis sin precedente. Y me refiero a su condición de historiador, porque cuando desde la historia y la sociología se estudien estos años duros,
    artículos como el suyo, que no abundan, permitirán un análisis más certero de lo sucedido y de sus causas. Gracias, pues.

  3. Este articulo toca un tema que da sintomas de el surgimiento de señales que demuestran cuan mal se realizan algunas actividades de este tipo las cuales su solucion no es campaña de higienizacion , con metodos enificientes
    y que recogen pero riegan mas de lo que recogen amen de la destruccion de aceras y entornos de parterrysconcepto que es parte del paisaje urbano
    y en este caso una tema que en esta epoca, tema de arñstas de caracter social , economico , ambiental y de sintomas de deficiencias en el control de la higiene . Que diriamos de el lugar donde vivimos sea un espacio lleno de olores nasebundos , con basura de todo tipo regada . En mi años vividos en las decada 60 por no hablar 50 no existia esta problematica en nuestro pais . Sin comparar lo primero que hay que reconocer que la cultural ambiental y de las diciplina ambiental ese concepto propio de estos tiempos en cuba no hay percepcion en la cuidadania no toda pero si una gran parte que se ha acrecentado por muchos factores hasta convertirse en el problema de la basura o los residuos ambientales Ademas que no hay una politica educacional y gubermmamental efectiva para aquel que ensucia la via publica
    Crisis de residuos o de basura ha existido en otras latitudes . Que llevan organizacion e insfraestura y recursos financieros para su control para atenuar su impacto social y ambiental . Es cierto . Pero todo sobre la base de cultura orgacicional y educacion ambiental con la cociencia que se crea desde que se mace por diversas formas o vias
    De ellos hay ejemplos de los cuales aprender y no hablar solo de un bloqueo o falta de recursos o fuerzas para garantizar una actividad que es la recogida de basura . Debemos recordar que limpio nos es el limpia solamente , sino aquel que no ensucia .

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