Las Cartas de Santiago

Como se sabe, durante la organización del plan insurreccional de San Pedro de Sula, más conocido por Plan Gómez Maceo (1884-1886) se produjo el incidente que causó la separación de José Martí de este empeño libertario. Unas palabras ríspidas de Gómez fueron la causa primera del desacuerdo; después, una carta de Martí referida a la forma en que se organizaba el movimiento, sincera y justa pero crudísima, hirió al viejo general.

Desde entonces se separaron; pero no se perdieron de vista. Martí siempre había aquilatado en su justa medida el valor de Gómez para la causa cubana. El mayor general aprendería durante estos años a medir la importancia de Martí y, cuando ya las cosas maduraban y empezó a notarse la organización e ímpetu que iba tomando aquel movimiento y cómo se extendía por todas las emigraciones, escribió a su viejo compañero de armas y amigo Serafín Sánchez para que mediara en la reconciliación. Martí prometió comunicarse con Gómez; sin embargo, antes era necesario concretar la obra y vinieron, en rápida sucesión, la creación de numerosos clubes, la aprobación de las Bases y Estatutos, la aparición de Patria y la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y la designación de Martí como delegado. Una vez fundado el Partido, cuya función esencial sería la organización y preparación de la guerra necesaria, era necesario hallar al hombre adecuado para conducir la empresa.

Aunque sabía Martí que era Gómez el hombre indispensable, decidió que fuera el PRC y no él, el que determinara a quien encomendar el ramo militar. Así, el 29 de junio de 1892, envió una comunicación a todas las filiales del PRC para que se pidiera a los militares su voto. A mediados de agosto, ya las emigraciones se habían pronunciado a favor de Gómez como jefe militar: había llegado el momento de ir en su busca.

En los días finales de agosto, el Apóstol inició su viaje a las Antillas y llegó a Gonaives, Haití, el 7 de septiembre y, al día siguiente, envió un telegrama a Ulpiano Dellundé,1 en cuya casa se alojaría, avisándole que llegaría a Cabo Haitiano esa misma tarde.

Partió a caballo, dos días después, hacia Fort Liberté —muy cerca de la frontera con Dominicana— y Dajabón —separado de la vecina nación por el río Masacre, donde visitó al canario Joaquín Montesinos,2 a quien había conocido durante el presidio político en La Habana—.

Horas más tarde llegó a Montecristi y se dirigió a la casa comercial de Juan Isidro Jiménez,3 lugar donde trabajaban Panchito y Máximo, los hijos del general Gómez. Luego se encaminó a la humildísima vivienda de madera y zinc, donde se hallaban su esposa e hijos. A esa puerta tocó el 10 de septiembre y, ese mismo día, a caballo continuó viaje hacia Laguna Salada, poblado donde se hallaba la finquita La Reforma, cuyas tierras se extendían hasta el lomerío de Ranchete y donde el viejo general, devenido agricultor, labraba el sustento de los suyos.

Allí lo recibió Máximo Gómez, allí el delegado y el viejo general conversaron largamente, allí zanjaron todas sus diferencias.

Juntos partirían el 13 hacia Santiago de los Caballeros, donde se alojaron  en  la  casa del  médico cubano Nicolás Ramírez,4 veterano de la Guerra Grande. Aunque ya todo estaba hablado entre ellos, en esa casa, ese mismo día 13, a nombre del PRC, escribió Martí la histórica carta, en la que ofrecía a Gómez el mando supremo del Ejército Libertador:

“El Partido Revolucionario Cubano, que continúa, con su mismo espíritu de creación y equidad, la República donde acreditó Vd. su pericia y su valor […] viene hoy a rogar aVd., previa meditación y consejos suficientes, que repitiendo su sacrificio ayude a la revolución como encargado supremo del ramo de la guerra […]

”Yo ofrezco [invito] a Vd., sin temor de negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que ofrecerle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”.5

También allí escribiría Gómez, dos días después, la respuesta en la que aceptaba honrado la tremenda responsabilidad:

 

“En cuanto al puesto que se me ha señalado al lado de Ud., como uno de los viejos soldados del Ejército Libertador de Cuba, para ayudar a continuar la obra interrumpida, tan señalada honra, tan inmerecida confianza, no tan solamente deja comprometida mi gratitud, sino que al aceptar, como acepto tan alto destino, puede Ud., estar seguro [de] que a dejarlo enteramente cumplido consagraré todas las fuerzas de mi inteligencia y de mi brazo […]”.6

Las “Cartas de Santiago”, nombre con el que se conoce a ambos documentos, fueron publicadas en Patria y ello confirió un impulso tremendo a la labor conspirativa.

 

Notas

1 Ulpiano Dellundé Prado (Jiguaní, 1846-Santiago de Cuba, 1906). Se graduó como médico en Barcelona y ejerció su profesión en Santiago; pero emigró a Santo Domingo y Cabo Haitiano, donde conoció a Martí en 1892. En febrero-marzo de 1895 ofreció una gran ayuda a los expedicionarios, a quienes brindó su hogar y ayudó en la búsqueda del armamento necesario.

2 Joaquín Montesinos Trujillo (Canarias, 1837(?)-La Habana, 1911). Entre marzo y octubre de 1870 ingresó al presidio por conspirar contra el despotismo. Al ser liberado, se radicó en Dajabón, donde se dedicó al comercio del café y el campeche. Fundó el club General Cabrera. Prestó importantes servicios a Martí y Gómez durante su estancia en Dominicana.

3 Isidro Jiménez. Dominicano. Acaudalado comerciante, que llegaría a ser presidente de la República.

4 José Nicolás Ramírez Peláez (Camagüey, 1851-Santiago de los Caballeros, 1899). Tras el Pacto del Zanjón, emigró a Dominicana, donde instaló una farmacia. Fue un eficaz colaborador de Gómez y Martí.

5 José Martí: “Carta a Máximo Gómez”, en Obras completas, t. 2, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, pp. 161-163.

6 Máximo Gómez: “Carta a José Martí”, cit. por Mercedes Santos Moray: Subir lomas hermana hombres, Gente Nueva, La Habana, 1988, pp. 22-23.

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