Características que avalan la riqueza de la lengua española son su diversidad y la extraordinaria cantidad de sinónimos que tiene cada vocablo.

En cuanto a la diversidad, vale un solo ejemplo: la palabra trusa, del francés  trouses, presenta en el Diccionario de la lengua española  (DEL, 2014) las siguientes acepciones:

  1. Gregüescos con cuchilladas que se sujetaban a mitad del muslo. U. m. en pl.
  2. Arg., Perú y Ur. braga (‖ prenda interior).
  3. Cuba y R. Dom. bañador (‖ prenda para bañarse).
  4. Méx. y Perú. calzoncillo.

Una lectura cuidadosa permitirá comprender que, al menos en siete de los países hispanohablantes, la definición varía con respecto a la más general, aunque no tanto como para que no haya comprensión, sobre todo, si tenemos en cuenta que el contexto en que se use un determinado vocablo aporta al entendimiento.

Por otra parte, en el inglés, por ejemplo, una misma palabra suele tener múltiples significados —véase fall que entre sus acepciones presenta dos tan disímiles como el sustantivo otoño y los verbos caer, caerse, entre muchas otras variantes que se obtienen con la simple adición de una preposición—, mientras que el español tiene múltiples vocablos para un mismo significado.

Si abrimos al azar un  Diccionario de sinónimos y antónimos podremos confirmar lo anterior, por ejemplo, para expresar la idea de abandonar, en español podremos usar, según el contexto, uno de los siguientes vocablos: dejar, desamparar, descuidar, desatender, desentenderse, ceder, desistir, renunciar, marcharse, dejar en la estacada y volver la espalda; entre los sinónimos de chabacanería  hallamos: vulgaridad, tosquedad, ramplonería, chocarrería, charrería, grosería y ordinariez; entre los de jugar:  entretenerse, divertirse, recrearse, esparcirse, matar el tiempo, juguetear, retozar; apostar, poner, arriesgar, aventurar; intervenir, tomar parte, actuar; mover, tocar; entre los de fanático: apasionado, exaltado, obsecado, intolerante, intransigente, recalcitrante, celoso, ardiente, fogoso, ferviente y entusiasta.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que cada uno de esos sinónimos tiene su propio matiz y resulta más válido para determinado contexto. Por eso, si se va a usar el término fanático referido al deporte, los sinónimos más adecuados serían: apasionado, exaltado y entusiasta; mientras que si se aplica a la fe religiosa, mejor se emplearía: intolerante, apasionado y exaltado; y si la referencia es al defensor acérrimo de una idea, los sinónimos más correctos podrían ser: exaltado, obcecado, intolerante, intransigente y recalcitrante.

Ello, reafirma la riqueza y diversidad de la lengua española, a la vez que nos alerta acerca de la necesidad de buscar siempre el sinónimo más adecuado.

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