“Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”

 

Al arribar a la Playita (de Cajobabo), el 11 de abril de 1895, José Martí confesaba: “La dicha era el único sentimiento que nos poseía y embargaba.” “(…) al fin me he sentido entero y feliz, por todas partes veo al hombre invicto que lleva íntegra en el carácter toda la honra del país.” “(…) Ya entró en mí la luz (…), y la salud que fuera de este honor buscaba en vano. El honor es la dicha y la fuerza”. “Sólo la luz es considerable a mi felicidad.”

 

Así eran el mundo íntimo y las emociones de Martí después de su arribo a la patria junto a Gómez, para poner en marcha a las fuerzas insurrectas que se levantarían secundando a todas las que ya se habían levantado en armas en la Isla desde el 24 de febrero, siguiendo las órdenes emanadas por él y Gómez, como máximos líderes respectivamente en lo político y militar de la Revolución. Desde el 1 de abril ya se encontraba, triunfante, el General Antonio Maceo en tierras cubanas después de su desembarco por Duaba.

Pero era también verdad que durante el tiempo transcurrido desde el mismo día del desembarco hasta el día 18 de mayo, -fecha en que en carta a Manuel Mercado desde el Campamento de Dos Ríos describe su situación-, Martí estaba consciente  y reconocía: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo – de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”

De esta forma expresaba palmariamente su situación personal coyuntural y su misión estratégica cubana y nuestraamericana un día antes que le tocara librar su primer y último combate en Dos Ríos aquel aciago día. Ocurrió como había vaticinado: “Se  ha de vivir y morir abrazado a la verdad. Y así, si se cae, se cae en una hermosa compañía…”

Ante un nuevo aniversario de su caída en combate, el 19 de mayo de 1895, a pesar del luto que llevaba implícita su muerte en fecha tan temprana de la guerra necesaria que organizara y desatara con la delectación y pasión de un artista de la política y la revolución redentora, .la figura e ideas de José Martí se erigen triunfantes en la patria, porque se hizo realidad en su pueblo lo que expresara como una convicción un año antes: “No hay más que un modo de perdurar, y es servir”.

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