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El nuevo orden económico internacional. ¿Entre los papeles olvidados?

El día 1ro. de mayo de 1974, -hace casi medio siglo- un periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) aprobó la histórica Declaración sobre el establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). En esa sesión sin precedentes se estudiaron colectivamente por vez primera, por parte de la comunidad internacional, los problemas de las materias primas, del comercio mundial y del desarrollo, en particular de los llamados “países en vías de desarrollo”, que son en definitiva los más golpeados y vulnerables en medio del viejo orden económico explotador y desigual que prevalece.

Como consecuencia de lo aprobado en relación con el NOEI, se acordó igualmente la redacción y posterior aprobación de un documento que se llamaría Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, como contribución y guía para la aplicación del citado Nuevo Orden.

El 12 de diciembre de 1974, también en Nueva York, la Asamblea General aprobó la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados que, junto a la Declaración anterior, integrarían los instrumentos de alcance y legitimidad universales al fortalecimiento de la cooperación internacional para el desarrollo, la solución de los problemas internacionales de carácter económico y social y el fomento de la amistad entre las naciones. El documento, de 34 capítulos, se encamina, -según proclama textualmente, -al establecimiento y mantenimiento de un orden económico y social justo y equitativo en un clima de paz y seguridad.

Es ese el espíritu que recorre toda la Carta, marca sus propósitos y objetivos y detalla la aplicación y funcionamiento del Nuevo Orden Económico al que se aspira. La lucha frontal contra el neoliberalismo y la deuda externa recién comenzaba y ambos instrumentos de Naciones Unidas permitieron ver un esperanzador futuro, aunque con muchas luchas en un difícil camino hacia la justicia y el verdadero desarrollo integral.

Para tener una idea de la significación de ambos documentos, en especial para el mundo recién descolonizado, baste con referirse a los artículos 31 y 32 de las disposiciones finales de la Carta, donde se refiere a la expansión equilibrada de la economía mundial y a la relación existente entre bienestar, crecimiento y desarrollo.

Mueve a risa y a burla leer el artículo 32 cuando dice: “Ningún Estado podrá emplear medidas económicas, políticas o de ninguna otra índole ni fomentar el empleo de tales medidas, con objeto de coaccionar a otro Estado para obtener de él la subordinación del ejercicio de sus derechos soberanos”.

Evidentemente, la ya larga historia de casi 50 años permite concluir cómo los gobiernos de Estados Unidos y las llamadas “potencias occidentales” han ignorado, pisoteado y violado de manera intencionada y consecutiva los preceptos establecidos tanto en la Declaración como en la Carta con el propósito de convertirla en papeles olvidados y avejentados, sin valor alguno en el escenario mundial.

La dura batalla por un Nuevo Orden Económico Internacional no puede, sin embargo, terminar aquí. Sería necesario rescatarla e imprescindible secundarla en estas nuevas condiciones históricas que hoy vivimos y nos llenan de aliento.

El Grupo de los 77 más China, por ejemplo, es un escenario adecuado y propicio en la actualidad para ese rescate y para que se reanude la percepción mundial sobre la necesidad de liquidar las esencias bandidescas y saqueadoras del viejo orden neoliberal y del capitalismo salvaje.

Hay mejores condiciones que nunca antes para hacerlo.

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