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Hizo un reportaje al pie de su horca

Si usted no ha leído Reportaje al pie de la horca, de Julius Fucik, vaya a buscarlo de inmediato, aunque deje inconclusa esta lectura. Es un libro corto, pero desgarrador. De esos que permiten apreciar la casi increíble realidad de aquel infierno, de esos que no se olvidan.

He aquí los nombres de sus ocho capítulos: Veinticuatro horas, La agonía, Celda 267, La 400, Figuras y figurillas (I), Estado de sitio de 1942, Figuras y figurillas (II) y Un trozo de historia.

¿Cómo pudo este periodista checoslovaco, devenido Héroe Nacional de su país, escribir estando prisionero de los nazis? ¿Cómo pudieron salvarse los manuscritos? ¿Cómo pudo llegar a publicarse la obra, hoy traducida a más de 80 idiomas?

Las respuestas a estas preguntas están en la introducción del libro, escrito por su esposa Gusta Fucíkova, en septiembre de 1945 en Praga:

“En el campo de concentración de Ravensbrueck supe —me lo dijeron mis compañeras de prisión— que mi marido, Julius Fucík, redactor de Rudé Právo y de Tvorba, había sido condenado a muerte el 25 de agosto de 1943 por un tribunal nazi en Berlín.

“Mis intentos de averiguar algo más sobre su suerte posterior se estrellaron contra los altos muros del campo.

”Después de la derrota de la Alemania hitleriana, en mayo de 1945, los detenidos que los fascistas no habían tenido tiempo de asesinar fueron liberados de cárceles y campos de concentración. Yo tuve la fortuna de hallarme entre ellos.

“Al volver a mi patria liberada, busqué y rebusqué las huellas de mi marido. Hice lo que hicieron millares y millares de personas que también buscaron –y muchas aún siguen buscando– a sus maridos, a sus mujeres, a sus hijos, a sus padres y madres deportados por los ocupantes alemanes y arrastrados a alguna de sus innumerables cámaras de tortura.

“Me enteré de que Julius Fucik había sido ejecutado en Berlín el día 8 de septiembre de 1943, quince días después de su condena.

“También supe que Julius Fucik había escrito algo mientras estuvo en la cárcel de Pankrác. Fue el guardián A. Kolínsky quien procuró los medios para hacerlo, llevándole a la celda papel y lápiz y sacando clandestinamente de la cárcel las hojas manuscritas.

“He tenido una entrevista con el guardián. Y poco a poco he podido ir recogiendo el material escrito por Julius Fucik en la cárcel de Pankrác. Reuní las hojas numeradas, escondidas por varias personas en diferentes lugares, y se las presento al lector. Es la última obra de Julius Fucik”.

Hasta aquí lo escrito por Gusta Fucíkova, una mujer que me pareció encantadora cuando la conocí en una conferencia sobre su conyugue en La Habana, a principio de los años 70. Estaba a la altura de ese tipo duro que fue Julius Fucik.

Hay muchos héroes anónimos en la lucha contra el nazismo y el guardián Afolf Kolínsky es uno de ellos. Nacido en Moravia, Checoslovaquia, por decisión propia dijo ser alemán para estar cerca de sus compatriotas presos en Pankrác y así poder ayudarlos. Gracias a su valor conocemos hoy ese reportaje al pie de su horca que Fucik terminó de escribir el nueve de junio de 1943.

Lo ahorcaron en el centro del Reich

Julius Fucik nació en Praga el 23 de febrero de 1903. Estudió filosofía en le Universidad de Pilsen. En 1921 se inició como crítico literario y teatral. También ingresó con 18 años en el Partido Comunista.

Trabajó como editor en la revista cultural Kmen. Fue redactor en los periódicos Rude Pravo y Tvorba, en los que escribió sobre temas sociales y culturales. A inicios de los años treinta realizó varios viajes a la Unión Soviética, lo que le permitió publicar un gran reportaje que tituló En la tierra donde el mañana ya es ayer.

 

La ocupación de Checoslovaquia por los nazis comenzó el 15 de mayo de 1939 y Julius estuvo desde ese momento en la resistencia antinazi, por lo que continuó su labor periodística firmando con seudónimos. En febrero de 1941 integró el Comité Central del Partido Comunista en la clandestinidad.

El 24 de abril de 1942 fue hecho prisionero por la Gestapo y enviado a una prisión nazi en Pankrác, Praga. Pero fue ahorcado en la sede del Reich, Berlín, el ocho de septiembre de 1943. No había cumplido los 40 años de edad.

En 1950 le fue conferido a Julius Fucik el Premio Internacional de la Paz. En su memoria la Organización Internacional de Periodistas (OIP) comenzó a celebrar en 1968 el Día Internacional del Periodista.

Conversación en Praga

El chilero Rafael Neftalí Reyes (Pablo Neruda), Premio Nobel de Literatura, escribió un poema titulado Conversación en Praga, dedicado a Julius Fucik, del cual extraemos este fragmento:

Tu decisión destruyó el miedo,
y tu ternura, las tinieblas.

Por las calles de Praga en invierno, cada día
pasé junto a los muros de la casa de piedra
en que fue torturado Julius Fucík.

La casa no dice nada: piedra color de invierno,
barras de hierro, ventanas sordas.

Pero cada día que pasé por allí.
miré, toqué los muros, busqué el eco,
la palabra, la voz, la huella pura
del héroe.

Y así salió su frente
una vez, y sus manos otra tarde,
y luego todo el hombre
fue acompañándome
a través de la Plaza Venceslao,
como un buen amigo;
por el viejo mercado de Havelská,
por el jardín de Strahov desde donde
Praga se eleva como una rosa gris.

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Jesús G. Bayolo
Es periodista e historiador del ajedrez, toda una autoridad del tema en Cuba.

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