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Elio y mi examen de entrevista

En 1973 yo era lo que se llamaba una “culturosa”. Sí, de esas que no perdían un estreno en el cine, una novedad literaria, y que de exposiciones iba hasta a las muestras del realismo chino (por cierto, mi primera discusión con Roger, quien por aquello de su ascendencia, defendía entonces toda manifestación asiática y en el Pabellón Cuba estuvimos en una que menos-menos me gustó).

Bueno, disgregación…

La cuestión es que en ese tiempo estudiaba primer año de Periodismo y me estrenaba en la entrevista periodística con el examen práctico que el profe Elio pidió. Vuelta y vuelta a ver a quién entrevistaba, quería sorprender al profe que era un buenazo y respondía con paciencia a todos en el aula, daba sugerencias, hablaba de su experiencia y nos reiteraba, una y otra vez, hacer buenas preguntas y conocer a nuestro entrevistado para no hacer papelazos. De contra, me había dicho que era muy participativa en clases. Ya saben, el honor había que salvarlo, más cuando uno cree que tiene fama de “culturosa”.

Un buen amigo me sugirió a Jesús Orta Ruíz, el inigualable Indio Naborí, que me acogió en su casa como si yo fuera un gran personaje y no una petulante estudiante de Periodismo que quería entrevistarlo en cuartetas y que me respondiera en sextetas para hacer entre los dos las décimas. ¡Dios, cuánta arrogancia que Naborí satisfizo con aquella sencillez noble con la que hablaba!

De izquierda a derecha, Iraida Calzadilla, Elio Delgado y Roger Ricardo.

Bueno, ya dado el primer paso, después con la colaboración de amigos que fueron perfeccionando mis cuartetas y la décima introductoria, había que decirle al profe Elio que yo iba a entregarle una entrevista que no respetaba los cánones establecidos en la Academia.

Le expliqué el asunto y se la enseñé antes del día del examen, por si acaso. Elio con toda la calma de que era dueño, la leyó dos veces, puso su mano en mi hombro y me dijo: “Calzadilla, adelante”. Ese día sellé mi afecto por un hombre noble que no cortó mis alas.

Siempre oí sus consejos: cuando trabajé en la antigua Agencia de Información Nacional, cuando me fui a otros medios y lo encontraba cubriendo alguna información o, sencillamente, cuando necesitaba alguna aclaración venida de su sapiencia para emplear cada palabra correctamente. Cuando aún en FCOM no había llegado su libro Instrumentos para la redacción, ya él me lo había facilitado en forma digital para colocarlo en mi blog Isla al Sur y que todos los estudiantes pudieran acceder a él.

Pasaron años y años. Elio siempre era el mismo hombre medido, modesto, a quien nunca dejé de llamar “Profe”, aún cuando ya había recibido títulos y categorías docentes. Fue mi “Profe” afectuoso, noble y respetado. No recuerdo que alguien haya hablado feo alguna vez de Elio.

Hoy, ya en horas de la tarde, Facebook me da la mala noticia como remedo de mala hora. Elio Delgado Legón partió. Adiós, maestro. A ti decenas de estudiantes debemos nuestros primeros intentos de entrevistas, las oraciones escritas respetando sujeto + verbo + predicado, el empleo correcto de palabras engañosas por sus múltiples significados. En particular, profe querido, le debo que haya conservado aquel examen entre su extensa papelería.

(Tomado del Facebook de la autora)

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