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ENTREVISTA NOTAS DESTACADAS

Una cubana con un Gracie

Hablar del Bloqueo resulta difícil en ocasiones, pero Liz Oliva lo hace de una forma peculiar y auténtica. Ha sido capaz de mostrar desde su vida como la realidad de los cubanos está permeada por el Bloqueo. Por eso se ha convertido en el rostro del medio independiente estadounidense Belly of the Beast y de su más reciente producción, la serie documental The War on Cuba (La guerra contra Cuba), trabajo por el que recibió el premio estadounidense Gracie, otorgado por la Alianza para las Mujeres en los Medios.

¿Cómo llegas a The War on Cuba?

Llegué en paracaídas. Una productora del ICRT me comentó sobre un grupo de periodistas que estaban buscando a una presentadora que hablara inglés para un trabajo que estaban haciendo. Otra amiga también me lo dijo y de momento tenía a varias personas recomendándome para el mismo puesto. Luego de varias entrevistas con el equipo pasé a formar parte del documental.

Desde que me gradué de periodismo he estado trabajando en el Sistema Informativo de la Televisión Cubana. Antes trabajaba en el noticiero de las 8 y ahora en su página web. Siempre he tratado temas internacionales. Yo me dedicaba a hablarle a Cuba de los problemas del mundo, pero se han invertido los papeles. Ahora le hablo al mundo de los problemas de Cuba.

La serie documental se construyó alrededor de ti como protagonista y conductora. En ella se exponen aspectos de tu vida, tu forma de ser y de pensar. ¿Cómo te sentiste al saber que tendrías que compartir todo eso con el público?

Realmente fue un poco raro al principio, porque tenía que contar mi vida. En el proceso de rodaje es que una cae en que la están filmando. No era ficción, era sobre mi vida, en mi casa, con la gente que yo quiero. No estaba interpretando un papel, estaba mostrándole mi vida a un montón de gente. Es un momento de mucha exposición.

La escena que más trabajo me costó fue la de mi mamá. De hecho, la filmamos dos veces. Una vez la grabamos en mi casa en la Virgen del Camino, pero no se dio, porque estábamos las dos un poco incomodas en el contexto, pero logramos hacerla en Managua. Era algo que teníamos que haber pensado desde el principio, porque en la casa de Managua es donde yo nací, y es como el ambiente natural de las dos.

Todo el equipo fue hasta la casa y mi mamá estaba en función de que todo el mundo comiera. Hay una escena que no se me olvida, con mi familia, los vecinos y mi abuela que tiene Alzheimer. Yo tenía un poco de miedo respecto a cómo ella se iba a sentir o comportar, porque eso es algo que no se puede predecir. Pero finalmente se dio bastante bien.

¿Cuál ha sido la respuesta de la audiencia?

Yo creo que a la gente le encantó The War on Cuba. Los comentarios que hemos recibido son muy buenos, incluso de gente que piensa diferente. Se me acercan y me dicen: Que bien la fotografía, el trabajo, la producción, pero le faltó ponerle… Siempre ponen el pero. Al final les gustó y tuvieron que reconocer que el bloqueo es real.

La gente más radical me decía que también existe un bloqueo interno, y yo les decía: Sí, pero la serie no va de eso. En Cuba hay un montón de problemas que en la prensa debemos trabajar, pero no tenemos que esperar a que venga un estadounidense a hablar de ellos. Tenemos que ser capaces de hablar de eso nosotros mismos, enfocarnos en poner los puntos sobre las íes donde de verdad los llevan.

La serie va sobre cómo afectan las políticas de Estados Unidos la vida de nosotros, todos. Evidentemente hay cosas que el gobierno ha hecho mal, pero para poder dedicarnos por entero a tener una visión más crítica de cómo actúa el estado cubano, primero tenemos que eliminar el bloqueo. Yo creo que no hay mal que nos perjudique más que ese. El bloqueo es el principal obstáculo y no porque lo diga yo, eso está dicho en Naciones Unidas y está escrito en montones de estudios.

Estamos hablando de que la mayor potencia del mundo tiene un bloqueo total contra un país pequeño, una islita en el medio del Caribe de solo 11 millones de habitantes. La capacidad de Cuba de buscarse la vida a nivel internacional es muy limitada, porque se sabe que Estados Unidos tiene vínculos con casi todos los países y por eso se nos afectan más aún las posibilidades de adquirir cualquier cosa. Hasta en el deporte tenemos que tener vínculos con ellos. Esas son cosas que la gente no analiza con cabeza fría y que son importantes.

The War on Cuba es un granito de arena dentro de esa labor que hacen muchas personas de manera desinteresada y solidaria con Cuba. Trata de denunciar lo que pasa y, sobre todo, del impacto real que tiene el bloqueo. El mérito de la serie es hacerlo desde Cuba, para una audiencia completamente estadounidense y desde un medio estadounidense. Eso no se había hecho. Hay retos adicionales, y el discurso político está, pero lo importante es la manera en que le llega a la gente.

¿Cuál crees que será la postura del nuevo gobierno estadounidense respecto a nuestro país?

Cuando me entrevistan activistas o medios estadounidenses, ellos ponen mucha fe en el cambio de administración. Piensan que con la llegada de Biden la cosa va a estar tranquila, que volveremos a la época de Obama, cuando la realidad es que Obama comenzó a negociar con Cuba solo unos meses antes de irse. Él lo pensó como su legado, pero que no iba a tener una verdadera incidencia política, más allá de ser reconocido como el presidente que habló con Cuba.

Lo que la gente olvida es que en Estados Unidos hay dos partidos, pero el bloqueo ha estado vigente bajo las administraciones de ambos. Lo que en ocasiones lo recrudecen más unos que otros dependiendo del momento histórico.

Muchas de las políticas de Trump pasaron a Biden y aún están en vigor. Por lo menos todos sabían quién era Trump y lo que él daba, pero es peor esta especie de silencio, de incertidumbre, esta supuesta promesa de revertir la política hacia Cuba. Habrá que ver quien influye más, quien tiene más peso sobre el gobierno, a quien ellos están escuchando… y eso puede ser un arma de doble filo. Hay que esperar, pero esperemos sentados porque por ahora no pinta bien.

El premio Gracie lo otorga la Alliance for Women in Media Foundation con sede en Estados Unidos. Es un galardón dedicado a reconocer programas creados por y para mujeres, así como personas que hayan hecho contribuciones ejemplares en los medios. ¿Cómo te sientes al recibir este premio?

El premio es sencillamente una gran oportunidad para visibilizar tu voz y tu trabajo, para hacerte escuchar, porque a veces no importa lo buena que seas, lo coherente, lo inteligente o eficaz, si no tienes nada que te respalde. No es lo mismo que lo diga yo como Liz Oliva Fernández a que lo diga como una cubana que tiene un Gracie. Es diferente, sobre todo cuando se quiere tener una incidencia o quieres influir en grupos de poder importantes.

Si yo pudiera convertir el premio en algo palpable y con un verdadero impacto, lo haría. Es cierto que es una situación que te empodera, sobre todo por ser una periodista, una mujer negra, provenir de un país en vías de desarrollo, bloqueado y con un discurso de izquierda. Yo estoy feliz y agradecida de que todo eso llegue al Gracie, sobre todo porque es un premio estadounidense.

2 thoughts on “Una cubana con un Gracie

  1. muchas felicitaciones por su labor, joven,inteligente,con fuertes creencias en lo que hace. Hay en ella se muestra lo que es la familia la educación. por lo que también ese logro es para su mamá que es excelente doctora y para su padre.

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