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Jorge Luis Borges: 35 años de ausencia

“Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
Del tiempo, que es materia deleznable”.

Jorge Luis Borges escribió en “El reloj de arena” sobre el tiempo y la inevitabilidad de su muerte como parte de la condición humana. Hoy se cumplen 35 años de la desaparición física de ese hombre que escribió sobre sus sueños, que tradujo las particularidades de su tierra natal a un idioma universal; que se convirtió en uno de los escritores más importantes del siglo XX.

Su extensa obra incluye géneros como la poesía, el ensayo y la narrativa. Sus textos, en los que se entremezclan la realidad y la fantasía, están permeados de una óptica en extremo filosófica y cargados de simbología. Tenía, además, una visión singular del espacio, del destino y otros conceptos formales que trasformaba a través de metáforas poéticas.

Aunque vivió desde pequeño en Europa, no pudo separarse de Argentina. Su fascinación por su terruño lo llevó a dedicarle su primer poemario, Fervor de Buenos Aires, publicado en 1923. Por otro lado, sus personajes principales se encarnan en las figuras de gauchos y soldados. Incluso fue compositor de tangos y milongas.

En su juventud estuvo enmarcado en el movimiento ultraísta. En esa época fundó las revistas Prisma y Proa, publicó los poemarios La Luna de enfrente y Cuaderno de San Martín y escribió ensayos como El tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos. Borges es también conocido por su trabajo como traductor, vocación que heredó de su madre y que comenzó a desarrollar siendo apenas un niño. Llevó al español obras de Virginia Wolf, Henri Michaux y William Faulkner.

En su adultez comenzó a luchar contra una enfermedad degenerativa de la vista, que terminó dejándolo ciego, pero que no le impidió continuar creando. Al verse privado de la posibilidad de escribir por sí mismo comenzó a dictar sus cuentos a amigos como Silvina Ocampo y Bioy Casares, con quienes publica una antología de literatura fantástica y otra de poética argentina. En la década de los ‘40 publica sus libros más conocidos: Ficciones (1944) y El Aleph (1949). Estas obras, junto a El Hacedor (1960), le dieron fama universal y le valieron el título del maestro de la ficción contemporánea.

Llegó a ser director de la Biblioteca Nacional de su país y miembro de la Academia Argentina de las Letras. Ostentó varios reconocimientos como el Premio Nacional de Literatura, el Premio Institucional de Literatura Formentor, Comandante de las Artes y las Letras en Francia y el Premio Internacional Ciudad de Sao Paulo.

Tuvo una vida política convulsa y controversial para su época. Condenó los crímenes cometidos durante el régimen militar de Videla y apoyó el movimiento de las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo. Fue uno de los firmantes de una carta enviada al periódico Clarín sobre los desaparecidos.

A pesar de que han pasado 35 años de su ausencia, sus cuentos continúan siendo un referente infaltable en las letras latinoamericanas. Su poesía es un reflejo universal del Río de la Plata y su obra, toda, es un ejemplo transgresor de la literatura moderna.

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