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PERIODISMO DEPORTIVO

Serían ases más plenos pero el descuido lo impidió

Dorando Petri encabeza el maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1908. Imprime más dinamita a su correr. ¡Se derrumba…!  Lo ayudan a cruzar la meta. El escritor, historiador y periodista Arthur Conan Doyle, entre los que lo conducen a rastras. Comenta: “Había que hacerlo: siempre estuvo al frente, merece el triunfo”. Al ítalo no lo salva ni Sherlock Holmes. Elemental, Watson: es descalificado. Ni la copa de oro que recibe de manos de la reina Alejandra lo consuela. Mayor es el dolor por el premio dorado perdido al descuidarse: no administró bien sus fuerzas y aceleró el paso a destiempo cuando solo lo separaban 60 metros de la victoria.

Nueva York. Junio 18 de 1941.  Tremenda pelea está ofreciendo Billy Conn, el magnífico titular del mundo de los semicompletos, frente a Joe Louis, el as del peso máximo. El retador está proporcionando un susto al Bombardero Negro. Round décimo tercero. Billy soslaya la mesura, intenta rematar, su oponente aprovecha ese desliz: le apaga las luces y el anhelo. Cinco años después,  lo vence de nuevo por KO.

Ámsterdam 1928. El mosca mexicano Alfredo Gaona acumula dos triunfos. Tuvo que volver a su división original corriendo mucho, con una dieta rígida: en el viaje por barco desde México comió demasiado: traía hambre vieja por la escualidez de sus bolsillos. Con ventaja en el tercer encuentro, permite libertades  en el episodio final: lo invade el cansancio: ¡esos cambios de peso…! El público protesta, lo estima ganador, pero el bajón lo lleva al revés. Por las estrecheces del hogar, pasará al profesionalismo, será titular nacional y lo asaltarán nuevas penurias económicas y espirituales propias de aquel infierno. Pero hoy es un día de 1928, y Gaonita llora no más por el combate robado, la presea y la pequeña historia a trompadas que ansiaba realizar en Holanda.

Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. El recio púgil cubano Alfredo Duvergel ha vencido a cuatro difíciles rivales en su camino hacia el cetro en los 71 kilogramos. Por la corona frente al estadounidense David Reid. En los dos primeros rounds saca buen margen. En el tercero va al ataque y… desde Reid, tremendo golpe. Alfredo pierde por nocao. A su regreso, Fidel habla con él, lo anima, le reconoce combatividad, valentía. El pueblo opina igual. Mas ¡cómo nos duele aquel desliz ! Por ese ligero descuido debió conformarse con el galardón plateado.

IX Juegos Olímpicos, Ámsterdam 1928.  El sudafricano Weightman Smith se ha enganchado a la dicha de haber roto la plusmarca del orbe en los 110 con obstáculos en semifinales: 14.6 segundos. En la final, la autosuficiencia lo atrapa: arranca tarde  y no posee la potencia necesaria para resarcir el error. Termina quinto al no bajar siquiera de 15. De su propio colectivo es el vencedor: Sid Atkinson, con 14.8.

Debutan las mujeres en el deporte rey. Los 800 lisos. La japonesa Kinue Hitomi a la vanguardia desde la salida.  ¡Ahí viene la alemana Lina Radke! Ambas se derrumban al pasar la meta. Gana la europea 2:16.8 por 2:17.6. El susto es tal que los extremistas excluyen la distancia del programa femenino. Regresará en Roma 1960 para no irse jamás. El vallista Smith y la Hitomi no administraron correctamente sus fuerzas. La asiática y  el sudafricano nunca pudieron ascender a lo más alto del estrado olímpico.

Refresquémonos en la piscina de la cita holandesa. El australiano Andrew Charlton  y el sueco Arne Borg son los libristas favoritos en los 400. Se temen, se vigilan. De pronto… el argentino Alberto Zorrilla se les cuela y los envía a los sitios segundo y tercero. No se cuidaron del gaucho: ahí tienen el resultado. No se vayan de la alberca o se perderán un magnífico panorama. Nada la teutona Hildegard Schrader, la estrella de los 200 de pecho. Cerca de la gloria. Peligra el récord mundial. ¡Se le zafa uno de los tirantes de su trusa: al aire buena parte de sus senos!  Aun así se impone. Sumergida, arregla la tira. A la prensa le expresa su insatisfacción por no haber mejorado aún más la marca del planeta, al no fijarse de la debilidad de aquel tirante.

El descuido, bajar la guardia, no tener concepción del riesgo, sentirse superior a los contrarios… trae malos resultados en cualquier sector. Las lides del músculo no escapan. Hay muchos más ejemplos. Ah, lo confieso: este texto no se enlaza por pura coincidencia con la lucha contra la pandemia, el cuidado que todos debemos tener. Me lo inspira la realidad que vivimos.

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