PERIODISMO CULTURAL

Las “edades” de la contemporaneidad y la realidad

“La eternidad es la negación del tiempo”.

Parménides de Elea

El arte contemporáneo es el de nuestro tiempo y refleja o guarda relación con la sociedad actual.

En el ámbito de la estética y en lo referente a su relevancia en un contexto social y político determinados, encontramos al arte contemporáneo indisolublemente unido al momento en el que se concibe una obra; pero la noción del tiempo ha cambiado.

En la antigüedad, el tiempo era cíclico y mítico, con el desarrollo de la humanidad el tiempo pasó a ser lineal y orientado. En nuestros días la circularidad temporal de los astros se acomodó, de alguna forma, a la linealidad temporal de la Historia.

Para San Agustín el tiempo existía solamente dentro del universo creado, de forma que Dios existirá fuera del tiempo eternamente sin presente, sin pasado y sin futuro. Isaac Newton, percibía el tiempo como absoluto, verdadero y matemático; eterno, infinito, omnipotente y omnisciente, en su relación con Dios.

La teoría de la relatividad considera que el tiempo es relativo en referencia a la observación, donde pasado y futuro podrían coexistir con el presente; y según el físico Stephen Hawking, el universo es finito en el espacio y en el tiempo exento de bordes o fronteras, sin principio ni final.

La aceleración del tiempo constituyó un hecho cultural, porque la modernidad imprimió otra velocidad al ritmo de la vida, necesidad e imperativo de hacer muchas cosas en una unidad menor de tiempo.

La subjetividad del tiempo es visible cuando se transita de horas férreas e inexorables a dimensiones más holgadas y abiertas, adaptables a las condiciones materiales y a la cadencia de la vida.

Las leyes de la física y de la mecánica, de la física cuántica y de la electricidad, son indiferentes al sentido del tiempo, al menos como lo distinguimos en el devenir cotidiano, el Universo se nos muestra en dos direcciones opuestas y no existe nada que nos haga referencia a la velocidad en la que el tiempo se queda atrás en relación a nosotros[i].

Los seres humanos cambiamos en términos naturales, psicosociológicos y culturales durante toda nuestra vida y transformamos nuestro entorno. En cerca de cincuenta mil millones de años fuimos homínidos y la evolución de nuestra cultura –en su sentido prístino- se realizó de manera mucho más acelerada que nuestra evolución biológica.

Creamos herramientas, desarrollamos culturas agrícolas, algo así como la “Revolución del neolítico”; y a partir del siglo XVI todo se tornó más rápido. La Revolución industrial del XVIII aceleró la vida de los seres en la tierra hasta el devenir de nuestros días.

La segunda ley de la termodinámica[ii], la más importante quizás, no hace referencia al uso del tiempo, cuenta las horas, no hace ninguna alusión al “ahora”; o es futuro o es pasado, el presente no cuenta, porque su duración es ínfima, y por esta razón se desplaza inexorablemente hacia el futuro.

Visto lo contemporáneo como lo de “nuestros días” y ante la realidad de que el presente “no cuenta”, el arte contemporáneo, que incluye a la crítica y a la teoría del arte, divide para su estudio y mejor compresión su vivir en corrientes etarias, organizadas de la siguiente forma:

Década de 1960: Expresionismo abstracto, Art & Language, Arte conceptual, Fluxus, Happening, Enviroment, Arte cinético, Minimalismo, Neo-Dada, Op Art, Performance, Arte Pop, Posminimalismo, Arte psicodélico, Videoarte.

Década de 1970: Arte pobre, Arte ASCII, Bad Painting, Body art, libro-arte, Arte feminista, Instalación, Land Art, Fotorrealismo.

Década de 1980: Arte digital, Grafiti, Arte postconceptual, Neoexpresionismo, Arte sonoro, Transvarguardia, Videoinstalación, Crítica institucional.

Década de 1990: Arte corporal o Body art, Arte digital, Hiperrealismo, Net art, New media art, Arte relacional, Young British artists.

Década del 2000: Arte urbano o Street art, Arte virtual, Arte-conferencia, Videoperformance.

Década 2010: Postinternet, Arte virtual, Arte autogenerativo, Arte algorítmico, Resilencia.

Pero no prima solamente ese criterio de ordenamiento en el estudio del arte contemporáneo, sino que, los estudiosos clasifican también el mismo a partir de los movimientos artísticos[iii] que se sucedieron, y que son:

El impresionismo: con contenidos y las actitudes emocionales, que consiste en una expresión del propio yo, con composiciones desgarradas, colores violentos y contenidos simbólicos.

El fauvismo[iv]: identificado por la sustitución de la paleta de tonos naturalistas empleada por los impresionistas por un fuerte colorido y un dibujo de trazo muy marcado para crear un mayor énfasis expresivo.

El cubismo: en la superficie plana y en la bidimensionalidad del lienzo, propone una forma de perspectiva basada en la multiplicidad de los puntos de vista. En una primera etapa[v], los artistas buscaban la descomposición de las formas tridimensionales en elementos geométricos y una segunda etapa[vi] que se desarrollan experiencias con el collage.

El futurismo: es un estilo llamado cubismo dinámico porque los artistas se interesaban en la representación del movimiento y la velocidad a través de la repetición rítmica de líneas e imágenes.

El neoplasticismo: utilizó las líneas rectas que delimitan rectángulos de colores primarios, los artistas querían destacar la bidimensionalidad de la superficie para expresar su ideal basado en la pureza del arte.

El dadaismo[vii]: representa la antítesis del racionalismo y de la abstracción, que surgió durante la Primera Guerra Mundial como una forma de protesta ante los cánones estéticos dominantes, querían representar la libertad absoluta, lo inmediato, la contradicción y la espontaneidad de dadaísmo buscaban derrocar las leyes de la lógica un pensamiento inmóvil, los conceptos abstractos, lo universal y la eternidad de los principios, el caos sobre el orden y  romper las fronteras entre el arte y la vida.

El surrealismo: se trataba de ir más allá de la realidad visible asegurando la superioridad del subconsciente y daba importancia a los sueños en la creación artística.

El constructivismo: se origina en Rusia, desde donde se traslada a Europa, hasta llegar a Latinoamérica. Este movimiento se caracterizó por ser muy abstracto y recurría a figuras geométricas muy bien definidas.

El arte ha recurrido en más de una ocasión a lo catastrófico como elemento provocativo. Una catástrofe tiene como significante fundamental un cambio; la creación de una crisis a partir de la cual se genera una problemática nueva, y que a veces resulta casi irreversible.

Lo catastrófico contiene lo dramático per se. En la representación de una obra perviven la tragedia y la comedia (risa-llanto; amor-desamor; tristeza-alegría). En las artes visuales, la narrativa de la catástrofe, del cataclismo, ha estado muy presente casi siempre y es un elemento poderoso que provoca una reflexión acerca de lo conocido, de lo vivido y del futuro[viii].

Una gran parte del imaginario y de la cultura occidental están cimentadas en la catástrofe, pensemos en el Apocalipsis. El anuncio del sonido de las trompetas que desata la caída de las estrellas sobre los ríos; los daños al sol, a la luna, el oscurecimiento de una tercera parte de las estrellas; la llegada del fin de los tiempos y la angustia la experimentamos al leer[ix] el clamor del águila: “¡Terror, terror, terror para todos los habitantes de este mundo por lo que vendrá cuando los últimos tres ángeles toquen sus trompetas!”.

Cristóbal Colón, al encontrar América provocó el cataclismo que significó la extinción y la muerte de parte de sus habitantes y sus culturas autóctonas; porque no sólo buscaba hallar una nueva ruta para llegar a las indias y romper con el bloqueo impuesto por los moros al comercio; se dice que la intención “otra” y verdadera del Gran Almirante era descubrir una ruta nueva para llegar a Jerusalén y liberar el Santo Sepulcro. Imaginemos lo qué hubiera ocurrido si esa segunda intención hubiese sido lograda.

Carlos Marx y Federico Engels nos invitaron a crear una catástrofe, la destrucción del capitalismo, para que el hombre dejase de explotar a su semejante y fundara una nueva visión del mundo donde unos y otros repartiríamos las riquezas, fruto del trabajo, entre todos, según nuestras necesidades, en armonía, sin la existencia de estados que nos regulen nuestras vidas.

Catástrofes, crisis y Albert Einstein decía: “…La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche obscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera si mismo sin quedar `superado´. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

El arte refleja la vida. La felicidad y su contrario manifiestan sus momentos duros y sus desgracias, esta de nuestros días que llega en forma de pandemia, provoca la muerte y la parálisis del mundo, subvierte lo que conocíamos y nos hace pensar en lo porvenir. El desenlace –aún lejano- podría influir en nuestras vidas y cultura –entendida esta última como el arte de existir.

La Historia contemporánea nos ha enseñado que, mientras la inteligencia humana dormita o se dedica a otros cuestiones, litigios y destinos, el mundo del siglo XX, vivió catástrofes impresionantes como lo fueron las dos guerras mundiales, que causaron la muerte de millones de personas.

Una primera moraleja de esta “nueva realidad” podría ser que una sociedad se torna insostenible, cuando tiene cada vez más opciones en menos tiempo o intervalos, cuando introduce a la atmósfera miles de nuevas sustancias químicas en la naturaleza y esta no las puede asimilar, cuando dispone de microrganismos genéticamente modificados sin darles un uso éticamente apropiado, cuando renuncia a la posibilidad de reaccionar a tiempo ante los efectos de sus actos[x].

Y ante la indiferencia que acompaña a algunos diariamente nos preguntamos, es propio de nuestra especie el crearse ante lo adverso una coraza para tratar de protegerse de la ignorancia. La explicación tal vez esté en el balance existente entre la cognición, el hábito, la angustia y la racionalidad. No prima solo lo racional en el ser humano; ni “el potro salvaje” de Schopenhauer[xi], ni el subconsciente de Freud[xii], somos multideterminados y una de las respuestas del arte llega en forma de interrogante: ¿cómo salvarnos?

El arte puede generar reflexiones a las narrativas creadas por la realidad y puede, al menos, invitar al retozo intelectual que limite el alcance de la catástrofe; esa que nos sumerge en su ola bravía y violenta, y que solo será resuelta con el concurso de la ciencia, otra forma de manifestación cultural del hombre.

Ningún Dios parece estar dispuesto a hacer el milagro, por ahora; la culpa no ayuda y la confesión tampoco; solo la actitud responsable de los ciudadanos, en un compromiso real con el futuro, salvará a las generaciones venideras de la propia humanidad, y será en una forma de arte y de cultura.

Imagen: Franticek

Notas:

[i]Morris Richard (1994). Las flechas del tiempo, Salvat, Barcelona, págs. 125 y ss. 204 pp.

[ii]Los principios de la termodinámica son: Principio Cero. Existe un parámetro empírico, la temperatura, como una propiedad de un sistema, tal que los sistemas en equilibrio térmico no tengan la misma temperatura. Primer Principio. El incremento de la energía interna de un sistema cerrado es igual al calor suministrado al sistema menos el trabajo hecho por el sistema. Segundo principio. La cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo e indica la irreversibilidad de los procesos naturales, y, en muchos casos, la tendencia de los procesos naturales a conducir a la homogeneidad de la materia y energía, y especialmente de la temperatura. Tercer Principio. La entropía de un cristal perfecto de cualquier sustancia pura se aproxima a cero cuando la temperatura se aproxima al cero absoluto.

[iii] Ver: https://tiposdearte.com/que-es-el-arte-contemporaneo/

[iv] El término proviene del idioma francés y significa “fierismo”. Nace de la crítica a una exposición presentada en el Salón de Otoño de 1905 en París, en la publicación L’Ilustration, No. 3271, ​ 4 de noviembre de 1905.

[v] cubismo analítico.

[vi] cubismo sintético.

[vii]El dadaísmo es un movimiento cultural y artístico creado con el fin de contrariar las artes. Surgió en 1916 en el Cabaret Voltaire en Zúrich (Suiza). Fue propuesto por Hugo Ball, escritor de los primeros textos dadaístas; posteriormente se unió el rumano Tristan Tzara, que llegaría a ser el emblema del dadaísmo. Una característica fundamental del dadaísmo es la oposición al concepto de razón instaurado por el positivismo, fue una burla al artista burgués.

[viii] Ver la conferencia de Eduardo Abaroa en el IX Simposio Internacional de Teoría sobre Arte contemporáneo. “Teoría y práctica de la catástrofe” SIT-AC. 27 de enero del 2011. México.

[ix] Ver Apocalipsis según San Juan. Santa Biblia. Nueva traducción viviente. Unilit, Florida, EEUU, 2011, pág. 1001.

[x]García, Ernesto. (1995). Notas sobre el desarrollo sustentable y el propósito consciente. Ecología política, nro. 10, págs. 53-54.

[xi] Arthur Schopenhauer​ (1788-1860). Filósofo alemán. Fue el máximo representante del pesimismo filosófico y uno de los más importantes pensadores del siglo XIX.

[xii] Sigmund Schlomo Freud (1856-1939). Neurólogo, padre del psicoanálisis de origen austriaco y uno de los mayores intelectuales del siglo XX.

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