INTERNACIONAL

Incendios forestales o cuando el cambio climático toca a la puerta de California

Varios megaincendios incineran más de un millón de hectáreas. Millones de residentes están asfixiados por el aire tóxico. Apagones continuos y olas de calor con temperaturas altísimas. El cambio climático, de acuerdo con un científico le está dando una bofetada a California.
Esas palabras que publica The New York Times, pueden ilustrar también, como una fotografía, la lamentable realidad que está viviendo la ciudad de California, cuando miles de personas, árboles, animales, edificios quedan atrapados tras el color anaranjado de un humo que cubre los cielos del Estado más poblado de la nación norteña, y de una imparable contaminación que constituye el triste preludio de males aún mayores.
El artículo, Incendios incontrolables, cielos anaranjados y agua contaminada: el cambio climático se respira en California, muestra cómo “las piezas del dominó” se desvanecen con una rapidez inimaginable mostrando tácitamente el funcionamiento de las reacciones en cadena, pues un verano sofocante derivó en condiciones de sequía jamás experimentadas con una aridez significativa que permitió incendios forestales de intensidad superlativa.
Si el cambio climático era un concepto abstracto hace una década-escribieron Thomas Fuller y Christopher Flavelle, autores del mencionado artículo-en la actualidad es demasiado real para los californianos porque “los intensos incendios forestales no solo están desplazando a miles de personas de sus hogares, sino que están provocando que químicos peligrosos se filtren en el agua potable”.
Aunque los incendios forestales se gestan durante décadas hasta que suceden, Mark Harvey, quien fuera director sénior de resiliencia en el Consejo de Seguridad Nacional hasta el mes de enero, dijo que al Gobierno estadounidense se le ha dificultado la preparación para situaciones como las que se están viviendo en California.
“El Gobierno tiene un desempeño muy muy deficiente en cuanto a los efectos en cadena. La mayoría de nuestros sistemas están diseñados para lidiar con un problema a la vez”, indicó.
Según el Servicio Forestal de Estados Unidos-recoge The Times-una sequía prolongada que terminó en 2017 fue una de las principales causas de muerte de 163 millones de árboles en los bosques de California en la última década, mientras que uno de los incendios que se propagó con más velocidad este año devastó los bosques que tenían la concentración más alta de árboles muertos, al sur del Parque Nacional de Yosemite.
Enfrentar las amenazas inmediatas resulta la principal tarea de las autoridades estatales, sin embargo, las consecuencias a largo plazo pueden ser peores, si contamos el riesgo que añade la pandemia de la COVID-19.
Con respecto a la enfermedad, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han emitido comunicados que advierten que las personas con SARS-CoV-2 tienen mayor probabilidad de resultar afectadas por el humo de los incendios forestales.
El panorama ambiental se complejiza con demostraciones de deterioro cada vez mayores. Parece que Philip B. Duffy, un científico del Woodwell Climate Research Center, tiene razón al responder a las personas que cuestionan si esta es la nueva normalidad: “no, va a empeorar”.

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