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José Agustín Caballero: un gran intelectual

La Historia la escriben grandes hombres. Páginas de ilustración, patriotismo, cultura, educación… que enriquecen el devenir de la sociedad desde su surgimiento hasta la fecha. Sin embargo, a veces, fundamentalmente debido a la inmensa cantidad de figuras que moldearon nuestra nacionalidad e independencia, muchos nombres van quedando en el olvido e involuntariamente apenas nos referimos a ellos.

Tal es el caso de un eminente pensador nacido en La Habana el 28 de agosto de 1762, hace ahora 258 años. Me refiero al educador y filósofo José Agustín Caballero, uno de los más importantes representantes de la Ilustración Reformista criolla e iniciador en Cuba de la educación elemental gratuita o educación popular, en tanto promotor de los cambios culturales que a mediados de esa centuria se registraban en Europa, con cierta resonancia en el ámbito insular.

En sus años de estudiante, primero, y de profesor, después, la vida de este destacado intelectual trascendió, desde los doce años de edad y hasta el final de sus días, en el Seminario de San Carlos donde se pertrechó de profundos conocimientos sobre filosofía y se graduó de Bachiller en Artes, y más tarde en Teología, en 1785.

A partir de ese año inició su prolífica carrera como  pedagogo especializado en Filosofía, época de cierto esplendor en la economía cubana y en la que los movimientos progresistas trajeron consigo el desarrollo de nuevas ideas transformadoras en el campo de la enseñanza, de las cuales fue su principal impulsor al punto de erigirse en uno de los creadores de la pedagogía insular.

Ese mérito estaba sustentado en sus principios, tendencias y aportes al sistema educacional de nuestro país, el cual se caracterizaba por su atraso y pobreza en relación con las corrientes de vanguardia existentes en Europa, asunto que reflejó en varios de sus escritos en los que igualmente abogó por la reforma y la libertad de la enseñanza en la Isla.

En el año 1797, en Cuba comenzó un movimiento reformista en torno a las ciencias filosóficas, del cual Caballero fue uno de sus abanderados. Muestra de ello es su libro, con fines docentes, titulado Philosophia electiva, considerado como la primera obra filosófica cubana, en tanto enfrentó los rigurosos cánones de la escolástica a través de sus sugerentes estudios de la naturaleza, el abandono de la repetición de la mecánica y el fomento de métodos de experimentación sobre física, química y el resto de las ciencias naturales. Asimismo, impulsó el desarrollo de las letras e incentivó el patriotismo entre los educandos.

A partir del año 1813, este insigne cubano, quien fue conocido también por los motes de El amigo de los esclavos y El amigo de los encarcelados, asumió la educación de quien posteriormente devino figura esencial de la filosofía y la educación en Cuba, José de la Luz y Caballero, discípulo que igualmente fue relevante por sus aportes a la educación pública.

La Doctora en Ciencias Raquel Pérez Rodríguez, en su ensayo titulado José Agustín Caballero, iniciador de la pedagogía cubana destaca que “su contribución a la Teoría de la Educación se centra en la formación de nuevos valores de tipos ideológicos y patrióticos y en los métodos educativos. Aunque los valores morales tienen precedentes en la educación anterior, Caballero introduce la virtud como un valor, que no sólo se adquiere en la vida religiosa, sino por el conocimiento de la verdad por medio de los estudios modernos. Ese valor debe y tiene que ser trabajado pedagógicamente en las aulas cubanas”.

También conocido como El amante del periódico y El redactor, el extraordinario pensador cubano, venido al mundo en medio de la ocupación de La Habana por los ingleses, fue colaborador del gobierno (1790-1796), de Don Luis de las Casas y Arragorri, Conde de Aranda, capitán general de Cuba, y muchas de sus ideas las reflejó, a través de su impronta en el periodismo, en el Papel Periódico y en las publicaciones de la Real Sociedad Patriótica de Amigos del País, textos en los que expuso sus revolucionarios criterios sobre los nuevos reclamos socio-económico y culturales de los hacendados criollos, así como sus argumentadas críticas sobre literatura.

Asimismo analizó y propuso ideas para solucionar los cada vez mayores atrasos en la educación, la ciencia y la ilustración en Cuba, en tanto estimuló que se estudiara la lengua materna a través del sistema de enseñanza, desplegando asimismo una ingente labor a favor de la formación de los jóvenes.

Caballero hizo notables aportes al mejoramiento de la moral pública, y fue incansable defensor de las tradiciones, de la cultura y del respeto a los dogmas del catolicismo. Su proyecto tenía como base la concordancia y la armonía entre la tradición y la innovación. Se destacó además por su formación cultural y sus sólidos conocimientos de la educación, la historia y la economía.

El primer reformador educacional de Cuba desempeñó un importante papel en la formación de la conciencia nacional, en tiempos en que la nación estaba bajo el dominio de la colonización española.

Toda identidad nacional tiene un proyecto de desarrollo de la sociedad, cuya base es la educación de sus miembros. En la formación del ideal social en cada época histórica, intervienen ideas y acciones educativas que son esenciales para lograrlo.

En el caso cubano, estas ideas iniciales provienen de figuras fundacionales de la nación cubana, que consideraron a la educación y la pedagogía como vía esencial para lograr el desarrollo de la sociedad.

José Agustín Caballero (1762-1835), Félix Varela (1788-1853), José de la Luz (1800-1862) y José Martí (1853-1895), fueron los más relevantes del siglo XIX y su impronta llega a los momentos actuales.  Dentro de ese grupo José Agustín Caballero ha sido el menos estudiado”, apunta la Doctora en Ciencias Raquel Pérez Rodríguez.

José Agustín Caballero, además de excepcional orador,  fue traductor del latín, lengua de la que  transcribió al español el libro la Historia del Nuevo Mundo Sepulveda, de Juan Gines de Sepulveda, de quien también tradujo su correspondencia con Melchor Cano (del francés); del inglés, la novela Cartas de Milady Julieta Castelvi a su amiga Milady Henriqueta Campley, de Marie-Jeanne Riccoboni; del francés la correspondencia de Sepúlveda y las Lecciones preliminares del curso de estudios, del abate Condillac.

Falleció en La Habana el 6 de abril de 1835, en el mismo lugar donde vivió desde que inició su vida escolar: el Seminario de San Carlos, célebre institución de estudios superiores de la Iglesia Católica, fundada en el año 1989 en la calle Compostela, en La Habana Vieja, y donde se formaron varios de los más connotados intelectuales cubanos en tiempos de la colonia,  como Carlos Manuel de Céspedes, Félix Varela y Morales, José de la Luz y Caballero, Tomás Romay Chacón, Cirilo Villaverde, Rafael María de Mendive y José Antonio Saco.

En este lugar, distinguido también por su singular arquitectura que introduce elementos novedosos para su época, hoy radica el Centro Cultural Padre Félix Varela.

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