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En el batistato la censura era aplicada con un lápiz rojo, el castigo físico o la muerte

A rememorar el heroísmo que acompañó a los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y también a recordar a quienes desde un periodismo contrahegemónico combatieron la feroz represión impuesta por la dictadura batistiana tras dichos sucesos, dedicaron la jornada de la mañana este 24 de julio los participantes en la videoconferencia “Batistato, dictadura y censura”, desarrollada en la sede nacional de la Unión de Periodistas de Cuba.

“Nos inspiran estos tiempos en que el heroísmo se ha convertido en algo cotidiano en nuestro país”.

Reportaje de Irma Cáceres donde Marta Rojas ofrece su testimonio, con lo cual se inauguró la videoconferencia. Ambas son Premio Nacional de Periodismo “José Martí”.

Tubal Páez Hernández, presidente de Honor de la Upec y conductor del encuentro, dijo que la actividad era un momento para ponerse en la piel de aquellos jóvenes, entre los cuales estuvieron compañeros de profesión, con frecuente presencia en medios de la época, como el propio Fidel o Fernando Chenard Piña. “Ellos nos inspiran estos tiempos en que el heroísmo se ha convertido en algo manifiesto, cotidiano, dentro y fuera de nuestras fronteras”.

Eduardo Ysells Ferrer. Foto: Heriberto González/Cubaperiodistas.

Eduardo Yasells Ferrer, Premio Nacional de Periodismo “José Martí” 2017, esbozó un breve panorama de la época marcada por el ascenso a la presidencia de la República de Fulgencio Batista tras el golpe de Estado que protagonizara el 10 de marzo de 1952, valiéndose de su liderazgo dentro de las Fuerzas Armadas.

En su natal Santiago de Cuba, narró Yasells Ferrer, antes de los sucesos del 26 de julio, el primer desaparecido del nuevo régimen fue Narciso Martínez. Un segundo hecho fue el asesinato del ex capitán Escalona –opositor de los anteriores periodos de mandato de  Batista—, torturado y ultimado por el capitán Alejandro García Olayón, jefe de la Policía Marítima santiaguera. “A un periodista de Prensa Universal, se le ocurrió indagar en el hecho, recibió una amenaza de muerte y tuvo que salir de la ciudad, e incluso salió del país”.

El también fundador de la revista Verde Olivo señaló que las fotos de los cuerpos de los asaltantes del Moncada en los accesos a la instalación militar y, posteriormente, las de los combatientes del Goicuría y de los expedicionarios del Granma caídos, nunca se publicaron durante el batistato, sino hasta después del triunfo de la Revolución, porque la censura no lo permitía.

En el Ministerio de Gobernación —dijo el periodista— existía el llamado “Negociado de prensa”, que garantizaba que un policía revisara en cada medio lo que se iba a publicar y vetara lo que pudiera afectar a los intereses del régimen.

“Los miles de cadáveres de combatientes que fueron arrojados en los arrabales de las ciudades nunca aparecieron en la prensa. Mucho menos los que fueron arrojados al mar, con hierros atados a los pies. La censura era aplicada con un lápiz rojo o mediante una advertencia, pero había otros métodos más duros como la persecución o el castigo físico. Al cronista Mario Kuchilán se le ocurrió abordar algunas inequidades del régimen y le dieron tremenda paliza. Por ahí andan las imágenes de su espalda flagelada”.

Asimismo, señaló que otra vía de ejercer la censura, de manera más violenta, fue el asalto a medios de prensa como el ocurrido en el periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular. O cuando el 4 de mayo de 1952 una horda de agentes represivos irrumpió en el Radiocentro –hoy Instituto Cubano de Radio y Televisión— durante una emisión del programa radial “Universidad del aire” y golpeó a miembros de la audiencia, entre ellos a los entonces estudiantes de la Universidad de La Habana Armando Hart Dávalos y Faustino Pérez Hernández.

Marta Rojas
Marta Rojas. Foto: Heriberto González/Cubaperiodista

A la periodista Marta Rojas Rodríguez el sonido de los disparos del asalto al cuartel Moncada la sorprendió junto al fotógrafo Panchito Cano, en los estertores del carnaval santiaguero. La entonces joven estudiante de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, presta a graduarse, se encontraba de vacaciones en su ciudad natal y trabajaba en un reportaje sobre los festejos para la revista Bohemia.

La Premio Nacional de Periodismo “José Martí” 1997 rememoró que sobre las 11 de la mañana se encontraban en el despacho del coronel Alberto del Río Chaviano para una conferencia de prensa sobre el acontecimiento, cuando Panchito Cano le dice que pida permiso para ir al baño pues había visto dos muchachas detenidas.

“Fui al baño y al regreso miré hacia donde estaban las mujeres –Melba Hernández Rodríguez del Rey y Haydée Santamaría Cuadrado—-; una se estaba balanceando en un sillón ansiosamente y a la otra le estaban tomando declaraciones”. Con la venia de Carlos Nicot, presidente del Colegio de Periodistas de Santiago de  Cuba, la reportera le preguntó al coronel Chaviano por las jóvenes.

—No sé, aquí no hay ningún preso. Todos murieron en el combate.

Tiempo después se reveló que interrogante a Chaviano salvaría la vida de ambas mujeres al poner sobre ellas la atención de la prensa.

Rojas Rodríguez recordó que al salir del despacho del militar ya estaba vigente un decreto ley para la censura. Esto se vio reflejado en la cobertura del juicio a los sobrevivientes, donde los 25 periodistas que participaron solo pudieron publicar datos mínimos como los nombres de los imputados y generalidades de la causa. En el caso de las fotografías tomadas por Panchito Cano sobre los resultados de la acción militar, no fueron confiscadas porque ella llevaba los negativos en sus bolsillos al cambiarlos con Panchito, previamente, por las instantáneas de los carnavales santiagueros.

Vea la transmisión íntegra del panel “Batistato, Dictadura y Censura”.

Sin embargo, trascendiendo la férrea censura, imponerse a Batista no era el propósito de muchos de los órganos de prensa del entramado mediático republicano. Estas organizaciones respondían a intereses clasistas y estaban coludidas con la agenda del dictador.

De acuerdo con Luis Manuel Quesada Kindelán, periodista de Las Tunas que ejerció la profesión antes de 1959, esta realidad se puso de manifiesto en el territorio oriental, que contaba con alrededor de diez periódicos locales de tirada semanal, y ninguno mencionó en sus páginas las acciones del movimiento revolucionario.

“Para llenar este vacío surgió una corriente de periodistas aficionados que contaron acontecimientos silenciados, como las Pascuas Sangrientas. Los jóvenes tuneros se aglutinaron en la Escuela de Comercio y en asociaciones masónicas, lo que propició la publicación de boletines que burlaron el decreto ley en vigor”.

Por su parte, el historiador Enrique Ginebra señaló que en Pinar del Río “existía una prensa comprometida con el dictador. “Esto desde los preparativos del golpe de Estado, al evocar la figura de Batista. El Vocero Occidental y El Heraldo Pinareño fueron sus aliados en ese sentido. En una visita suya a Vueltabajo, el 24 de febrero del año 1952, el dictador recorrió la sede del Vocero y otros lugares de la ciudad, y se le brindó una cobertura increíble con titulares a toda página”.

El vicepresidente de la Unión de Historiadores de Cuba en Pinar del Río dijo que tras el aldabonazo, ocho de los 15 alcaldes de la región fueron sustituidos, y que la cúpula del poder económico y político se plegó por completo al batistato. Igualmente, que se silenció la participación de 16 jóvenes de la zona en el asalto al cuartel Moncada.

Andrés García Suárez, fundador del rotativo Vanguardia, y participante en el alzamiento del 5 de septiembre de 1957, añadió que respecto al hecho popular en el que Cienfuegos quedó por 24 horas en manos de los revolucionarios, los periódicos de la antigua provincia de Las Villas: El Villareño, El Comercio y La Correspondencia “demostraron su posición burguesa y plegada a los intereses de la dictadura al tergiversar el suceso”.

Nuestros panelistas desde Las Tunas, en la transmisión en directo de la videoconferencia por Youtube. Foto: Heriberto González/Cubaperiodistas.

Yoel Lachatañeré Popa, tunero con más de cinco décadas como periodista, apuntó que en ese periodo batistiano el documento más censurado fue el manifiesto La historia me absolverá, el programa político del Moncada escrito por Fidel, que encontró múltiples vías de llegar a la ciudadanía gracias a la arriesgada labor de la prensa clandestina.

El holguinero José Abreu Cardey, Premio Nacional de Historia, señaló que la existencia de momentos de férrea censura junto a otros de mayor distensión editorial evidencia que Batista no llegó a tener el control total de la nación, como lo tuvo Rafael Trujillo Molina, en República Dominicana.

José Abreu Cardey interviene desde Holguín. Foto: Heriberto González/Cubaperiodistas.

“Recordemos que había grandes diferencias sociales, pero que este era un país de una clase media muy poderosa. También que se heredaba una tradición de lucha que comenzó con la Guerra de Independencia y que tuvo un punto álgido en el enfrentamiento a la dictadura de Machado. Esa gran complejidad social hace que sea más difícil un dominio completo”.

Abreu Cardey apuntó que, además de la censura, la dictadura llevó a cabo un proceso de desinformación constante: “En el caso de Holguín, el 9 de diciembre de 1957 fueron asesinados seis dirigentes del Movimiento 26 de Julio y ellos plantean como noticia oficial que fueron muertos por los mismos combatientes que trataron de rescatarlos. Algo irreal, completamente. En el caso de las Pascuas Sangrientas ellos mataron 23 compañeros y plantearon que fue producto de un enfrentamiento entre los revolucionarios” total  de la nación, como lo tuvo Rafael Trujillo Molina, en República Dominicana.

“Recordemos que había grandes diferencias sociales, pero que este era un país de una clase media muy poderosa. También, que se heredaba una tradición de lucha que comenzó con la Guerra de Independencia y que tuvo un punto álgido en el enfrentamiento a la dictadura de Machado. Esa gran complejidad social hizo que fuera más difícil un dominio completo”.

Abreu Cardey apuntó que, además de la censura, la dictadura llevó a cabo un proceso de desinformación constante: “En el caso de Holguín, el 9 de diciembre de 1957 fueron asesinados seis dirigentes del Movimiento 26 de Julio y ellos plantean como noticia oficial que fueron muertos por los mismos combatientes que trataron de rescatarlos. Algo irreal, completamente. En el caso de las Pascuas Sangrientas asesinaron a 23 compañeros y plantearon que fue resultado de un enfrentamiento entre los revolucionarios”.

Héctor Terry, fundador del Directorio Revolucionario, interviene desde la casa de la prensa de la provincia La Habana. Foto: Heriberto González/Cubaperiodistas.

Acerca de la labor de la prensa clandestina, el doctor Héctor Terry Molinet, de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana y protagonista estudiantil de la lucha contra el batistato, recordó las denuncias a los desmanes del gobierno publicadas en el periódico Alma Mater, entonces vocero de la Federación Estudiantil Universitaria.

“También recuerdo el papel que jugó el periódico La Calle, con el compañero Luis Orlando Rodríguez al frente, posteriormente Comandante del Ejército Rebelde. Recuerdo al periodista Juan Manuel Márquez que fue apaleado por sus protestas públicas contra el régimen; así como a la compañera Pastorita Núñez, un verdadero ejemplo de lo que fue la mujer revolucionaria y de la lucha clandestina…”.

La periodista Heidy González Cabrera contó cómo siendo muy joven formó parte del Movimiento 26 de Julio y cómo tuvo que irse al exilio con 18 años. En Nueva York formó parte del grupo que buscaba viviendas para todos los revolucionarios que llegaban torturados o protegiendose de una muerte segura, entre otras tareas que realizó. Foto: Heriberto González/Cubaperiodistas.

Narciso Fernández Martínez, periodista del periódico Vanguardia, dijo que este tipo de encuentros es una forma de enfrentar el desmontaje que se intenta hacer de la historia de Cuba, y que procura convertir a la década de los 50 en la época dorada de la República neocolonial y al gobierno de Batista en próspero y beneficioso para los cubanos.  “Pretenden envolver en oropeles los más de 20 mil crímenes que cometieron durante los siete años que duró la dictadura de Batista. Esa es una falacia que hay que combatir”.

Tubal Páez, Presidente de Honor de la UPEC. Foto: Heriberto González/Cubaperiodista

Mientras, Tubal Páez Hernández, subrayó que cuando faltan horas para las celebraciones el Día de la Rebeldía Nacional esta fue una forma de despejar las nebulosas que se quieren posar sobre una época verdaderamente nefasta de la nación.

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