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“America first!” (even for covid-19?)

El testimonio viene de alguien que no desea ver su nombre divulgado: padece una timidez que le produce miedo pánico a la publicidad. Pero tampoco quiere que se ignore que recuerda especialmente a Papillo el Grande al ver cómo el patán Donald se pavonea, ¿o se patonea?, “argumentando” por qué los Estados Unidos sobresalen a nivel mundial: entre otras “razones”, debido la cifra de personas contagiadas por la covid-19, y de muertes causadas por esa enfermedad. A su “juicio”, que rinde tributo al afán de “mesianismo” devastador propio de su nación desde sus orígenes, ella es la más grande del planeta, la que más investiga, la que lo hace todo mejor, la que más, la que más, la que más…!

Pero ¿quién era Papillo el Grande? Fue uno de esos enajenados que, lamentablemente, a menudo provocan más burlas que comprensión, pero en pueblos pequeños suelen convertirse en personajes queridos. El nombre con que se hizo popular le vino del apodo afectuoso con que desde niño lo llamó la familia, y luego todo el pueblo, y del delirio de grandeza característico de su enajenación, que no tardó en descubrírsele. Pero ni con su locura en general ni con su megalomanía en particular le hacía daño a nadie, porque era una buena persona, rasgos que —salvo la sicosis— lo diferenciarían radicalmente del abominable césar.

Este último se ha hecho célebre por “virtudes” como la bravuconería que exhibió al proponer: “¡Los Estados Unidos primero!” —como debe traducirse “America first!”, no con el desprevenido “¡América primero!”, que a menudo se le regla al césar, ¡al imperio!, incluso desde medios informativos y por voces de indudable posición revolucionaria—, y al asegurar que, con él, la potencia seguiría siendo grande, ¡lo más grande del mundo, caballeros! Tal “superioridad” no la explican ni la extensión territorial ni el número de habitantes de esa nación, sino su arrogancia imperial y, eso sí, el ser la más genocida y saqueadora, y hoy —algo que es de lamentar, pensando en su pueblo— el epicentro de la pandemia de covid-19.

Entonces, ¿por qué concretamente al coterráneo de Papillo el Grande las salidas de este le hacen pensar en el patán Donald? La expresión de megalomanía de Papillo que más recuerda el testimoniante es la insistencia con que repetía que él era el hombre más inteligente del mundo, porque nadie tenía la cabeza más grande, y al percatarse de la incredulidad que tales palabras generaban —la suya era una testa entre normal y pequeña—, enfáticamente añadía que ninguna otra cabeza del mundo tenía más piojos que la suya.

Gracias al tímido pero memorioso coterráneo de Papillo el Grande por recordar al enajenado de su pueblo como lo hace, y regalarle el testimonio a quien suscribe.

Luis Toledo Sande
Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y subdirector de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

One thought on ““America first!” (even for covid-19?)

  1. Estimulado por la publicación y la buena acogida de la nota, el testimoniante acaba de añadir algo que no había incluido en su primer mensaje. Por lo que se ha dicho, el sobrenombre “Papillo” dado al personaje en su infancia fue, a la vez, un chiqueo cariñoso y un modo de aludir a su tenaz doble relación con la papilla: literalmente tenía pasión por la alimenticia, que reclamaba y devoraba, y metafóricamente “hacía papilla” cualquier objeto que cogía entre manos. El nombre de pila no lo recuerda el informante ni, según él, nadie en el pueblo, donde —entre muertos y mudados de sitio— no quedan ya familiares a quienes preguntarles. Pero el autor de la nota no pierde la esperanza de que el dato aparezca.
    28 de mayo de 2020
    Luis Toledo Sande

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