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Coronavirus: el bulo que más se propaga es el que añade datos falsos a informaciones verdaderas

La crisis originada por el coronavirus ha multiplicado el número de bulos y desinformación que circula por redes sociales, plataformas de mensajería e incluso webs de clickbaiting que se autodenominan periódicos y causan un enorme daño en muchos lectores que desconocen la falta de ética de estas webs y caen en sus titulares-trampa.

¿Cuál es la tipología de bulo o desinformación que más se está dando estos días? Según un estudio del Reuters Institute, la que más prolifera es aquella que parte de algún dato verdadero, pero es descontextualizada o se le agregan otros datos falsos.

El informe indica que no son las informaciones falsas que se construyen desde cero las que más se propagan, sino que gran parte de la información errónea en la muestra que han analizado abarca varias formas de manipulación, donde la información existente y a menudo verdadera es modificada con otros datos falsos, recontextualizada o reelaborada.

El análisis ha detectado diferentes subtipos de información errónea que modificaron la información existente.

1.- Información verdadera mezclada con otra que no lo es

La forma más común de información errónea, el ‘contenido engañoso’ (29%), contenía cierta información verdadera, pero los detalles fueron reformulados, seleccionados y recontextualizados de manera que los hicieran falsos o engañosos.

Una publicación muy compartida ofreció consejos médicos, combinando información precisa e inexacta sobre cómo tratar y prevenir la propagación del virus. Si bien algunos de los consejos, como lavarse las manos, se alinean con el consenso médico, otras sugerencias no. Por ejemplo, la pieza afirma: ‘Este nuevo virus no es resistente al calor y se puede eliminar por una temperatura de solo 26/27 grados”.

2: Fotos reales de otros años o lugares pero que tratan de hacer pasar por lo que no son

Una segunda forma común de información errónea es la que se da en imágenes o vídeos etiquetados o descritos como algo diferente de lo que son (24%). Por ejemplo, una publicación muestra una imagen de una selección de alimentos veganos en un supermercado, que nadie ha tocado y está llena, y sugiere que por el pánico al coronavirus “nadie quiere comer comida vegana.

Falso: la imagen es de un estante de una tienda de comestibles en Texas en 2017, antes del huracán Harvey.

AFP Australia comprobó que esta imagen es de un estante de una tienda de comestibles en Texas en 2017, antes del huracán Harvey. Todos los ejemplos de contenido manipulado que analiza el informe emplearon técnicas de edición de fotos o videos simples y de baja tecnología. Un video editado sobre bananas sugiere que pueden prevenir o curar el COVID-19.

A pesar de la gran preocupación reciente sobre uso de tecnología punta para generar desinformación, el informe no ha detectado ejemplos que empleen deep fakes  u otras herramientas basadas en inteligencia artificial. Más bien, el contenido manipulado son “‘falsificaciones baratas’  producidas usando técnicas que han existido desde que hay fotografías y películas”, indican.

Otros datos de interés

La información errónea se mueve de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba

Políticos de alto nivel, famosos u otras figuras públicas prominentes produjeron o difundieron solo el 20% de la información errónea en la muestra, pero esa información errónea creó un gran engagement (retuits, me gusta, comentarios, etc.) en las redes sociales en la muestra.

A pesar de esto -advierte el informe- es importante no subestimar la cantidad (o influencia) de la información errónea de abajo hacia arriba producida y difundida por el público en general. Este contenido no solo constituye la gran mayoría de la muestra en términos de volumen, sino que algunas piezas individuales, como una sobre saunas y secadores de cabello que previenen el COVID-19 , también generan grandes volúmenes de engagement.

¿Qué lleva a la gente a crear bulos?

Sobre las motivaciones a la hora de difundir los bulos, hay distintos motivos. Los que crean o difunden los bulos parecen tener muchas razones para compartir información errónea, incluido el deseo de “trolear”, la creencia de que lo que dice es verdadero o el partidismo político.

En general, no parece que haya detrás un motivo comercial. Pocas piezas de información errónea en la muestra parecían tener la intención de generar ganancias. Solo seis (3%) piezas de contenido estaban vinculadas a supuestas curas, vacunas o equipos de protección para la venta, y ocho (4%) se publicaron en sitios web con mucha publicidad y estaban destinadas a generar clics.

 

Tomado de Laboratorio de Periodismo

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