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Dos logros en aquel amanecer: el humorismo y la fotografía

Los albores de la Revolución estuvieron acompañados por una explosión de creatividad en los periódicos y revistas. Los caricaturistas y fotógrafos, junto a diseñadores, estuvieron en la primera fila. Con su espíritu renovador, la Revolución abrió espacio para que se diesen a conocer se desarrollasen talentos en el dibujo y en la gráfica.

René de la Nuez.

En el periódico Revolución los caricaturistas René de la Nuez, Santiago Armada (Chago) y Rafael Fornés hicieron un trabajo de extraordinaria calidad, mientras que en el periódico Hoy, con otro estilo, lo hacían Horacio Rodríguez, Gustavo Prado (Pitín) y Harry Reade, norteamericano residente en Cuba. Sus mensajes no perseguían solo hacer reír, sino reflexionar sobre acontecimientos y fenómenos.

Santiago Armada (Chago).

Chago, quien había sido guerrillero en la Sierra Maestra, continuó trabajando luego del triunfo revolucionario el personaje Julito 26, nacido en la prensa clandestina en los años de la insurrección. Historietas cortas de Julito 26 se publicaron en las páginas de Revolución sobre la dinámica de los acontecimientos.

Nada escapaba al pincel de Chago, como tampoco al de Nuez con El Loquito y con nuevos personajes como El Barbudo o Don Cizaño, y en sus obras están presentes, entre otros sucesos, el cumplimiento del programa del Moncada, la Ley de Reforma Agraria, la rebaja de los alquileres, la conversión de cuarteles en escuelas, la lucha contra el analfabetismo, las nacionalizaciones, la desaparición de Camilo, la implantación de la coletilla en los periódicos que atacaban la obra de la Revolución, las amenazas y agresiones de Estados Unidos…

Fornés hace renacer el personaje Sabino, nacido en 1957 en el diario Información, que simbolizó siempre a un pueblo dispuesto a luchar.

En una interesante investigación realizada por Malena Balboa Pereira sobre el humor gráfico en los albores de la Revolución, se hace referencia a las caricaturas de Chago y Nuez sobre la coletilla y la reacción de los dueños y directores de los periódicos que se habían aliado a latifundistas, terratenientes, oligarcas e intereses extranjeros:

Rafael Fornés.

Las provocaciones ocuparon lugar en las empresas de Diario de la Marina, El País, El Crisol, Avance, Prensa Libre e Información. La respuesta del sector gráfico no se hizo esperar pues se implantó el 10 de enero de 1960 la denominada coletilla o nota editorial que acompañaría cualquier noticia cablegráfica que reflejara opiniones diversas a las compartidas por los trabajadores de estos diarios. Después del incidente con Información se determinó que también se aplicara “a los editoriales, artículos, caricaturas, declaraciones y a todo material que atacara a la Revolución Cubana”. De esta forma se inició una aguda polémica que cristalizó en la situación con el director de Avance, Jorge Zayas. Nuez en esta ocasión se valió de Don Cizaño, rancio y cínico, para recrear estas contradicciones. A la solicitud del asilo de Zayas, Don Cizaño explica la necesidad de asilarse debido a la amenaza de paredón y a la persecución económica a la que los periodistas eran sometidos. Unos simpáticos versos acompañaron a las caricaturas sobre la solicitud del asilo del “perseguido”: El verso de moda:/Con coletilla o sin coletilla/Jorge Zayas por fin “hospedó” en una embajada/Su quebrantada siquitrilla.

Julito 26, por su parte, protege a la Revolución Cubana de la lluvia de palabras que le dirige la publicación. El Loquito desenmascara los resortes que mueven los escritos de Zayas: su máquina de escribir no tiene letras en sus teclas sino dólares. Este conflicto periodístico recibió una oportuna y radical respuesta de Fidel Castro en las propias páginas de Revolución.

En esta etapa, se creó un vacío al desaparecer la publicación humorística Zig Zag, que tuvo mucha circulación. El 16 de octubre de 1961 sale el primer número del semanario Palante, nombre salido de la consigna de la revolución como respuesta a la contrarrevolución externa e interna, significando al mismo tiempo el movimiento hacia delante y lo que decía el pueblo en las calles: “atrás ni para coger impulso”. El primer director de Palante fue Gabriel Bracho Montiel, venezolano, comunista, humorista. Debió dejar el cargo después al enfermar y decidir volver a Venezuela. Luego ocuparon tal responsabilidad Guillermo Santiesteban, Joaquín G. Santana, Ricardo González Braña, René de la Nuez, Francisco Blanco, Rosendo Gutiérrez y Viñas Alfonso.

La causa de la Revolución produjo un auge en la fotografía cubana. Un grupo de fotógrafos, reunidos en el diario Revolución primero, y la revista Inra después, son capaces de construir la memoria histórica de la batalla épica de la Revolución Cubana en sus momentos iniciales. Las cámaras, la creatividad y el trabajo abnegado de Raúl Corrales, Alberto Korda, Liborio Noval, Osvaldo y Roberto Salas, Ernesto Fernández y Mayito García Joya, entre otros, marcan la pauta, al estar presentes en los más importantes acontecimientos.

Si ese grupo pudo triunfar fue porque, en primer lugar, antepuso al trabajo individual el colectivo. Discutían entre todos el material a publicar. Compartían ideas sobre los avances técnicos y artísticos de la fotografía en el mundo. Y, de tal manera, lograron formar un equipo que abrazó la defensa de la causa de la Revolución, y que se trazó el camino de hacerlo con las más elocuentes, bellas y objetivas imágenes brotadas de la acción y conciencia del pueblo.

No fueron, por supuesto, los únicos fotógrafos de calidad en la etapa. El listado habría que completarlo con Tirso Martínez, José Pepe Agraz, Gilberto Ante, Jorge Oller, Rafael Calvo, Aramís Ferrera, Constantino Arias, José A. Miralles y Mario Ferrer, que adquirieron experiencia en la fotografía periodística en los años anteriores al triunfo revolucionario. Y a ellos hay que sumar a otros nuevos talentos emergidos con la Revolución, como Sergio Canales, Miguel Viñas, Arsenio García y Pedro Beruvides.

De esa pléyade de artistas del lente no todos se habían formado enteramente en el trabajo periodístico. Korda y Liborio, por ejemplo, provenían de la fotografía publicitaria y comercial. Korda lo que más hizo, antes del triunfo revolucionario, fue retratar a modelos. Salas y Salitas se formaron en Nueva York, donde andaban todo el tiempo con una cámara al hombro a la caza de una imagen que pudiesen vender a una publicación norteamericana o cubana. A Salas se le consideraba entre los grandes fotógrafos cubanos, en particular porque unía a lo técnico el raro don de conocer la intimidad esencial de las personas a las que retrataba. Al comentar una exposición fotográfica de Salas, Alejo Carpentier sentenció que “la fuerza de la presencia humana; la poesía de las piedras, de las cosas, los valores del espacio, se trascienden y fijan en las magistrales imágenes de Salas”.

Salas salió de Cuba en 1920. Empieza a trabajar como soldador en unos talleres de Nueva York, y allí le nace la inquietud de la fotografía. Sus éxitos en el Inwood Camara Club, donde es seleccionado entre los diez mejores, le incitan a abandonar la soldadura. En la década de los cincuenta, alcanza gran prestigio con sus trabajos para Bohemia, varias publicaciones de América Latina y en Look, Life y otras revistas de Estados Unidos. Conoce a Fidel Castro en 1955 durante la visita de este a Nueva York. Al triunfar la Revolución regresa a la patria de nacimiento, y presta sus servicios primero en Revolución, después en Granma. Premios, exposiciones y reconocimientos lo acompañarán a partir de entonces.

Cada uno de los mencionados tiene historia. Liborio con sus imágenes de Fidel y el Che; Korda con esa foto del Che tomada cuando el entierro de las víctimas del atentado terrorista al barco La Coubre en el puerto de La Habana, la cual ha recorrido y recorre aún el mundo; Corrales, Tirso y Canales con sus fotos de los combates de Girón…En fin, en la obra de ellos está el milagro alcanzado en aquella alborada del triunfo.

(Tomado del libro Dos siglos de periodismo en Cuba. Momentos, hechos y rostros).

Juan Luis Marrero González
Fue un destacado periodista cubano. Premio Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de la vida 2003. Desarrolló una larga trayectoria en Prensa Latina, periódico Granma y en la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). La Habana, 1935-2016.

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