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Nancy Robinson Calvet, en la memoria del periodismo

No le gustaba que la llamaran por su verdadero nombre, Ignacia Mercedes, pero tampoco le molestaba que en tono de broma sus colegas la llamaran así cuando la veían contrariada o haciendo gala de su estupendo humor. Gustaba firmar los escritos como Mercedes Robinson Calvet, los que muchas veces fueron elogiados. Tal vez su excelencia estaba dada porque ella decía que casi siempre escribía con el corazón. Es cierto, pero no se puede olvidar su alto nivel profesional.

Nació el 31 de julio de 1934 y falleció el 20 de enero de 2012, tras varias semanas de severa y repentina afección cardiovascular. Era graduada de la Escuela Profesional de Periodismo Márquez Sterling. Fue reportera del periódico Granma y colaboró con varias publicaciones cubanas.

No sólo ejerció el periodismo por más de 50 años, buena parte de este tiempo en el periódico Trabajadores, sino que también nos dejó cuentos, novelas y poesías. Precisamente en Radio Reloj creó el espacio Retratos hablados, donde en décimas refería el éxito, premio o nacimiento  de periodistas y figuras destacadas de la cultura, como el dedicado al poeta Naborí.

Nancy vivía cerca de mí, y en ocasiones nos encontrábamos en la escuela primaria de Calzada y G, en el Vedado. La dos teníamos a los nietos estudiando allí e íbamos a recogerlos en las tardes.  Si la salida de los niños demoraba, ella sacaba de su cartera un pañuelo de mujer para terminar un bordado o tejerle una orla. También, le gustaba inventar platos, por eso algunos vecinos la tildaban de buena cocinera.

Le fascinaba escribir sobre temas de la cultura nacional y como crítica, fue reconocida. Le confirieron las medallas Félix Elmusa, de la UPEC, y  Raúl Gómez García, del Sindicato de la Cultura,  así como el Machete de Máximo Gómez y la Giraldilla Tropical.  Si era felicitada por los méritos alcanzados solía esbozar una sonrisa y después decía: “es cuestión de oficio, de trabajar mucho, me encanta escribir aunque no me publiquen o premien”.

Un día le dije: “qué pena que no soy poeta como tú pero si lo fuera te haría un retrato hablado y pondría en cada verso cómo te ven tus compañeros de profesión: amable, incansable trabajadora, carismática, educada, conversadora agradable y fiel amiga”.

Con frecuencia leíamos las semblanzas impregnadas del fervor patrio que escribía sobre héroes y personalidades, en particular de la historia más reciente. Sentía orgullo de ser cubana y admiraba a la Revolución.  Nancy queda inscrita con letra impecable entre los mejores del periodismo de Cuba. No cabe duda.

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