FIEL DEL LENGUAJE

Fiel del Lenguaje 11: Nombrar las cosas

Que un verdadero orfebre de la poesía como Eliseo Diego diera a uno de sus libros el título Nombrar las cosas, es dato relevante. Al asignar nombres asumen los seres humanos, por ateos que sean, una función que pudiera considerarse divina. Pero, si una cosa se llama como se llama, eso puede decirse todavía con mayor peso de una persona. Fuera de apodos cordiales o de arranca pescuezo, el nombre de un ser humano es su nombre, no el que a otros se les antoje.

Por asociaciones diversas un animal puede ofrecer una imagen válida para elogiar a personas. El conocido poema del argentino Juan Gelman a Fidel Castro alaba el modo como, sobre todo en los primeros años de la Revolución Cubana, el pueblo llamó al Comandante por su importancia para la patria: El Caballo. Tal manera de elogiar ha reaparecido en la tierra del poeta con la canción que, destinada a proclamar el valor de Cristina Fernández, la llama Yegua. Eso la equipara, en su género, con el caballo, y rechaza la homofobia que en Cuba, y quizás en otros lares, se arropa con el nombre de la hembra equina. De ahí que, seguramente para enfatizar arrestos de una dama, una pintada habanera en grandes caracteres la llame La Caballa.

Pero, en general, una persona y un animal se llaman como se llaman, y eso puede aplicarse también a una cualidad. En Cuba, cabe suponer que el nombre ostentado en la fachada del hogar materno ubicado en la esquina de las calles Emilio Núñez y 20 de Mayo, en el municipio habanero de El Cerro, Amalia Simone, deforma el de Amalia Simoni, la compañera de Ignacio Agramonte. Si es a ella a quien se quiere rendir homenaje, lo de Simone es un error, y los organismos a los cuales este incumbe deberían hacer las gestiones y la inversión necesarias para que se rectifique.

¿No cabría decir otro tanto de la placa que en la calle Obispo, esquina a Tacón, en La Habana Vieja, rinde tributo a Giuseppe Garibaldi, pero pone a José Martí a decir que el héroe italiano tenía un corazón “basto y ardiente”? Si la falta fuera corasón, con s, sería fácil detectarla. Pero basto tiene pleno sentido: ordinario o vulgar, y Martí ensalzó el corazón vasto —o sea, inmenso— de Garibaldi. Sería preferible un arreglo imperfecto, que afectaría como una mosca apenas visible la prestancia del mármol, y no un texto que afecta la imagen del gran escritor en medio de la ignorancia de la ortografía y otros males que prosperan contra el idioma que él, creador magno, enriqueció.

Hoy no se sabe cómo llamar la atención para que se ponga fin a la confusión de favoritismo con superioridad: el primero de esos vocablos denota concesión inmoral o privilegio; el otro, ventaja objetiva. Por similar camino, plausible —sinónimo de laudable que califica a lo que merece aplauso— se está usando como equivalente de posible. No sería nada plausible que quienes incumplen el deber de impedir tales errores, actúen por ignorancia, pero posible parece ser.

Algunas confusiones apuntan a eternizarse apoyadas por personas profesionalmente llamadas a impedirlo. Ello no niega que la lengua evoluciona, y cuando se necesita, por ejemplo, un nuevo vocablo, este aparece, aunque irrite a verdaderos conocedores. Recepcionar molestaba al ingenioso creador José Zacarías Tallet, para quien era suficiente recibir. Pero aquella variante se abrió camino al incluir matices que no se percibían en la segunda, como el peso de los trámites burocráticos aplicados al recibirse un documento, y la existencia de una plaza laboral llamada recepción.

Algo parecido sucedió con promover, que terminó sintiéndose insuficiente para expresar el apoyo brindado a determinada actividad, y dio paso a promocionar, o alterna con esta variante. Ocurre quizás por la similitud que pudiera percibirse entre promover y remover, avalada de hecho por usos como decir que un incendio promovió los cimientos de un edificio, en lugar de los removió o sacudió.

Otra cosa es que a neómanos y neómanas les dé por creer que inaugurar o abrir carecen de alcurnia para nombrar la inauguración o la apertura de algo tan exquisito —adjetivo que en portugués significa también ridículo— como una exposición artística, y acudan a un derivado innecesario, además de feo: aperturar. Ya se usa asimismo para referirse al inicio de un acto político, de una velada solemne, de una gran competencia o de un campeonato de quimbumbia en el barrio. Por semejante camino supondrán que cerrar y clausurar son verbos de poca monta, y los remplazarán por cerretear o clausuretear, que son, nunca mejor dicho, más rebuscados.

El verbo hacer, de tanto valor, parece considerarse poco elegante. Para todo se le sustituye abusivamente por realizar: aunque “me realizó una entrevista” suene no precisamente refinado, sino —dígase con Aquiles Nazoa— “más cursi que mondongo en copita”. Contra hacer se percibe una voluntad de destierro comparable con la que está sufriendo oír en favor de escuchar, cuya primera acepción, según la Academia y lo que aprendimos desde la infancia, es “prestar atención a lo que se oye”. María Moliner la define más claramente aún: “prestar atención para oír”.

Por cierto, escuchar proviene del latín auscultar, cuya presencia en Medicina se asocia con prestar atención, más que con simplemente oír. “Te escucho, pero no te oigo”, tiene sentido pleno, al igual que la relación entre mirar y ver, que no son equiparables de modo mecánico. Escuchemos y miremos con cuidado, para oír y ver con claridad. Tal vez así hasta nos percatemos de otras verdades: emprestar, por ejemplo, no es incorrección condenada a sustituirse forzosamente por prestar. Este verbo se enlaza con préstamo, palabra familiar, y emprestar lo hace con empréstito, y estos dos vocablos viven en la Economía, pero no son patrimonio exclusivo de esa disciplina.

Luis Toledo Sande
Luis Toledo Sande
Escritor, periodista, profesor, investigador y ensayista cubano. Licenciado en Estudios Cubanos y doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Redactor y editor en la Editorial Arte y Literatura. Investigador y sucesivamente subdirector y director del Centro de Estudios Martianos. Ha merecido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, por el libro Cesto de llamas. (Velasco, Holguín, 1950)

2 thoughts on “Fiel del Lenguaje 11: Nombrar las cosas

  1. Esta situación está presente en casi todo, incluyendo prensa escrita y digital, carteles, anuncios… Supongo que el mayor problema está en que no existe una revisión verdaderamente profesional del texto a publicar. Para algo existen los correctores y revisadores, pero en muchas ocasiones ni ellos mismos se dan el valor que tienen, y toman el texto con una mano y lo entregan inmediatamente con la otra sin ni siquiera echar una ojeada. Saludos.

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