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Montesinos, no nos vas a dejar sin ti

Enrique Montesinos, de pullover negro, con el autor del trabajo a su derecha, rumbo a Panamá para reportar los Juegos Centroamericanos y del Caribe en el barco Victoria de Girón.

Enrique Montesinos, ¿quién te dio permiso para dejarnos sin ti? Tu pecho se quebró poco después de haber representado a Cuba en el Congreso de la Asociación Internacional de la Prensa Deportiva (Aips) efectuado en Corea del Sur. Ese mismo pecho que situabas siempre al servicio de la verdad, allá o aquí, sin aspaviento, cual cuestión normal frente a quienes prefieren el silencio acomodaticio o el apoyo a las injusticias. En esos combates nunca te falló.

No te pongas más colorado aún por lo que voy a seguir diciendo: has sido el mejor presidente de nuestro círculo de periodistas deportivos. Con esfuerzo, logros y honestidad conquistaste la admiración y el respeto de la Aips: de ahí tu cargo de Vicepresidente Primero para América y tus funciones al frente de la superación. Jamás solo luz para el exterior: alma, junto a Carlos Alberto González, de la Cátedra de Periodismo del sector en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Carlos, vicepresidente del citado círculo, máximo dirigente de aquella: supiste juntar a los integrantes, nada fáciles, de ambos organismos. Mantendremos esa unión, arma fundamental para los pasos triunfales dados y los éxitos próximos, sobre la base de los principios, de la ética. Siempre estarás en la primera fila para garantizarla.

Periodista, historiador, escritor, tu obra es manantial para los más jóvenes ante todo: artículos y comentarios en las páginas del Granma, diario al que has sido fiel desde los puestos de dirección o como periodista; veinte libros a partir de investigaciones profundas, de precisos análisis y amena lectura; tus intervenciones en el Canal Educativo en colaboración gratuita para Docencia del inder; profesor de diversos cursos nacionales e internacionales.

Te esculpiste desde el inicio, ligado a lo mejor, en especial como personas: Daniel Reguera, Elio Constantín, tu más cercano compañero de generación, Sigfredo Barros… cuando llegaste al mencionado periódico, licenciado en Cultura Física del Fajardo, basquetbolista de primera categoría, incluso con un cetro nacional, para cambiarlo todo por la aventura de reflejar e interpretar las batallas del músculo y mucho más allá.

Te convertiste en el más destacado especialista de todos los tiempos en nuestra prensa en relación con el atletismo y el baloncesto., y uno de los cinco más brillantes del planeta según la dirigencia internacional del campo y pista. Nadie ha logrado  rescatar y reunir como tú las estadísticas de los Centroamericanos y del Caribe y de los Panamericanos en obras publicadas varias veces por la Editorial Deportes y presentadas en diversas ocasiones en dichos Juegos con tu presencia ya no solo como reportero sino como autor reconocido.

Hijo, padre, esposo, amigo de verdad. Por encima de todo, pues, la bondad que te conduce a ser un militante comunista para convertir esa bondad en potencia colectiva por una patria y un mundo más hermosos, con tus piernas firmes sobre el suelo sin abandonar los sueños por los que continuabas luchando sin extremismo ni blandenguería.

No eras perfecto, ¿quién lo es? Mas si errabas en algo, lo sabías reconocer si te convencían y estabas bien lejos de la maldad, ni cerraste el camino a los nuevos valores ni soslayaste a los veteranos con espíritu juvenil, con tanto de pinos nuevos a pesar de la edad. Tal vez, el exceso de bondad te llevó en alguna ocasión a confiar en una falsa amistad o no reconocer la envidia- desde una caja gris amenaza a los seres de valía- y las ambiciones desmedidas. Ante algún descarrilado, pedías comprensión, sin bajar la guardia, y tratar de ganarlo al ir a levantar su vergüenza. Eso sí; acero contra el enemigo. Un santiaguero santiaguero, compay.

Recuerdo ahora el primer viaje de ambos. Hacia Panamá a bordo del Victoria de Girón para cubrir los Centroamericanos de 1970, la felicidad de representar a Cuba, ser testigos y albergar en las cuartillas el primer gran salto del deporte cubano en justas foráneas múltiples de envergadura, la alegría de que Fidel subiera al barco en alta mar. También las novatadas: no pudiste olvidar el reloj adquirido por cinco pesos que únicamente te duró hasta el viaje de regreso. Unos días de descanso y hacia el corte de caña cuando nos hicimos millonarios- los únicos millones que apetecíamos- con la brigada A golpe de Mocha formada por los miembros de la delegación. Lástima que la tifoidea  que atacó el campamento no nos permitió celebrar el triunfo y nos envió a la Finca de los Monos para pasar la cuarentena.

Ah, no nos quedamos aferrados al pasado a pesar de la belleza edificadora del chas, chas, chas…en busca de la meta final. Por ejemplo, te esperaba ahora para iniciar la brega programada con el objetivo de elevar el periodismo deportivo cubano mucho más alto todavía. No te defraudaremos y estarás con nosotros en ese quehacer, Monte, mi hermano: no nos vamos a quedar sin ti.

Por Víctor Joaquín Ortega

Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba

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