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Un quebecqueño de izquierda

Jacques Lanctot en la Sala de Prensa (Foto:Yoandry Avila Guerra)
Jacques Lanctot en la Sala de Prensa (Foto:Yoandry Avila Guerra)

Cuando le ví frente a mí en el centro de prensa, casi lo saludo como a un viejo amigo. Me di cuenta a tiempo de la euforia de mi memoria, y me limité a esbozar una sonrisa de bienvenida como a los demás periodistas que nos aglomeramos en esta cobertura noticiosa de uno de los sucesos más notables del siglo XXI: la visita del presidente Barack Obama a Cuba.

Aun así buscaba y rebuscaba en el disco duro de mi cerebro. Atiné más tarde a saludarle en inglés, y me respondió en perfecto español con un poco de acento foráneo, ¿inglés? ¿francés?, se debatía mi mente.

Hoy sin embargo, parados frente a una de las grandes pantallas de tv situadas en el Salón de Embajadores del hotel Trip Habana Libre Meliá, le iba yo narrando aspectos de los pasos del ceremonial de la colocación de la ofrenda floral de Obama a nuestro Héroe Nacional José Martí, cuando ambos nos regodeamos al escuchar la melodía de los versos martianos Cultivo una rosa blanca…., interpretada por la Banda de Música.

“Cultivo una rosa blanca, en julio como en enero, para el amigo sincero, que me da su mano franca”, recité en voz baja, y él elogió la calidez del poema martiano. Después se lo copié en su agenda, y empezamos a hablar.

No estaba desacertada mi memoria fotográfica: habíamos convivido varios años en una misma instalación, apenas a dos puertas de oficina a oficina, cuando él trabajaba como traductor de francés en el periódico Granma Internacional, donde yo ocupaba un pequeño espacio como presidenta de la delegación ramal de la Upec en la prensa escrita nacional.

“Claro que sí, Jacques, ya lo recuerdo siempre junto con Jean Guy Allard, el excelente traductor devenido mejor columnista, otro canadiense gran amigo de Cuba”.

Entonces, dimos hacia atrás a la máquina del tiempo. “Mi nombre es Jacques Lanctot y vine a Cuba por primera vez el 4 de diciembre de 1970, con mi esposa canadiense y una hija que pudo haber nacido en el avión, pero lo hizo al llegar y le pusimos de nombre Olga. Formaba parte de un grupo de jóvenes de izquierda que, tras haber secuestrado a un diplomático inglés, fuimos indultados al entregarle en perfectas condiciones y enviados a esta Isla, cuyo gobierno nos acogió de manera solidaria.

“Inexpertos y rebeldes, queríamos que en Cuba nos dieran entrenamiento militar, nos facilitaran pasaportes para regresar a Quebec y que nos permitieran trabajar para contribuir de alguna manera a la construcción de la nueva sociedad aquí, cuenta Jacques, hoy un reconocido columnista del grupo Quebeccor-Canoe, que tiene un canal de tv y diarios impreso y digital.

“Fue el muy conocido dirigente revolucionario Manuel Piñeiro, alias Barba Roja, quien escuchó nuestras solicitudes y explicó por qué sí o por qué no a cada una de ellas. Al final nos otorgaron un documento provisional de identidad y nos ayudaron a realizar algún trabajo. Ya había aprendido algo de español y empecé junto con un amigo a hacer corrección y traducción de y al francés en Granma Internacional hasta 1974, más o menos.

“Allí vivimos de manera muy fuerte, el golpe contra el gobierno de Salvador Allende en Chile en 1973, y conocí a partir de ese momento a muchos chilenos que también emigraron a Cuba, entre otros latinoamericanos de izquierda.

“Un día supimos que la derecha triunfante en Francia haría concesiones a gente de la izquierda para que pudiera acceder a su país. Allá nos fuimos muchos con aspiraciones de salvar al mundo. Logramos trabajar y militamos en mi caso, en la organización de Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina (ERP), y aunque nunca visité el país sureño, laboré mucho junto a sus revolucionarios militantes. Entretanto me hacía experto en impresiones, tirada de volantes y propaganda, etc.
“Regresamos a Quebec con el primer gobierno independentista de mi país en 1979, pero igual me condenaron a tres años de cárcel por las acciones rebeldes de mi pasado, sentencia de la que cumplí las dos terceras partes. Al salir laboré en la Casa Editorial VLB, que luego compré y trabajé durante 10 años.

“Volví a la escritura, a editar biografías y otros textos, algunos para la tv sin crédito, y una crítica semanal para el periódico. Luego empecé a venir a Cuba otra vez, para las ferias del libro cada año, trayendo publicaciones, haciendo traducciones de narrativa latinoamericana, entre estas, de Julio Cortázar, por ejemplo, y entonces conocí a Jean Guy y volví a Granma Internacional entre 2008 y 2010.

“Cuba es mi segunda patria, la primera es Quebec, por eso digo que no soy canadiense, sino quebecquense. Ahora, tenía que estar aquí. La visita de Obama es trascendente.

“Seguramente mejorará la situación económica, aunque no quiero ver una McDonald en el Malecón, pero será bueno un intercambio comercial entre ambos países.

Estoy seguro que Cuba y su gobierno se van a mantener firmes y que luego de más de 50 años de bloqueo, no van a ceder principios por un puñado de maíz”.

Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba
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