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Cuba y los rostros amables del capitalismo

El género de los personajes que dialogan en el texto siguiente se corresponde con la realidad, pero podría darse en otro orden, o ser el mismo en ambos. Sería aleatorio en cualquier caso, y si no se omite es para facilitar la escritura y la comprensión del relato.

Siempre que se ven, se saludan con la simpatía personal que se tienen; pero ella suele lanzarle de sopetón preguntas con que parece convencida de que lo pondrá en apuro. Un ejemplo fue la más reciente, sobre cambios todavía frescos hechos en la dirección de organismos nacionales, y no viene al caso detenerse concretamente en el asunto: la intención de la pregunta era devaluar, en bloque, el modelo que —así se asume— Cuba sigue empeñada en salvar, y quien preguntaba se percibía eufórica, al suponer que su interlocutor tendría poco o nada con que encarar las dudas o afirmaciones implícitas.

Pero él no siguió ese camino, que puede conducir a discusiones bizantinas, si se quiere. Después de todo, no se le ocurriría cuestionar la idea que a todas luces o sombras su amiga le quería trasmitir, aunque desde una perspectiva muy diferente de la que él está dispuesto a defender: Cuba tiene dos opciones, que se reducen a salvar el modelo “insalvable” en que se ha enrolado, o echarlo por la borda y construir el capitalismo sin ambages, ni micros ni pequeños ni medianos.

Y, según quien preguntaba o más bien certificaba, a ese sistema no hay que descartarlo: “no todos sus rostros son feos”. A eso el interrogado se limitó a responder con otras preguntas. “¿Será que para ti el capitalismo es el esplendor de los ricos de Nueva York, Londres o París —los ricos, porque también allí hay pobres, muy pobres—, y no los desastres que ese sistema ha causado en pueblos de todo el mundo, no solo de África, para saquearlos y afianzarse él como sistema, desde la esclavitud que capitalizó en función de su depredador desarrollo?”

Frente a eso ella mantenía visiblemente su seguridad de triunfadora, y podía permitirse decir: “De tales hechos no tienes que convencerme, estoy de acuerdo contigo en que así ha sido. Pero el capitalismo no es solamente eso”, y él sin dejar de seguir contestando con interrogantes, añadió: “¿Como el genocidio de Palestina a manos del Israel sionista?”, aunque contaba con que su interlocutora buscaría otra salida, y así fue.

“No vengas con eso, que es un caso muy localizado, y no de todo el capitalismo”, contraatacó. Y él también: “Fíjate si está localizado y es pequeño —marginal, digamos—, que las mayores potencias que se sostienen sobre el capitalismo y lo representan centralmente, hacen causa común con los asesinos, que no solo intentan aniquilar a un pueblo, sino apoderarse de todo su territorio para mantener su hegemonía comercial contra sus adversarios, aunque estos sean también capitalistas, como Rusia”.

Y ella: “Pero no todo el capitalismo es así. Yo estuve en Alemania, y allí vi el rostro del capitalismo que funda y desarrolla”. “Pues espera a ver”, ripostó él, “hasta dónde Alemania puede mantener ese rostro pese al empuje del mandón del sistema, que está humillando no solo a esa nación, sino a toda Europa, so pretexto de frenar a Rusia. Ve y pregúntales a los pobres de ese continente qué piensan, y ten cuidado no te dejes engañar por el grado de dominación, y síndrome de Estocolmo, en que gran parte de ellos y ellas hayan caído por efecto de la propaganda capitalista, con todas sus falacias”.

“Pero ¿por qué Cuba no sigue el mejor rostro del capitalismo del desarrollo?”, insiste quien pregunta con ímpetus de victoria, a quien él interroga también: “Si las presiones de los Estados Unidos están haciendo que la economía de la poderosa y soberbia Alemania deje de ser lo que era para orgullo y bandera del capitalismo triunfal, ¿te imaginas lo que le pasaría si durante unos pocos años esas presiones fueran como el bloqueo que Cuba viene sufriendo desde hace más de seis décadas? No pretenderás decir que el bloqueo es una invención de los “comunistas cubanos”, ¿o sí?”.

“Yo lo que creo”, dice ella, “es que tenemos que hallar un camino para vivir de otra manera, para vivir mejor”. Y él le contesta: “Seguro. En eso coincidimos. Si en algo creo que aciertas es en sugerir —aunque no lo digas, y tal vez ni lo hayas pensado o no seas consciente de haberlo hecho— que Cuba no podrá desarrollarse, ni lograr mejores condiciones de vida para su pueblo, por una tercera vía imaginaria, una “alternativa” de “manuales de derechas”, que también existen, ¿no crees?”.

Y mientras ella hacía todo lo posible para no perder el semblante de victoria con que había empezado el diálogo, él continuó: “Este país tiene dos opciones: o mejora y salva su modelo y lo pone en caminos de perfeccionamiento y desarrollo, o edifica un capitalismo dependiente que, sea micro, pequeño o mediano —o como se quiera creer que es—, acabará no solo agravando las ya agobiantes penurias de los más pobres, sino dándole una estocada mortal a la nación cubana”.

Y agregó: “El ‘O Yara o Madrid’ del José Martí casi muchacho continúa esencialmente en pie, con ‘Yara’ como símbolo perdurable, y de más fácil pronunciación que ‘Demajagua’, aunque el segundo topónimo del dilema se asocie a lo ruinoso y lo sustituyan otros también vinculados con la usurpación y el genocidio, como el prepotente ‘Washington’ o su patética y abyecta sucursal de ‘Miami’. ¿No lo saben los adversarios externos e internos del experimento cubano? Entre los segundos los hay no solo desembozados, sino asimismo corruptos y oportunistas más o menos encubiertos, que están en espera de poder ponerse la casaca de dueños. Esos son los peores”.

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Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y subdirector de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

2 thoughts on “Cuba y los rostros amables del capitalismo

  1. Excelente texto, que remite a un diálogo que pudiéramos tener los comunistas cubano con aquellos “confundidos” o manipulados por esa Tercera Vía, que nunca será tal. Invento de la socialdemocracia europea para llenarse los bolsillos, y sino que lo digan los chalecos amarillos de la siempre culta y cruel París.
    Alemania por hacerle el guiño a los EEUU frente a Rusia, va en picada, y los propios yanquis no se sostienen ya como el sueño americano de fácil alcance. Todavía recuerdo los niños migrantes, encarcelados por Trump, en pequeñas jaulas. El capitalismo da asco.
    En cuanto a Cuba, es preciso afinar los acordes y tener ¡¡¡De Verdad!!! los oídos pegados a la Tierra. Nuestro pueblo es heroico y se lo merece. Siempre Yara antes que M adrede.
    Gracias al profesor Luis Toledo Sande.

  2. El rostro “amable” del capitalismo (el desarrollo) no ha sido alcanzado en su totalidad, únicamente, por el desarrollo de sus fuerzas de producción; sino, también, por el carácter depredador, de latrocinio y despojo que a ese sistema le acompaña en sus gestas de colonización y dominio de recursos que pertenecen a otros pueblos y que se les arrebató el derecho a administrarlos y gestionarlos.
    Ese “desarrollo” del capitalismo, amparado el el robo de recursos ajenos, en la “cultura” del consumismo desmesurado y en la enajenación de sus sociedades, va muy vinculado a la frivolidad de invadir, bombardear o imponer a los pueblos pobres una “dependencia” forzosa.
    Desde África, Asia y América Latina, el pulpo del capitalismo crea clases sociales, inoculando que la explotación y el despojo de derechos es “natural” y “necesario” para el desarrollo… Y esa “igualdad de oportunidades” sólo está destinada para quienes gozan de poder económico y, ligeramente, para quienes malvenden sus conocimientos y capacidades, por ciertos privilegios: todo bajo el paraguas del individualismo, el atropellamiento de otras personas y el egoísmo de la obtención de lucrativas ganancias a toda costa: nada de colectividad ni en beneficio de la sociedad.
    En el capitalismo se beneficia lo privado a costa de recortes a presupuestos públicos, se empodera a empresarios en deterioro de los derechos de los trabajadores, se usa la política para favorecer intereses clasistas, se socializa la deuda privada mientras no se devuelven las partidas a las cuentas publicas y se castiga al pueblo con impuestos o generando “crisis”.
    ¿Dónde está el triunfo del capitalismo,si todo lo consigue con desigualdades, discriminación, explotación y robo?

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