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Ariel Terrero: «Siempre me siento retado»

Nadie que sepa, haga o sueñe sobre periodismo en Cuba tiene derecho a desconocer quién es Ariel Terrero Escalante. Mucho menos quienes consuman información, la única «droga» —ya están vistos los peligros tanto de su nula como de su excesiva ingesta— sana del mundo. Cercano a los 40 años de una carrera bien corrida, Ariel doró con hondura su crédito en la revista Bohemia, pero colegas y audiencias le hemos visto adentrarse, como reportero por su casa, en los estudios de televisión, las cabinas de radio y los virtuales espacios de la prensa digital.

Los que ya adivinaban su caligrafía personal en los análisis publicados en Bohemia le reconocieron rápidamente el trazo en los espacios televisivos «Buenos días» y «Sacando cuentas», en los artículos en Cubadebate, Radio Reloj y Habana Radio y en las secciones especializadas de la agencia de prensa IPS, cuya batería honra como colaborador permanente.

Además de sacar (buenas) cuentas, Ariel saca grandes historias humanas. Acostumbrado a verle en investigaciones sobre asuntos económicos, buena parte del público soslaya que el vicepresidente nacional de la UPEC es también un amante del periodismo literario que recuerda desde las entrañas los reportajes en el mar, al sur de La Coloma —el solo título «Nadie sabe lo que sueña un pescador» provoca envidia—, las coberturas ante huracanes y otros desafíos medioambientales, las vivencias enganchadas a la vera del pico de las lomas en el Escambray, Baracoa o Mil Cumbres y las aventuras en esos perdidos montes cubanos que tienen más que decir que lo que a menudo sugieren nuestros gélidos titulares.

Con ese repertorio de «lanzamientos» periodísticos —y hasta con menos— unos cuantos se hubieran dedicado exclusivamente a la obra personal y rechazarían más carga (cargos, en concreto), pero Ariel es otro ejemplo del talentoso equipo de dirección en la UPEC nacional que puede explicar a la masa lo que hay que hacer porque antes lo ha atesorado en el zurrón del currículo.

¡Ah, claro, falta el Instituto Internacional de Periodismo José Martí! La academia de la prensa cubana cumple 40 años este 17 de octubre y por ello Ariel, que es el director, deja a un lado su látigo de preguntar y pone el pecho al largo cuestionario que Cubaperiodistas restalla en su oficina pensando en las audiencias.

Cubaperiodistas: Vamos a provocarle un poco. ¿Cómo un periodista e intelectual tan inquieto como usted permanece nueve años al frente de esta academia de posgrado que uno asumiría más serena, dedicada al pensamiento, al aporte teórico? ¿Será que Ariel Terrero no es tan inquieto o que el Instituto no es tan tranquilo como se supone?

Ariel Terrero: —Aceptemos que soy inquieto desde muchacho, pero a lo mejor no tan inquieto. Me gusta mucho el ejercicio de lectura, de pensamiento, de refugiarme en un patio de árboles a pensar un poco en perspectiva, y eso no es la imagen clásica de una persona inquieta. Por otro lado, el Instituto es un lugar sumamente inquieto; o sea, yo creo que es la ambivalencia opuesta completamente, ni yo soy tan inquieto y el Instituto es muy, muy inquieto. Es el sello con el que nació en el año 1983 y ha desarrollado de manera diversa.

«Es una de sus virtudes: no hay tema de prioridad o urgencia en el escenario mediático cubano e internacional que no entre en la atención de un curso, de una jornada de discusión, de un seminario, de un taller de buenas prácticas. Hace unos minutos echaba un vistazo al programa docente del año 2024 con Ileana González, la subdirectora docente, una veterana que sabe muy bien cómo funciona toda la dinámica interna del Instituto, y veíamos la incorporación de dos temas que serán cursos de posgrado: comunicación política y la relación entre la inteligencia artificial y la comunicación. Te lo pongo como un ejemplo, nuevo, reciente, pan caliente del nivel de inquietud que caracteriza al Instituto.

«El nuestro es un espacio de confluencia de gente diversa de Cuba y de afuera que viene a presentar y discutir ideas nuevas, a armar grandes debates intelectuales. Yo creo que es un centro académico sumamente inquieto».

Cubaperiodistas: Lo que dice tiene que ver con esta pregunta: ¿En qué pilares prácticos se asientan los puentes entre las aulas del Instituto y los escenarios de creación de los medios y los colegas de Cuba, Latinoamérica y el mundo?

Ariel Terrero: —El lazo principal del Instituto es la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Somos un centro de superación de posgrado de la UPEC y uno de los elementos que da gran fortaleza a la funcionalidad del Instituto es la relación estrecha que tiene, no solamente con las estructuras centrales de la UPEC, sino con toda la estructura, la red de Casas de la Prensa, direcciones, presidencias provinciales… y todos los medios de prensa, en los cuales existe una delegación de base con la que tenemos comunicación y diálogo. Entonces, ¿cuál es la garantía? Justamente la estructura de la UPEC.

Cubaperiodistas: ¿Hasta qué punto los cambios en el mundo y en el país han cambiado el camino del Instituto en estos tiempos?

Ariel Terrero: —En el mundo hay cambios constantemente. Los cambios más recientes tienen que ver con una dinámica de pandemia, una inflación posterior y una serie de problemas, pero antes hubo otras cosas. Siempre ha habido algún conflicto; los conflictos que se derivan de las relaciones de Cuba con Estados Unidos y el bloqueo son permanentes, y de ahí se generan otros conflictos. Yo diría que, como la mayoría de las instituciones cubanas, estamos acostumbrados a vivir en un espacio de cambios, de tensiones, de complicaciones.

«El interés para nosotros sigue siendo la visión de periodistas; no tanto qué podemos hacer sino qué tenemos hacer, de qué hace falta hablar, qué hace falta discutir, estudiar, qué problemas están emergiendo en la realidad, cuáles novedades aparecen con esos cambios y exigen mayor preparación del periodista.

«Por eso no hay tema de actualidad, de relevancia nacional o internacional que no sea objeto de atención en los cursos que se estudian aquí desde la perspectiva de cómo entenderlos para comunicarlos con maneras propias. Eso es un motivo de atracción para periodistas nacionales e internacionales.

«Vienen unos Juegos Panamericanos, una Olimpiada… bueno, con uno o dos meses de antelación hacemos un seminario para los periodistas que van a trabajar en su cobertura desde Cuba o el exterior. Se discuten las reglas nuevas, las tendencias, los liderazgos deportivos, pero a la vez cómo comunicar todo eso, porque las maneras de comunicarse hoy no son las tradicionales de la radio, la televisión, la prensa escrita… están la internet, con su influencia, la hipermedia, y todo eso exige un conocimiento.

«También aquí se estudian las especializaciones: periodismo económico, deportivo, cultural, temas medioambientales, de género… Hay asuntos transversales, como los de género y de redes sociales. Hemos logrado, por ejemplo, reunir a especialistas de género y humoristas para discutir cómo tratar la figura femenina en el humor».

Cubaperiodistas: Hasta donde usted sabe, ¿cuántas instituciones similares o de perfil cercano al del Instituto José Martí hay en Latinoamérica? En todo caso, ¿qué los distingue a ustedes? ¿Por qué habrían de venir a Cuba periodistas de otros países que cualquiera supone tengan mejores condiciones materiales y tecnológicas?

Ariel Terrero: —Yo te digo que no todo el mundo tiene mejores condiciones materiales y tecnológicas, aunque a veces los cubanos tenemos esa visión de creernos que somos lo peor. Por supuesto, no somos los mejores, pero tampoco lo peor. Yo he estado en escuelas, en lugares diversos, y nuestro déficit no es tan exagerado.

«El Instituto nació en 1983, en alianza estrecha con dos organizaciones internacionales; una que prácticamente no existe —la Organización Internacional de Periodistas (OIP)—y la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), que es con la que tuvo vínculos más estrechos y los mantiene desde entonces. Tenemos vínculos con organizaciones de periodistas que son parte activa de la FELAP: la Unión de Trabajadores de la Prensa de Buenos Aires (UTPBA), asociaciones de Nicaragua, México, República Dominicana…

«Hasta donde yo sé hay organizaciones que tienen un curso, sí, pero un Instituto como este, no creo. Por ejemplo, en México hay un Instituto Internacional de Comunicación, que  se nos parece pero no es exactamente lo mismo; por cierto, su directora vendrá dentro de dos semanas a dialogar y a participar en el simposio de «América Latina: confrontación política y mediática», que es un curso que hacemos todos los años.

«Hay instituciones universitarias que tienen cursos de posgrado, pero no un instituto solo para eso, dedicado solo para periodistas, con un nivel de organización y de capacidad de convocatoria como el que ha logrado desarrollar el José Martí en cuarenta años.

«Si yo tuviera que argumentar por qué es atractivo venir comenzaría por la posibilidad de conocer y escuchar a otros. En Cuba, colegas de otras provincias, de medios de prensa que a lo mejor no has podido visitar, vienen, se reúnen y conversan. A lo mejor son hasta de un medio campeón —Escambray, Invasor, Tele Cristal, Radio Sancti Spíritus, CMHW…— y te encanta oírlos, comprender cómo entienden ellos el periodismo.

«Es igual para el resto de América Latina. Hay debates sobre las maneras nuevas de comunicar los temas de periodismo y resulta muy interesante conocer la mirada de periodistas de Nicaragua, México, República Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Ecuador… Se conocen, y ese es el principal gancho para venir. Yo lo veo desde atrás, en el aula; a veces me siento ahí para ver los intercambios y me doy cuenta de que están disfrutando y gozando eso.

«Por otro lado, damos cursos de avanzada, con lo último que puede aparecer y los mejores profesores. Contamos con un claustro de tres o cuatro profesores fijos y alrededor de cien colaboradores, identificados; no es una abstracción. Los colaboradores cubanos y extranjeros son de los más capaces en sus temas y se sienten motivados a mostrar sus conocimientos a periodistas que después hablarán de ellos en un periódico o un noticiero.

«Hay profesores a los que les pedimos: “Ven por acá, a darte una vuelta”. Ese es el segundo “gancho”, y el mayor. También tiene su valor que el Instituto esté asentado en el centro de El Vedado, o sea, es llegar aquí y salir a pasear a los alrededores.

«Ahora acabamos de hacer el informe para el XI Congreso de la UPEC. Cada año pasa por nuestras aulas un promedio de mil alumnos de Cuba y de otras naciones. En estos últimos cinco años, pese a la pandemia, recibimos a cerca de 5000, alrededor de 3500 en cursos presenciales y otros 1500 en cursos a distancia».

Cubaperiodstas: Definitivamente, tendremos que cambiar de posición, de entrevistadores a alumnos; ahora bien, ¿qué continúa y qué agrega Ariel Terrero a la carta náutica que empezaron aquí otros directores en épocas anteriores?

Ariel Terrero: —El Instituto José Martí ha tenido una lista de profesores que hicieron muy buen trabajo, como Eduardo Yasells, uno de los primeros; el propio Ernesto Vera, que no era ejecutivo directo, pero como presidente de la UPEC se ocupó de los primeros pasos del Instituto. Después hubo una caída con el período especial, a inicios de los años ‘90, hasta que llegó el momento de Guillermo Cabrera, quien le dio un impulso grande porque, además… ¿cuál alianza consiguió en un Congreso de la UPEC?

Cubaperiodistas: ¡La de Fidel!

Ariel Terrero: Guillermo logró que Fidel se interesara personalmente en el proyecto del Instituto, dado lo que hacía de cara a los medios de prensa y a colegas de Cuba y del resto de América Latina. Entonces se añadió el hotelito, realmente una residencia estudiantil, que aloja a periodistas que vienen de otras provincias y a otros llegados del exterior.

«Hoy, y es lo que yo heredé, tenemos alrededor de cuarenta o cincuenta cursos al año, y todo comenzó con dos. Guillermo dio un impulso grande a muchos de esos cursos y a las relaciones con otros países. Tuvimos también la época de Antonio Moltó, quien sistematizó las cosas y logró un trabajo muy inteligente en torno a lo que se había hecho en los tiempos de Guillermo.

«Ha tocado mantener la obra. Nuestro principal mérito sería no perder pie ni pisada, como nos enseñaron esos antecesores, a lo que ocurre en la realidad. Esta ventana —Ariel señala al chorro de luz que entra desde el patio a su oficina— siempre está abierta y deja ver lo que pasa en la calle. Estoy en la naturaleza, allá afuera, y tengo presente lo que está pasando para que no se nos escape.

«Continuamos esa relación con las estructuras de la UPEC hasta el último municipio donde hay una radioemisora, estamos atentos a lo que les preocupa sobre Cuba y el mundo para entonces organizar los eventos aquí».

Cubaperiodistas: Este 17 de octubre el Instituto José Martí celebra sus cuarenta años, aniversario “redondo”, como decimos los cubanos, pero lo menos redondo del mundo es la actual coyuntura económica. ¿Qué garantías de sostenibilidad tienen estos proyectos y ambiciones, considerando la precariedad material que hay en el país?

Ariel Terrero: —Mira, el Instituto es una entidad presupuestada; tenemos un presupuesto que llega a través de la UPEC, la organización que nos permite la base principal de funcionamiento, pero lo que sería el desarrollo requiere de proyectos que encaminamos con terceras instituciones, lo mismo agencias de Naciones Unidas u organizaciones no gubernamentales que centros académicos de otros países. Buscamos alianzas que nos favorezcan el financiamiento y la adquisición de tecnologías.

«Esa es una vía. Otra son los talleres a la medida, con los cuales damos un servicio a organizaciones de otros países y ellas traen delegaciones de profesionales de la comunicación para recibir conferencias, clases sobre la actualidad del tema que les interesa y conocer de buena mano qué es lo que pasa en Cuba.

«Además, les gestionamos visitas de carácter más turístico y cultural: lugares como la Habana Vieja, Tropicana, la playa… bueno, que vayan y los disfruten. Los talleres a la medida tienen un precio —barato, porque no hacemos grandes negocios— que ayudan a nuestra sostenibilidad y acercan a los colegas de otros países a conocer con sus ojos qué es Cuba.

«Esos talleres se hicieron mucho antes de la COVID-19, la pandemia los paró y este año los estamos retomando. Por esa vía han llegado a Cuba periodistas dominicanos, mexicanos, peruanos, argentinos, daneses, colombianos… incluso un “loco” danés que vive en Colombia, amigo nuestro, ha organizado desde allí varios grupos. Vienen lo mismo colegas de Dinamarca que estudiantes norteamericanos. La vocación internacional del Instituto siempre ha sido respetada».

Cubaperiodistas: ¿Qué saldo afectivo, además del académico, deja el Instituto entre colegas extranjeros que lo visitan? ¿Hay algún tipo de lazo a posteriori, quedan enganchados, repiten, se comunican…?

Ariel Terrero: —A mí me queda siempre la insatisfacción de no tener más contacto con ellos, pero se mantiene el vínculo. Yo quisiera dialogar con ellos, todos los días, pero entonces solo tendría tiempo para conversar y mandar mensajes por WhatsApp. En este último período fueron 385 colegas extranjeros; muchos, pero una parte grande de ellos mantiene el vínculo, no tanto con la dirección como con los profesores que los atendieron y con otros participantes. Es lo que te definía como el gran valor de nuestro trabajo, ese descubrimiento de que tú ves el periodismo o un tema del periodismo igual que yo, aunque tú digas “chévere” cuando yo digo “volao”, porque somos de dos países latinos diferentes.

«Nuestra hospitalidad les acerca más como alumnos. Sé que se comunican porque me dicen que han hablado con fulano, mengano o zutano. ¿Se puede tener más comunicación? No estoy satisfecho; yo quisiera seguir conversando con Álvaro, un amigo brasileño con el que he discutido sobre política y prensa en América Latina o con el profesor Pedro García Espinosa, a quien le estoy “cazando la pelea” para que participe, junto con Ana Teresa Badía, en el curso de comunicación política que queremos incorporar».

Cubaperiodistas: Vayamos a la parte más cubana, más doméstica, de la entrevista. ¿Cuál ha sido, es ahora y será en el futuro la contribución del Instituto a la construcción de ese nuevo modelo de prensa que proyectamos?

Ariel Terrero: —Como director del Instituto participé en las comisiones que cocinan esos temas, desde el surgimiento de la idea estuve en el equipo que concibió hacer un experimento —era una comisión de la UPEC anterior al pasado Congreso— y hemos estado en el proceso de acciones que se llevan a cabo en aras de la transformación.

«Como Instituto hicimos un taller cuando se aprobaron los dieciséis medios a incluir en el experimento. Se invitó a los directivos a discutir cosas que les podían ser útiles para insertarse. La idea que tenemos es seguir acompañando a los medios en experimento y a otros que yo digo que se van a sumar más pronto de lo que imaginan. Hubo una exigencia, la mayoría se ganó el puesto con un buen proyecto que supo defender; hicimos una comisión con periodistas y gente de la banca, organismos, ministerios que podían dar ideas de lo que son modelos de funcionamiento económico.

«Después que empezó a “coger bola” el experimento han ido saliendo llamadas y miradas hacia el grupo incluido e intereses en relación con el tema; por tanto, yo sé que habrá medios que se sumarán pronto. Los que están y los que se sumen necesitarán apoyo en la búsqueda de información y en la preparación de talleres. Nosotros estamos mirando muchos de los cursos y sumando, para 2024, los dedicados a la inteligencia artificial y a la comunicación política.

«Hoy no es posible pensar en un sistema o en un modelo de gestión editorial que no considere los perfiles entre comunicación política y comunicación mediática y no establezca la diferencia entre que lo que dice el presidente de la República y lo que repite automáticamente el medio. No funciona así, no sirve así.

«Por otro lado, la inteligencia artificial es el boom, el el tema de moda. ¿Qué aporta realmente? Yo tengo la tesis de que no cierra plazas sino crea plazas nuevas, transforma las plazas de trabajo. Entonces, ¿cómo nos preparamos para aprovechar esa transformación? Como Instituto, nos vamos a meter ahí. Son los ejemplos más recientes desde los cuales podemos contribuir para el experimento».

Cubaperiodistas: Como académico, colega, líder gremial y directivo del Instituto, ¿se animaría a compartir lo que consideraría el problema de la prensa cubana y algunas hipótesis que pudieran ayudarnos a dilucidar, entre todos, caminos de su solución?

Ariel Terrero: —Yo creo que el problema principal que tiene la prensa hoy es el déficit de periodistas. Las tendencias migratorias y de pérdida de fuerza de trabajo que experimentan todas las entidades y las tendencias de trabajo en el país golpean fuerte a los medios. Una de las razones principales es la que ya conocemos, la situación de la migración y los factores que pueden motivarla.

«Hay una solución temporal en la que estamos metidos en el Instituto: los diplomados de reorientación. Buscamos especialistas de otras carreras con motivación por el periodismo y alguna cercanía a sus temas y los preparamos por un año. Ese diplomado les aporta conocimientos básicos de los géneros, la historia de la prensa, redacción y gramática, periodismo impreso, radial y audiovisual. Con hipermedia cerramos los seis módulos.

«Otro problema son los cambios de la mentalidad que se derivan de las transformaciones que llevan a cabo en el modelo económico y político cubano y cómo eso se expresa en los medios. El riesgo es que la economía, la sociedad y el socialismo cubano evolucionen a una velocidad y los medios de prensa no estén preparados para seguirles el paso. Para que no ocurra, hay que buscar mecanismos que tienen que ver mucho con la docencia, pero no sólo con ella. La aceleración en los cambios de los medios requiere que en las redacciones tengamos profesionales.

Cubaperiodistas: En este gremio las celebraciones siempre son difíciles porque terminamos hablando más de lo que tenemos que hacer que de la fiesta en sí. Cumplidos los cuarenta años de Instituto…, el académico, el periodista, el vicepresidente de la UPEC, ¿se siente satisfecho, agobiado, retado?

Ariel Terrero: —Siempre me siento retado. Eso es lo que me permite no estar satisfecho con lo que hago en todos esos campos. Así trato de llegar a un resultado más convincente. Me hubiera gustado un nexo más estrecho con esas organizaciones de periodistas de América Latina; retomarlas, cambiarlas, renovarlas, porque ellas también cambian. Es una de las deudas que tenemos marcadas y vamos a trabajar en ella; de hecho, hemos fortalecido el equipo que se ocupará de eso, con la nueva subdirectora de extensión Mariana Camejo, que está trabajando muy bien. Lo que queda es dar el salto para comunicarnos más sistemáticamente con el resto del mundo.

«Nos interesa incrementar la capacidad económica para financiar las visitas de buenos profesores; lo hemos hecho, pero casi a la suerte, negociando, buscando apoyos de terceros, y yo quisiera que se sistematizara más. No son pocos retos. Desde lo personal, no he dejado de hacer periodismo; no quiero dejar de hacerlo, es lo que me cautiva. No he hecho todo el periodismo que quisiera.

«Quiero ver cómo logramos un ordenamiento de trabajo más eficiente del Instituto, a pesar de las migraciones, de la falta de personal, de las agonías en las que está el país y estamos también nosotros. Vamos tomando medidas para estabilizar áreas como la docencia, el hotelito, la gastronomía… si todo eso funciona mejor, yo tendré un poquito más de tiempo para mis comentarios sobre temas económicos, que me apasionan, y además saldar una deuda personal enorme: el doctorado».

Cubaperiodistas: Usted, que sostiene que «en cierta medida estamos atrasados» en esta transformación, ¿qué quisiera poder decir dentro de un año si en una entrevista le preguntaran de nuevo sobre prensa, modelo, cambios…?

Ariel Terrero: —Lo único que quisiera, ahora, dentro de un año o dentro de dos; lo que quiero ya, y sé que toma tiempo, es que los decisores de política a escala del país, del presidente para abajo, todos los decisores de política central, de los ministerios, de las estructuras del Poder Popular hasta los municipios, los de las empresas y entidades importantes de la economía presupuestada —hablo de educación, salud, centros de investigación…— acaben de comprender qué es la comunicación.

«Es una debilidad que veo todos los días. Yo he participado en encuentros —cómodo, relajado, en buena onda— con especialistas de universidades, del Partido, de no sé dónde: “que si la comunicación la vamos a hacer así o asao”, y cuando termina la reunión lo primero que me dicen es: “Bueno, Ariel, ahora para resolver esto tú haces una notica de lo que estábamos discutiendo”. ¡Coño, compadre!

«Les he tenido que recordar que la comunicación es algo más complejo, que no es simplemente una notica. Hemos evolucionado, las cosas están ahí, pero no se entienden.  Si los decisores no entendieron qué es la comunicación vamos a seguir igual».

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Enrique Milanés León
Forma partede la redacción de Cubaperiodistas. Recibió el Premio Patria en reconocimiento a sus virtudes y prestigio profesional otorgado por la Sociedad Cultural José Martí. También ha obtenido el Premio Juan Gualberto Gómez, de la UPEC, por la obra del año.

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