El sobrenatural José Martí
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Pensar el mundo con un breve texto de José Martí

Entre los hitos de las enseñanzas de José Martí para Cuba y para la humanidad toda vive su ejemplo en el cultivo de la justicia, la sincera democracia, la ética y la belleza, y es clave el reclamo encarnado en su afán de impedir que los Estados Unidos alcanzaran la hegemonía mundial. En el programa de la guerra que organizó para liberar a Cuba no solo de España, sino también de la nación norteña, conjurar a tiempo esa hegemonía era un fin cardinal: “mi deber”, lo llamó en su conocida carta póstuma a Manuel Mercado.

Aunque ya la hegemonía estadounidense ha empezado a quebrarse, no parece que vaya a extinguirse a corto plazo, y solo con su reversión —de la que hoy se ven señales estimulantes, pero todavía en ciernes— se lograrán relaciones internacionales sobre bases justas. Aún las reservas económicas y militares acumuladas por los Estados Unidos desde su fundación, las apuntala su poderío mediático y cultural, apoyado en la complicidad de quienes se les siguen sometiendo. De eso da cuenta hoy, hasta el absurdo, la Europa que arrastra su pasado colonialista, pero no solo ella.

A mediados de los años 80 del siglo XIX, cuando intereses europeos ideaban un “paso transcontinental americano”, cabe situar el texto aludido en el título del presente artículo, que no pretende abundar sobre planes —que no han cesado— ni realidades como el Canal de Panamá, logro transoceánico capitalizado por los Estados Unidos.

En el texto de Martí se aprecia la estrategia esbozada en su desvelo latinoamericanista. Es uno de los escritos reunidos en el volumen Fragmentos de sus Obras completas en uso. Como el de sus Cuadernos de apuntes, ese tomo constituye una bitácora o artesa, más bien un semillero donde Martí reunió observaciones e ideas que a menudo amasaría en páginas que dio a la imprenta, o en su epistolario y su oratoria, también llenos de luz.

En el comienzo del fragmento aludido se lee: “Que la Inglaterra, (la Great Zaruma Gold Mining Cº), ha obtenido ya la concesión de la mitad de la vía!—Pues lo que otros ven como un peligro, yo lo veo como una salvaguardia: mientras llegamos a ser bastante fuertes para defendernos por nosotros mismos, nuestra salvación, y la garantía de nuestra independencia, están en el equilibrio de potencias extranjeras rivales.—”

Esa perspectiva iluminaba la preparación del Martí que seguiría con atención el papel de Argentina en el Congreso Internacional de Washington, celebrado en sucesivas sesiones del 2 de octubre de 1889 al 19 de abril de 1890. En ese camino llegará a ser cónsul, en Nueva York, de tres países: la propia Argentina, Paraguay y Uruguay.

Al último lo representará en la Comisión Monetaria Internacional celebrada, también en Washington, entre el 7 de enero y el 8 de abril de 1891. Esa Comisión fue un acuerdo del Congreso mencionado antes, y la participación de Martí fue relevante en la frustración de las maquinaciones urdidas por los Estados Unidos para imponerle ya entonces a nuestra América el dólar. Tal imposición habría reforzado tempranamente la falsa, dolosa reciprocidad comercial promovida con el Congreso.

A inicios de aquella década Martí afrontó la censura del director de La Nación bonaerense, alarmado por las advertencias que su corresponsal en Nueva York hacía sobre los Estados Unidos. Martí se encargó de revertir de distintos modos la censura, y por su parte los intereses de Argentina, que a la sazón tenía sus mayores vínculos económicos con Inglaterra, propició que el país sudamericano rechazara los planes estadounidenses del Congreso, y que La Nación, que ya no podía privarse del prestigio que Martí le proporcionaba, acogiese las radicales denuncias martianas sobre el foro.

Eso remite a la clara sabiduría con que el representante argentino ante el Congreso, Roque Sáenz Peña, descifró el lema del foro: “América para los americanos”, versión de “America for the Americans”, y le opuso este: “Sea la América para la humanidad”. Martí elogió a Sáenz Peña por lo que su posición tenía de valor para nuestra América, no como a un simpatizante de los intereses británicos. Ya en el fragmento de mediados de la década, había escrito Martí:

“Allá, muy en lo futuro, para cuando estemos completamente desenvueltos, corremos el riesgo de que se combinen en nuestra contra las naciones rivales, pero afines,—(Inglaterra, Estados Unidos): de aquí que la política extranjera de la América Central y Meridional haya de tender a la creación de intereses extranjeros,—de naciones diversas y desemejantes, y de intereses encontrados,—en nuestros diferentes países, sin dar ocasión de preponderancia definitiva a ninguna aunque es obvio que ha de haber, y en ocasiones ha de convenir que haya, una preponderancia aparente y accidental, de algún poder, que acaso deba ser siempre un poder europeo.—”

Ahí termina el texto, pero enseguida se lee, como al parecer en el manuscrito original, una referencia a un asunto nada ajeno al tema, y recurrente en Martí: “Elecciones en los E. Unidos”. Y la historia, la vida, confirmaría cada vez más la capacidad de Martí para prever, o saber, que —por encima de lejanías geográficas— en los intereses de dominación se combinarían “en nuestra contra las naciones rivales, pero afines”.

En esa confirmación ha habido evidencias particularmente dolorosas para el pueblo argentino, como la complicidad de los Estados Unidos con Inglaterra en el caso de las Malvinas, aun cuando a nuestros países las potencias imperialistas les han impedido llegar a verse “completamente desenvueltos”. Que esas potencias hallen servidores en nuestra América, y en el mundo, refuerza la luz que Martí aporta y reclama.

En el siglo XIX, cuando los nexos comerciales factibles de nuestra América con otras regiones serían con los Estados Unidos y con Europa, Martí asumía que era aconsejable mantenerse lejos de los intereses estadounidenses, pero sin someterse a ningún otro poder extranjero. En su crónica acerca del Congreso de Washington fechada 2 de noviembre de 1889, que La Nación dividió en dos entregas —19 y 20 de diciembre—, se pregunta: “¿A qué ir de aliados, en lo mejor de la juventud, en la batalla que los Estados Unidos se preparan a librar con el resto del mundo? ¿Por qué han de pelear sobre las repúblicas de América sus batallas con Europa, y ensayar en pueblos libres su sistema de colonización?”

Puesto que no se ensaya lo viejo, queda claro que Martí vio el surgimiento de un nuevo sistema de sometimiento, el que se llamaría neocolonización. En esa urdimbre se inscribieron el Congreso de 1889-1890 y la Comisión Monetaria que le siguió en 1891. El Martí que desde años atrás denunciaba el engaño de la supuesta reciprocidad comercial orquestada por los Estados Unidos, en la segunda de esas reuniones contribuyó, como ya se dijo, al fracaso de la dolarización que ese país planeaba.

La posición de Martí se aprecia en el Informe que redactó en nombre del grupo de delegados al que se encargó valorar el proyecto de moneda única. Pero a la Comisión Monetaria le dedicó también, para dejar todavía más claras sus propias ideas, una crónica publicada en mayo de 1891 en La Revista Ilustrada de Nueva York, donde en enero había dado a conocer su ensayo “Nuestra América”.

Contra el convite a la “unidad” continental lanzado por los Estados Unidos, sentenció: “Quien dice unión económica, dice unión política”, y argumentó: “La unión, con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él, contra otra. Si algún oficio tiene la familia de repúblicas de América, no es ir de arria de una de ellas contra las repúblicas futuras”. Cuba era todavía colonia de España, pero Martí pensaba en su futuro, y en el de toda nuestra América, en términos que hoy siguen siendo válidos

Con esos requerimientos concebirá y organizará la guerra de liberación de su patria. Al entrar en su tercer año de vida el Partido Revolucionario Cubano, que él organizó como un instrumento fundamental para los preparativos de la contienda, plasmó el 17 de abril de 1894 en el periódico Patria, también vital en esos fines, conceptos meridianos que defendió asimismo en otros textos. Merecen un tratamiento mucho mayor, pero se aquilatan en una muestra como esta, alusiva a la presencia de Puerto Rico en su proyecto: “Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son solo dos islas las que vamos a libertar”. Y aún está por lograr ese equilibrio, que no se alcanzó entonces.

Esa luz conserva plena actualidad ante la urgencia de nuestros pueblos de librarse de la dominación económica y política impuesta por los Estados Unidos tras la frustración, temporal, del proyecto emancipador por el que Martí murió en combate el 19 de mayo de 1895. Contra ese proyecto, y para apoderarse de Cuba, intervino la nación del Norte en 1898 para impedir el triunfo que el pueblo cubano merecía lograr contra el colonialismo español, y —no se habrá repetido lo bastante— contra las pretensiones del entonces naciente imperialismo estadounidense, que persisten hoy.

Para consumar sus planes, la potencia interventora favoreció la desmovilización del Ejército Libertador cubano, y tuvo la complicidad de autonomistas y anexionistas, a quienes Martí había rebatido enérgicamente en textos como su carta póstuma a Manuel Mercado. Cuba necesitó otros sesenta años de lucha, incluida una nueva guerra de liberación, para quitarse el yugo que los Estados Unidos intentan volver a ponerle

Imagen de portada: Obra de la artista de la plástica Isis de Lázaro

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Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y subdirector de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

2 thoughts on “Pensar el mundo con un breve texto de José Martí

  1. Cada vez que leo comentarios como este de Toledo Sande aprendo más sobre José Martí en toda su grandeza y visión política, la misma que animó a Fidel por nuestra soberanía en solidaridad con las naciones de Latinoamerica y el Caribe.
    Hubo un tiempo en que la OEA y el imperialismo estadounidense lograron amordazar a sus Repúblicas sin decoro, pero poco a poco sus pueblos sabrían que la resistencia de Cuba sigue siendo la de todos.
    ¡Cuan grande son Martí y Fidel!.
    Gracias nuevamente Toledo Sande por estos textos, a mi juicio importantisimos.

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