COVID-19

Durán, el hombre que asoma en los ojos

Dayamis Sotolongo y Yosdany Morejón*

Apenas se le ven los ojos; es suficiente. Ha bastado mirarle cada mañana ahí dentro, de frente, para conocerlo, porque esos dos pedazos de alma al descubierto por donde se le asoma la nobleza le han delatado todo: las angustias ante la muerte de un paciente; la felicidad cuando aumentan las personas recuperadas de la enfermedad; la preocupación si se abre otro evento de trasmisión local; las ojeras que acentúan la vigilia de más y el descanso de menos.

Lleva una estrella en el rostro iluminándole e iluminándonos. Por debajo de esas cinco puntas —que han venido a cifrarse en medio del triángulo rojo sobre el blanquísimo nasobuco— solo se ocultan su antológico bigote y su sonrisa.

Son acaso las únicas huellas de su “otra” vida: el doctor Francisco Alberto Durán García desde hace más de 80 días vive a otro tempo. Y ahora no ha sido tan solo el experimentado galeno con casi medio siglo consagrado a la Medicina o el afamado epidemiólogo o el santiaguero empedernido con las puertas del corazón abiertas de par en par siempre; desde que la COVID-19 casi paralizó a esta isla es también el amigo, la calma, el dolor, el consejo, la confianza, la voz… el aliento de un país entero.

DÍA TRAS DÍA

La llamada aquella debió cortarle hasta el aire. “PCR, positivas” y las dos palabras discaron todas sus certezas. Podía suceder, lo sabía; desde que el SARS-CoV-2 era una enfermedad lejanísima había venido investigando, planeando, desvelándose. Mas, cuando el presagio advertido mucho antes se convirtió en evidencia, le inquietó de golpe hasta su imperturbable serenidad.

“Ese 11 de marzo nunca se me va a olvidar, fueron los primeros tres italianos que se diagnosticaron”, ha confesado antes Durán —director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública— al rememorar el día aquel en que la certidumbre le contagió todas sus sospechas: Cuba reportaba los casos iniciales de COVID-19.

Han pasado más de dos meses y medio y a él, como revela en exclusiva con Escambray, se le han alargado las 24 horas de todos los días… hasta los segundos. Cuando se sienta frente a las cámaras, que aún le intimidan, a las nueve de la mañana en el Centro de Prensa Internacional para detallar la situación del nuevo coronavirus en el país ya ha trabajado media jornada.

“No niego que es un esfuerzo —dice—. Uno se tiene que levantar a las cinco de la mañana, completar la información para poder estar ahí a las nueve.

Han pasado más de dos meses y medio y a él, se le han alargado las 24 horas de todos los días… hasta los segundos.
“A veces el levantado ese a las cinco no tengo ni que esperar el despertador, siempre hay muchas cosas relacionadas con eventos que se abren, con el funcionamiento de toda la actividad en los territorios y no lo niego: uno se desvela sobre todo al amanecer. Generalmente, yo llego tan cansado que después que me baño y como me rindo, pero ya en la madrugada uno se desvela y empieza a pensar y a planear cosas. Esa es la vida, así”.

Y despunta luego otra vez el día: las reuniones para auscultar todo, la visita a los laboratorios donde se procesan las muestras, los recorridos por las zonas en riesgo, los intercambios telefónicos con las provincias, el chequeo a los avances científicos… Tanto ajetreo, aunque lo calle, le debe arrugar de más sus 67 años.

“Todo termina diariamente a las ocho y treinta de la noche con una videoconferencia que preside el ministro de Salud Pública con las provincias, donde se evalúa el comportamiento de la pandemia en cada uno de los territorios; eso normalmente acaba diez y treinta u once de la noche. Ese es el día tras día”.

Se le ha vuelto rutina como lo es él también para cada uno de los cubanos. Se ha sentado en la sala de todas las casas sin las poses del académico que verdaderamente es; sino como el profesor que acomoda las palabras para que todos lo entiendan, que alecciona con los sucesos cotidianos, que encuentra respuesta para todas las interrogantes, que hasta comparte el dolor ajeno. Y a esa conferencia magistral mañanera no falta jamás; tan solo se ha ausentado un día.

“Realmente lo comencé haciendo como parte de mi actividad propia, además como algo que dentro del trabajo epidemiológico es sumamente importante: llevar la información a la población, primero, para que no haya malas interpretaciones y, segundo, para que la población participe activamente. Por eso, si se dan cuenta, yo trato de explicar muchas cosas a veces técnicas, pero desde el punto de vista de que cada cual sepa cuál es su responsabilidad y cómo protegerse.

“Pero, bueno, me siento satisfecho porque veo que por lo menos se interesan en lo que doy y de alguna manera, aunque no como siempre uno quisiera, se cumplen con las indicaciones que se dan, y les digo eso porque a veces uno ve un poco de indisciplina social y es lo que conlleva a que todavía tengamos un número de casos que son los que se confirman todos los días”.

Quizás, a causa de ello no depone las armas; otras batallas, igual de azarosas, ha librado. Comenzaron tiempo atrás, justamente seis años después de graduarse como médico cuando ya lo había contagiado la Epidemiología —pese a los intentos de seguirle los pasos al padre siquiatra—.

“Empecé como especialista en 1981 y podrán imaginar que era la epidemia de dengue hemorrágico que afectó a nuestro país; comencé, ni más ni menos, como jefe de la campaña de lucha contra el mosquito Aedes aegypti”.

Era solo el inicio de otras tantas responsabilidades: le seguiría llevar las riendas del departamento de Desinfección y Control de Vectores, la conducción del Programa de Prevención y Control del Sida —específicamente la dirección del sanatorio de Santiago de Cuba—, la dirección provincial de salud o, luego, la rectoría de la Universidad de Ciencias Médicas del oriental territorio.

Pero quienes han trabajado a su lado aseguran: en el campo de la Epidemiología es donde más se han propagado sus conocimientos. Aun en la vicedirección del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, donde laboró, o en la dirección de Epidemiología —que conduce hace seis años— ha tenido que librar a Cuba de muchas enfermedades, aunque como ha advertido es el mérito de todo un equipo.

“Recientemente, la trasmisión de zika que hubo en nuestro país, que se eliminó hace más de un año y medio, nos puso en una disyuntiva; el dengue que todos los años nos inquieta y el cólera que tuvimos que trabajar muy duro.

“Pero, indiscutiblemente, este es uno de los retos más importantes, porque además hay un compromiso con el pueblo, en primer lugar, y también con las autoridades de nuestro país que desde el primer día le han dado un seguimiento y un apoyo continuo a todas las medidas que se dictan.

“He estado en varias cosas, pero no les niego que esta es un poquito fuerte y desde el punto de vista divulgativo, nunca había estado enfrentado a algo así, incluso todavía me siento extraño”.

Las fotos con el Comandante en Jefe cuelgan en las paredes de la oficina de Durán. (Foto: Juventud Rebelde)

EL HOMBRE DE CARNE Y HUESO

Dicen que ni en los días más complejos de la pandemia en la isla ha dejado de sonreír, al menos se le descubre una risa callada en los ojos. Los que batallan a su lado lo único que jamás han notado en su rostro es esa línea amarga que suele fruncir el ceño, ni tan siquiera cuando ha tenido que llamar la atención por algo.

Durán contagia humildad por los cuatro costados; tanto, que solo advierten los momentos memorables durante su carrera profesional las fotos con el Comandante en Jefe que se cuelgan en las paredes de su oficina o el currículo on line donde se revelan más responsabilidades que los propios méritos. Por eso, tal vez, no alardea del premio Excelencia en el trabajo en Salud que le concedieron en el 2001, el desempeño como asesor del ministro de Salud de Angola mientras cumplía misión en ese país, la asistencia a eventos científicos internacionales…

Lo calla, pese a que la gente ya lo haya concebido como la enciclopedia que es. Y predica a diario con los tres pomos de solución hidroalcohólica que lleva consigo siempre, con la parada obligatoria ante los estudiantes de Medicina que le toman la temperatura en las puertas del Ministerio, con el nasobuco amarrado a la nuca invariablemente.

“Yo me protejo por mi familia y por mí, por las dos cosas, no los voy a engañar. Indiscutiblemente, soy una persona de riesgo; ya tengo 67 años, soy hipertenso, entonces sé que me tengo que cuidar y me cuido. Reitero, primero porque sería un bochorno que yo, que hablo tanto vaya a adquirir la COVID-19 —aunque cualquiera la adquiere— y, segundo, para proteger la salud mía, la de mi familia y la de mis compañeros de trabajo”.

Y vuelve a propagar advertencias para todos. Lo ha recalcado más de una vez: no puede minarnos la confianza ni aun cuando la calma de varias jornadas aparente ser un triunfo sobre la COVID-19. “Es una enfermedad con muchos riesgos para nuestro país y lo digo porque muchas personas te dicen: ‘Bueno, pero si ya en mi provincia no hay casos confirmados hace más de 15 días por qué yo tengo que tener todas estas medidas’.

“Por ejemplo, Sancti Spíritus no tiene casos confirmados desde hace más de 15 días, pero cuando uno ve que se producen eventos en algunos lugares del país, te das cuenta de que todavía hay un nivel de trasmisión de la enfermedad; por lo tanto, el cumplimiento de las medidas que se han indicado es sumamente importante.

En las conferencias, Durán lo ha recalcado más de una vez: no puede minarnos la confianza ni aun cuando la calma de varias jornadas aparente ser un triunfo sobre la COVID-19. (Foto: Gabriel Guerra Bianchini)
“No tenemos duda de que en un momento se logre controlar totalmente —todavía ese momento no ha llegado— y quede como una endemia; o sea, un número de casos que normalmente se produce como nos pasa con las enfermedades respiratorias agudas, las enfermedades diarreicas agudas, que son enfermedades que todos los años se produce un número de casos y se hacen las acciones para su control.

“Quizás, con esta pandemia nos pase eso; por eso, aunque se logre controlar, te das cuenta que muchas medidas van a quedar definitivamente; me estoy refiriendo al lavado de las manos, a la higienización, al uso de desinfectantes, al distanciamiento, que nos van a ayudar mucho para todos los problemas higiénico-epidemiológicos”.

Es en lo único que piensa ahora mismo. Todavía cuando logra recostar la cabeza en la almohada le rondan las cifras, los protocolos, los riesgos latentes. No le ha alcanzado el tiempo, tal vez, ni para advertir que el próximo 4 de junio, cuando celebre su cumpleaños, tendrá que postergar los besos y los abrazos para las hijas y los nietos que tanto adora.

Optimista como es, sabe que el duelo con la COVID-19 pudiera terminar en victoria; sin embargo, el día después a que suceda, cuando ya no tenga que sentarse delante de las cámaras y entrar sin permiso en todos los hogares, todavía no lo ha soñado.

“Ni he tenido tiempo de pensarlo, pero indiscutiblemente descansar. Me gusta mucho la playa y a alguna playa me voy a ir a descansar, aunque generalmente yo salgo poco de vacaciones, a veces por la actividad, pero indiscutiblemente descansar y coger un poco de playa que es lo que más me gusta”.

Y del otro lado de la línea telefónica, la sonrisa se le desborda y contagia. Uno puede imaginárselo: detrás del buró donde sobran papeles subrayados con marca textos y lapiceros, las manos inquietas, la bata blanca cerrada y el nasobuco de rigor; al descubierto únicamente los ojos que te hablan como si estuvieses sentada delante de él, mirándolo.

*Periodista de Radio Vitral

(Tomado del periódico Escambray)

One thought on “Durán, el hombre que asoma en los ojos

  1. Excelente entrevista. Comparto sus comentarios sobre este extraordinario profesional de la salud cubana. Muchas somos las personas que lo esperamos cada mañana para su valiosa información, oportuna y aunque técnica muy fácil enterde por su magistral explicación. Cuento con el orgullo y privilegio de conocerlo y compartido como trabajsdor del IPK. Muchas Felicidades y aún con la situación actual trate de pasarlo si el trabajo y responsabilidad se lo permite en casa, en familia y macanudo. 💞💖👋

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