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Un cóncavo para un convexo evolutivo

Homo sapiens es una especie evolutiva con raíces africanas profundas y con cambios graduales y duraderos en la modernidad conductual, organización cerebral y funcionamiento potencial del cerebro.

Localización de los yacimientos citados. Los materiales arqueológicos hallados en Misliya son casi tan antiguos como los restos de Homo sapiens conocidos hasta la fecha, procedentes de dos yacimientos de Etiopía. Esta convergencia demuestra la velocidad con que nuestros antepasados salieron de África.

Dos importantes descubrimientos ocurridos en meses precedentes han revolucionado concepciones evolutivas acerca de Homo sapiens. El ha­llazgo de un origen más antiguo y pancontinental, y de datos que apun­tan a una dispersión más temprana de la especie, convergen en cam­bios profundos de los conocimientos sobre la humanidad moderna.

Los restos humanos descubiertos en el yacimiento marroquí de Jebel Irhour, presentados en junio de 2017 por la revista Nature, sacudieron las raíces de dos constructos empíricos sobre el origen de Homo sapiens: su antigüedad y la focalización geográfica del linaje surtidor.

Cráneos, maxilares y dientes, de unos 300 mil años (100 mil más que lo estimado hasta ese momento), recuperados en el noroeste de África, son los portadores de dichos datos, cuya precisión fue obtenida mediante el empleo de una nueva metodología: la resonancia paramagnética electrónica y la datación uranio-cromo.

Antes de estas revelaciones de Jebel Irhour, los fósiles de H.sapiens más antiguos descritos, con fechado absoluto, habían sido localizados en los sitios etíopes de Omo Kibish y Herto (195 mil y 160 mil años, según corresponde, datación mediante isótopos radiactivos de argón). El gregario de evidencias arqueológicas concentradas territorialmente y las demostraciones de los estudios genéticos realizados, alimentaron durante décadas la hipótesis de la cuna de la humanidad en el África subsahariana.

Ahora, la idea de una evolución más compleja de la especie humana, extendida a todo el continente africano, es alumbrada por el hallazgo marroquí, como resultado de una investigación que estuvo a cargo de un equipo internacional dirigido por Jean-Jacques Hublin, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Leipzig) y Abdelouahed Ben-Ncer, del Instituto Nacional de Arqueología y Patrimonio (Rabat).

Esta nueva propuesta, que echa por tierra la tesis de la llamada Eva mitocondrial, se columpia entre el escepticismo, el entusiasmo y la duda en la comunidad científica y abre paso a nueva controversia en el universo de la paleoantropología.

Para algunos expertos, los fósiles de Jebel Irhour deben ser categorizados como pre-sapiens; para otros, todos los restos arqueológicos humanos conocidos forman parte de nuestra especie; unos terceros opinan que dichas diferenciaciones clasificatorias carecen de sentido, si se tiene en cuenta que el criterio fundamental de distinción es la capacidad de reproducirse.

Pero cuando todavía las discrepancias en torno a los restos de Marruecos no habían podido hundir suficientemente en sus entresijos, el 25 de enero de 2018 Science publicó un nuevo descubrimiento relacionado con la evolución de Homo sapiens. En la cueva de Misliya, Israel, fueron encontrados los más antiguos fósiles de nuestra especie fuera de África. Estos sugieren que la primera salida de H.sapiens de dicho continente se produjo al menos 60 mil años antes de lo documentado previamente, explica una nota de prensa emitida por el Centro Nacional de Investigación para la Evolución Humana (CENIEH), en Burgos, España.

El trabajo, liderado por Israel Hershkovitz y otros científicos de la Universidad de Tel Aviv (Israel), es resultado de una colaboración entre investigadores procedentes de varias instituciones internacionales de América, Europa, Asia y Oceanía. Entre ellos se encuentran José María Bermúdez de Castro y María Martinón-Torres, del CENIEH, y Juan Luis Arsuaga, del Museo de Evolución Humana (MEH). Los españoles han participado especialmente en la datación de los fósiles y la adscripción de la especie.

“Estamos descubriendo la parte no-africana de nuestra historia más temprana”, declaró María Martinón-Torres, directora del CENIEH. “La nueva revelación de Misliya sitúa la primera migración de la especie humana cerca de los 200 mil años atrás. Hasta ahora, los restos más antiguos de Homo sapiens fuera de África se habían identificado en el Corredor Levantino y en China, y estaban datados entre 80 mil y 120 mil años”, subraya el texto emitido por la institución.

En menos de un año, dos hallazgos contundentes sobre la mal etiquetada especie elegida han sido titulares en el entorno científico y mediático. Ahora no solo somos más viejos, según interpretaciones de los fósiles de Jebel Irhour, sino que también fuimos más precoces de lo que se pensaba para emigrar del continente africano, como indican los restos de Misliya. Algo así como un cóncavo para un convexo evolutivo.

Cerebro grande, pero diferente imagen

Forma del cráneo del yacimiento marroquí, de 300 mil años de antigüedad. Los científicos consideran que representa la fase de evolución más temprana de Homo sapiens.

El punto fundamental de las discrepancias sobre los restos recién datados en el yacimiento de Jebel Irhour gira alrededor de la anatomía de los huesos del cráneo estudiado. Al referirse al cerebro que debió albergar este fósil, Jacques Hublin y Ben-Ncer concluyeron que, efectivamente, es grande, pero su forma es distinta a la de los humanos modernos. En consecuencia, consideran que representan la fase de evolución más temprana de Homo sapiens.

Sobre el tema, diversas opiniones publicadas el siete de junio de 2017 en elpais.com, ofrecen matices de la controversia en curso.

Homo sapiens era hasta ahora la especie sin pasado. Aparecía como de la nada en el registro fósil africano hace 200 mil años”, dijo la paleoantropóloga María Martinón-Torres, también investigadora del University College, de Londres. En su opinión, los fósiles de Jebel Irhoud cubren un vacío bastante importante en el origen de Homo sapiens, “pero son pre-sapiens, hasta que se demuestre lo contrario. Todavía no tienen las características que definen a los humanos modernos, como el cráneo alto y el abombamiento parietal, que sí están presentes en otros ejemplares arcaicos, como los de los yacimientos de Qafzeh (Israel) o incluso el de Herto, (Etiopía).

Con este punto de vista también coincide Juan Luis Arsuaga, codirector del Proyecto Atapuerca. En declaraciones a El Mundo, el paleontólogo expresó:

“Que no sean neandertales, ni antepasados de los neandertales, no quiere decir que ya sean H.sapiens. La clave está en la falta de los rasgos más típicos de nuestra especie, como es una frente vertical bien levantada, una mandíbula con un mentón sobresaliente y bien formado y una cara realmente ‘esculpida’, más excavada por debajo de las órbitas, en el maxilar”, aseveró el científico.

Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona, uno de los mayores expertos mundiales en ADN antiguo, también receló de las conclusiones de Hublin. Y, como buen genetista, cree que el concepto de especie es algo arbitrario.

El hecho de que haya restos parecidos a los primeros Homo sapiens no es incompatible con el hecho de que todas las estimaciones en este campo sigan situando el origen de la diversidad genética actual en unos 200 mil años. El panorama del ser humano en África en los albores de nuestra especie es mucho más complejo de lo que nos habíamos pensado. Probablemente coexistieron formas muy diversas con morfologías más o menos modernas junto con otras más primitivas, y sin duda en todo el continente”.

Por otra parte, el antropólogo británico Chris Stringer y su colega Julia Galway-Witham, del Museo de Historia Natural de Londres, lo tienen claro: “los restos de 300 mil años hallados en el yacimiento de Jebel Irhoud son los fósiles de Homo sapiens más antiguos”.

Según elpais.com, en un artículo de análisis publicado en la revista Nature, Stringer y Galway-Witham animan a revisar las actuales ideas sobre la evolución humana en África”.

Los fósiles de Jebel Irhoud pueden iluminar la evolución de nuestra especie de manera equivalente a cómo los fósiles de neandertales tempranos de la Sima de los Huesos, en Atapuerca, han proporcionado información sobre el desarrollo de los neandertales”, escribieron los autores en Nature. “Hace 430 mil años, al menos 28 niños y adultos quedaron sepultados en una cueva burgalesa. Su ADN muestra un parentesco cercano con los neandertales. Y sus restos han esclarecido la vida de esta especie, prima de los H.sapiens”.

En una entrevista con el periódico El Mundo, José María Bermúdez de Castro, defendió que los fósiles encontrados en Jebel Irhoud no son ni una cosa ni la otra. No tienen un cráneo esférico ni totalmente aplanado. Está a punto de ser como nosotros, entonces ni me parece mal que lo propongan como Homo sapiens ni me parece perfecto. Creo que estamos en el límite con 300 mil años.

“Como en la Sima de los Huesos, de Atapuerca, los cráneos hallados no son de neandertales clásicos, yo no tendría ningún reparo, y mucha gente tampoco, en decir que son neandertales. Homo neanderthalensis atapuerquensis. Una forma primitiva de los neandertales, ¿por qué no? Aquí tendríamos un paralelismo. Se trata de una cuestión de nombres, de semántica, de discusión, de debate científico”.

En defensa de la hipótesis de que los fósiles de Jebel Irhour son H.sapiens, Hublin manifestó, según un texto publicado en BBC Mundo, que estos pueblos antiguos habían empleado herramientas de piedra y habían aprendido a encender y controlar el fuego. “Es por eso que no solo se ven como Homo sapiens, sino que también actuaban como ellos”.

Inequívocamente sapiens

Con este subtítulo la referida nota publicada por el CENIEH ofrece detalles del yacimiento israelí y sobre la participación de los científicos españoles en el estudio.

Al explicar el estado de conservación de los fósiles, el texto argumenta que el techo de la cueva Misliya colapsó hace unos 160 mil años y protegió los restos arqueológicos enterrados en los sedimentos hasta la actualidad.

“La rica evidencia revela que los habitantes de la cueva de Misliya eran cazadores de grandes especies como uros, gamos persas y gacelas, controlaban la producción de fuego en hogares, utilizaban ampliamente las plantas y elaboraban utillaje lítico del Paleolítico medio temprano, empleando sofisticadas técnicas innovadoras, similares a las encontradas con los primeros humanos modernos en África”.

Para determinar la especie a la que pertenece el maxilar de Misliya — apunta — , los investigadores realizaron tanto mediciones antropológicas clásicas del maxilar y los dientes, como análisis mediante tomografía y microtomografía axial computarizada que han permitido estudiar la anatomía interna del fósil y la comparación de su forma mediante reconstrucciones y modelos virtuales en 3D.

La comparación con restos óseos de homínidos africanos, europeos y asiáticos y con poblaciones humanas recientes ha mostrado que este fósil pertenece inequívocamente a un humano moderno arcaico“.

Con el objetivo de determinar su edad — precisa el texto — , se realizó la datación directa de un diente del maxilar mediante los métodos de Series de (U-Th) y Resonancia Paramagnética Electrónica (más conocido por su acrónimo en inglés, ESR). Parte de este trabajo se llevó a cabo en los laboratorios del CENIEH por el geocronólogo Mathieu Duval.

“Para conseguir una datación fiable, se ha tenido que desarrollar un protocolo especial que permitiera limitar el aspecto destructivo del método, similar a lo utilizado recientemente para datar los restos de Homo naledi, en Suráfrica”, explica Duval.

La importancia de este trabajo, en el que han participado varios miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), permite posicionar al grupo científico español en la vanguardia de los estudios sobre evolución humana, particularmente en materia de paleoantropología y datación de los asentamientos prehistóricos del circunmediterráneo”.

Jebel Irhoud y Misliya, los dos grandes hallazgos del último medio año, revelan, sin dudas, nuevas dimensiones acerca de la antigüedad y dispersión de Homo sapiens, aunque a la luz de estos frescos aciertos algunos como Juan Luis Arsuaga consideren que el maxilar israelí es el representante del H.sapiens más antiguo del registro fósil en cuanto a cronología, porque es el más completo con anatomía actual, y para otros el cráneo marroquí sea el humano moderno de más edad.

Para corroborar esta última apuesta, el pasado 29 de enero, Science Advances publicó los resultados de un estudio realizado por investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig, que revela “nuevos y sorprendentes hallazgos sobre la evolución cerebral de nuestra especie”, según reseña National Geographic.

“El paleoantropólogo Simon Neubauer y sus colegas han documentado un cambio gradual en Homo sapiens, desde una forma alargada del endocráneo hasta una más globular. Solo los fósiles con fechas más recientes a 35 mil años de antigüedad muestran similar forma globular que la de los humanos modernos, lo que sugiere que la organización del cerebro moderno evolucionó en algún momento hace entre 100 mil y 35 mil años.

Esta conclusión, que apunta a los fósiles de Jebel Irhour, además del cráneo de Florisbad (Sudáfrica), de unos 259 mil años de antigüedad, y los restos del sitio arqueológico de Omo Kibish, acredita la fase evolutiva temprana del Homo sapiens en el continente africano.

Ya sabíamos — expresó Neubauer — que la forma del cerebro debió de evolucionar en nuestra propia especie, pero nos ha sorprendido descubrir lo recientemente que ocurrieron esos cambios en la organización cerebral.

Según la revista citada, los nuevos hallazgos concuerdan con los estudios genéticos recientes que muestran cambios en genes relacionados con el desarrollo cerebral en nuestro linaje desde que la población se dividió en Homo sapiens y neandertales. Además, añaden evidencias arqueológicas y paleoantropológicas que demuestran que el Homo sapiens es una especie evolutiva con raíces africanas profundas y con cambios graduales y duraderos en la modernidad conductual, organización cerebral y funcionamiento potencial del cerebro. (Publicado en Juventud Técnica)

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